El régimen laboral de los futbolistas profesionales | Andrea Tavares

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Escrito por Andrea Tavares

Aunque parezca extraño dotar de la condición de “trabajador” a los futbolistas profesionales, desde hace varios años en la doctrina se ha aceptado pacíficamente esta tesis, en tanto la relación que mantienen con los clubes deportivos está dotada de los tres elementos esenciales de toda relación laboral del régimen privado: prestación personal, subordinada y remunerada (Neves Mujica, 2016 p. 33-40).

En ese sentido, respecto al primer elemento, es claro que existe una prestación personal por parte del futbolista profesional –hasta se podría hablar de personalísimo –, toda vez que resultaría descabellado contratar a un jugador de futbol profesional por sus habilidades para que sea otro quien efectivice el servicio, ello podría conllevar hasta a una sanción. Respecto al segundo elemento, el poder de dirección de los clubes deportivos es evidente, estos llegan incluso a incidir sobre la vida personal del jugador, quien está sujeto a reglas estrictas de comportamiento. Por último, el tercer elemento también se encuentra presente en este tipo de relaciones, basta con observar los millonarios sueldos que se otorgan a los futbolistas profesionales en las grandes ligas europeas para comprender que hay una remuneración de por medio (Pasco Cosmópolis, 1990 p. 4).

En el caso peruano, para reafirmar lo anterior, la Ley N° 26566, “Ley sobre el Régimen Laboral de los Jugadores de Futbol Profesional”, dispone en su primer artículo que la relación laboral de los futbolistas profesionales con los clubes deportivos se encuentra sujeta a las normas laborales que rigen la actividad privada; esto es, en primera instancia, al Texto Único Ordenado – TUO del Decreto Legislativo N° 728, Ley de Productividad y Competitividad Laboral (en adelante, “LPCL”). Dicha relación, sin embargo, no está exenta de características particulares, propias de la naturaleza de la actividad que desempeñan los futbolistas profesionales.

De este modo, podemos encontrar algunos derechos otorgados a los futbolistas profesionales propios de cualquier otro trabajador. Así, tendrán derecho al pago de una remuneración, a las gratificaciones legales correspondientes, al descanso semanal obligatorio de forma continua e ininterrumpida, vacaciones conforme a la naturaleza del contrato –30 días según el Decreto Legislativo 713–,  derecho a acceder a la seguridad social en el régimen de prestaciones de salud y pensiones, sea el Sistema Nacional de Pensiones o en el Sistema Privado de Pensiones –según la Ley N° 26566– para lo cual el empleador debe realizar las respectivas retenciones de ley, e incluso gozarán de derechos colectivos, pudiendo ejercer actividad sindical, negociaciones colectivas o declararse en huelga[1].

Sin perjuicio de lo anterior, los futbolistas profesionales mantendrán otros beneficios que no les son reconocidos a los trabajadores del régimen privado. De esta forma, pueden percibir pagos extraordinarios por campeonatos obtenidos o partidos ganados (“premios”), establecer condiciones respecto a explotación comercial de su imagen, obtener una participación sobre los derechos de su transferencia, entre otros.

Además, mientras la LPCL en su artículo cuatro dispone la presunción de existencia de contratos a plazo indeterminado, la regla en el régimen laboral de los futbolistas profesionales es la celebración de contratos a plazo fijo, ya sea que las partes establezcan la contratación por un determinado tiempo o dispongan un número de actuaciones deportivas que sean claramente determinables o identificables. Lo anterior se debe a que sería desventajoso para un club deportivo mantener indefinidamente a sus jugadores y, a la vez, sería perjudicial para estos últimos celebrar contratos que no le permitan cambiarse de equipo a medida que van mejorando sus condiciones físicas. Cabe precisar que los futbolistas profesionales son de los pocos trabajadores –por no decir los únicos– que se encuentran sometidos a penalidades en caso decidan rescindir su contrato con el club deportivo antes de cumplir el plazo estipulado en este.

De igual manera, las jornadas de trabajo a las que se encuentran sujetos los futbolistas tienen cierta singularidad. Así, aun cuando se encuentren sujetos al régimen de la actividad privada y, por tanto, corresponde que su jornada ordinaria de trabajo no exceda de 8 horas diarias o 48 horas semanales, existen excepciones. A modo de ejemplo, podemos mencionar las concentraciones de equipo realizadas antes de los partidos, algunas de las cuales pueden extenderse hasta por 72 horas previas al día del encuentro a disputar.

Aunado a lo anterior, en caso se generen disputas de índole laboral entre los clubes deportivos y los futbolistas profesionales, estos sólo podrán acudir a la Cámara de Conciliación y Resolución de Disputas de la Federación Peruana de Fútbol (en adelante, “CCRD”), más no a la jurisdicción ordinaria, según lo dispuesto por el artículo 13[2] del Estatuto de la Federación Peruana de Futbol (en adelante, “FPF”) y el artículo 3[3] del T.U.O. del Reglamento Interno de la CCRD. Lo que no dejar de generar dudas sobre una eventual afectación del derecho a la tutela jurisdiccional efectiva de los implicados.

Por otro lado, entre las obligaciones de los futbolistas profesionales se encuentran las de realizar la actividad deportiva para la que se le contrató, concurrir a las prácticas de entrenamiento en el lugar y a la hora señalada por el club, concentrarse para las competencias cuando sea requerido, efectuar los viajes para intervenir en las competiciones de conformidad con las disposiciones del club deportivo, someterse a la disciplina de su empleador y acatar sus instrucciones, guardar en su vida privada un comportamiento compatible con el mantenimiento del eficiente estado físico y mental, entre otras obligaciones que se establezcan en el contrato.

Cabe agregar que los futbolistas profesionales y los clubes deportivos se encuentran sometidos tanto a la normativa nacional –tal como la dispuesta por la FPF o, en materia de convenios colectivos, al “Estatuto del Jugador”– como a la normativa internacional emitida por organismos privados como la FIFA o la CONMEBOL –tal como el Reglamento sobre el Estatuto y Transferencia de Jugadores–. Por ello, se pueden suscitar controversias ante una eventual contradicción entre un grupo normativo y otro.

Ahora bien, habiendo expuesto las a grandes rasgos las particulares de la relación laboral que mantienen los futbolistas profesionales con los clubes deportivos, cabe preguntarse ¿se trata de un régimen especial? Desde mi perspectiva, evidentemente se trataría de uno especial, en tanto no puede sujetarse en estricto al régimen general dispuesto por la LPCP. Aunque la Constitución Política del Perú disponga como principio y derecho fundamental la igualdad ante la ley, ello no significa que no puedan realizarse distinciones entre situaciones de hecho diferentes, siempre que existan razones objetivas, válidas y legítimas. Siendo que, en el presente caso, se configura dicho supuesto.

Bibliografía

Arce, E. (2005). El futbolista profesional y sus derechos laborales. ARA Editores.

Ermida, O. (1990). La doctrina laboral uruguaya sobre el futbolista profesional. Análisis Labora Futbol y Derecho, (14), 6-7.

Neves, J. (2018). Introducción al derecho del trabajo. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.


Andrea Tavares. Practicante del área laboral en Viera Abogados.

Imagen obtenida de https://bit.ly/3fRPOGU

[1]Constitución Política del Perú

“Artículo 28: Derechos colectivos del trabajador. Derecho de sindicación, negociación colectiva y derecho de huelga”.

[2] “Artículo 13.- Admisión

(…) d) mientras mantenga su afiliación, una declaración en la que la solución de conflictos que surjan con motivo de la aplicación, interpretación, ejecución y cumplimiento de los estatutos, reglamentos y directivas de la FIFA, CONMEBOL y la FPF, y en definitiva ante cualquier disputa, acción o reclamo de naturaleza deportiva y/o económica, renuncia expresa y voluntariamente a hacer valer sus pretensiones ante la jurisdicción ordinaria, debiéndose someter las mismas ante los órganos jurisdiccionales, Comisión Disciplinaria, Comisión de Apelación y/o la Cámara de Conciliación y Resolución de Disputas de la FPF, según corresponda de acuerdo a cada pretensión, salvo disposición expresa; (…)”

[3]Artículo 3

La Cámara de Conciliación y Resolución de Disputas de la Federación Peruana de Fútbol tiene competencia para conocer las controversias y discrepancias que se susciten en las relaciones contractuales entre los Clubes Profesionales de Fútbol y entre éstos y los futbolistas profesionales, así como de las que por disposición del Directorio de la Federación Peruana de Fútbol le corresponda conocer”.

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