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La Corte Mundial Anticorrupción

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El Juez estadounidense Mark Wolf lanzó una propuesta con la que estoy plenamente de acuerdo; de acuerdo en cuanto a su inspiración. En un reciente artículo publicado en el Washington Post, el Magistrado planteó la necesidad de combatir a la corrupción mediante la creación de una Corte Penal Anticorrupción.

Desde luego, como dije, no puedo estar más de acuerdo con propuestas dirigidas a combatir la corrupción en grande. El asunto estriba en determinar si la propuesta es, en sí, viable o no lo es.

Cuando se hace un planteamiento semejante, la idea es castigar los actos de corrupción a nivel de Estado. Es decir, no solamente atrapar a algunos pilluelos que les gusta vender la función pública, sino perseguir a los peces gordos, a los grandes jefes que están detrás de todo, en buena cuenta cuando la corrupción es un acto implementado como sistema hasta los más altos niveles de gobierno.

Siendo ello así, la premisa de la que se parte es que si las más altas esferas están inspiradas en la corrupción, no puede sensatamente pensarse que va a existir un Poder Judicial independiente con la intención de juzgar los actos criminales de esa estirpe. Claro, como la gran mayoría de estos corruptos de peso pesado son dictadores, se supone que controlan – dentro de su país – todo el poder siendo los demás funcionarios sirvientes genuflexos; incapaces de tocar al jefe.Por eso es que se propone juzgarlos «desde afuera».

La Corte Penal Internacional funciona bajo el esquema indicado. Sin embargo su viabilidad y eficacia está cuestionada porque, el que se supone que es el paladín justiciero mundial (o sea Estados Unidos), no ha apoyado para nada a la Corte. Con ello, la Corte Penal Internacional ha quedado bastante debilitada. Por más que el entusiasmo de Martín Wolf nos lleve a suponer que – posiblemente – su país de origen apoyaría, esta vez sí, la propuesta mundial anticorrupción, nada nos garantiza que ello inequívocamente sucederá. Pero, bajo la hipótesis de darse esa posibilidad, habría que preguntarse si los otros dos grandazos (léase Rusia y China) estarían de acuerdo, cosa que yo dudo porque tienen serios cuestionamientos precisamente de esa índole.

Además creo que existe un gran inconveniente de cariz, digamos, operativo. Cuando un régimen corrupto de esas dimensiones está en todo su esplendor es muy difícil, sino imposible, atrapar al gran jefe y a sus secuaces mas pesados. Esto porque se supone que al igual que ocurre con todos los poderes del Estado, las Fuerzas Armadas también apoyarían al tirano de turno; ¿ habría que esperar entonces a que el régimen se debilite e intervenir?

Para salvar conyunturas difíciles como la expuesta, soy más partidario de la primacía del principio de Justicia Universal para delitos como estos que interesan a toda la humanidad.

Por supuesto que siempre habrá inconvenientes como el sostener por ejemplo que el dictador ya debilitado podría irse a refugiar a un país amigo de los que siempre existen y recibir una condena benigna que además le permita vivir cómodamente.

Creo mucho más en la prevención, en fortalecer la rendición de cuentas como principio de transparencia universal, aspecto que debería ser escrutado e impulsado en espacios que todos han aceptado como la Naciones Unidas, para que este organismo sea realmente vinculante y poderoso en toda su extensión.

No obstante si es casi imposible ponerse de acuerdo en temas que son totales como la lucha contra la contaminación ambiental, no me imagino como sería arribar a consenso para, por ejemplo, fiscalizar a un gobierno cuestionable.

No obstante las buenas intenciones, como la de Martin Wolf, me temo que mucho de la viabilidad de figuras como estas dependerán de una tragedia que implica el esperar. Esperar porque el crimen no paga y no hay crimen perfecto, pero confiando en que todo esté listo (toda la Ley, todo el sistema) para castigar a los grandes ladrones. Esperar a que termine la lluvia y salga el sol.

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