El cosplay y el derecho de autor | Melissa Costa Espejo

625
0
Compartir

Escrito por Melissa Costa Espejo, Asociada Senior del Área de Propiedad Intelectual del Estudio Muñiz

Para poder iniciar y desarrollar el tema que nos ocupa debemos entender el origen y el significado de la palabra cosplay. La palabra cosplay procede de la expresión costume play, que puede traducirse como “juego de disfraz”. Sobre ello, las personas que realizan la actividad del cosplay son conocidos como cosplayers, y usan disfraces, accesorios y trajes que representan un personaje específico o una idea. Los practicantes del cosplay a menudo interactúan para crear una subcultura centrada en la interpretación de roles.

Los cosplayers son fanáticos de un personaje y disfrutan de caracterizarse para parecerse a su personaje favorito. Sin embargo, el fanatismo puede llevarlos a desconocer las posibles implicancias legales que podría tener usar un diseño para el cual no tienen derecho.

Cabe destacar que las ideas como tal no pueden ser materia de protección desde el punto de vista de derecho de autor, sin embargo, cuando las ideas se materializan en un personaje el cual tiene características particulares y originales, ello si es materia de protección y, por tanto, el autor es quien debe autorizar el uso de su personaje.

En el caso del cosplay, considero que existen dos puntos importantes a tratar y que se encuentran estrechamente vinculados. Cuando hablamos de disfraces nos referimos a los diseños que como tal pueden ser considerados como obras de arte aplicado y por tanto son sujetos de protección de la ley de derecho de autor. Otro punto importante, son las marcas registradas, las cuales usualmente se observan en los disfraces y vestimentas características de los personajes de ficción. Por ejemplo, podría ser materia de protección marcaria la letra “S” característica que observamos en el disfraz de Superman. Asimismo, las dos pueden confluir y ser materia de protección por ambas normatividades, por ejemplo, el escudo de Gryffindor que observamos en la toga de Harry Potter puede ser una obra de protección de derecho de autor por el dibujo que se observa en él y a su vez también podría ser una marca mixta.

Los aspectos importantes a destacar de los personajes que son materia de imitación por los cosplayers son la vestimenta y las características propias del personaje. Consideramos que las simples imitaciones aisladas sin contar con elementos característicos de un personaje no son como tal una acción cosplay y mucho menos podría considerarse que se estaría atentando contra la autoría de los creadores del personaje.

Consideramos que los personajes creados por un autor de una obra de audiovisual o literaria, pueden reunir determinadas características que le permiten individualizar y crear así características propias que son únicas de dicho personaje. Por ejemplo, Harry Potter, es un personaje cuya apariencia física y objetos que usa lo hacen único. No podría ser considerada una acción de cosplay si una persona se viste con una toga, usa lentes redondos y tiene una varita en la mano, sin embargo, si a dichas características le sumamos la forma de hablar del personaje y la cicatriz característica del personaje narrado en el libro, la probabilidad de violación aumenta.

Asimismo, es usual que los personajes de ficción tengan características propias en su vestimenta como logotipos, colores, diseños, los cuales le otorgan mayores elementos de identificación al personaje y que, por tanto, otorgan la originalidad que es requerida para que un personaje pueda ser considerado como un sujeto de protección.

Las posibles vulneraciones a los derechos de autor de los creadores de los personajes se producen cuando se confeccionan los disfraces sin contar con la autorización de los titulares de los derechos y estos son comercializados sin tener licencia para dicha acción. En el caso de los personajes de películas, es usual que los autores cedan los derechos patrimoniales que recaen sobre sus personajes a las casas productoras de las obras audiovisuales y son estas empresas las que explotan los derechos de los personajes que forman parte de las películas. Es por ello, que son estas empresas quienes deben autorizar a los fabricantes de los disfraces para que estos produzcan los atuendos y sean comercializados. En otras palabras, se debería contar con la autorización para crear un disfraz que busca representar de manera idéntica al personaje de nuestra preferencia.

Sin perjuicio de lo antes señalado, consideramos que no podemos ser del todo restrictivos frente a una iniciativa de querer imitar a un personaje del cual somos fanáticos. Somos de la opinión que podemos confeccionar y caracterizarnos como nuestros personajes favoritos siempre que dicha confección o caracterización no persiga ningún fin comercial.

En otras palabras, sería utópico pensar que cada persona que va a realizar una caracterización de su personaje favorita tenga que solicitar la autorización de sus creadores o de las personas que cuenten con los derechos para autorizar la explotación de una obra. Es por ello, que el Decreto Legislativo N° 822, Ley de Derecho de Autor, contempla supuestos de excepciones y limitaciones al derecho de explotación de los autores. En su artículo 41 inciso a) precisa que las obras protegidas podrán ser comunicadas lícitamente, sin necesidad de la autorización del autor ni el pago de remuneración alguna cuando ésta se realice en un ámbito exclusivamente doméstico y siempre que no exista un interés económico, directo o indirecto y que la comunicación no fuere deliberadamente propalada al exterior, en todo o en parte, por cualquier medio.

Por lo tanto, es legal el uso de un disfraz que busque imitar a un personaje que se encuentre protegido por la Ley de Derecho de Autor siempre que dicho uso se desarrolle dentro del ámbito doméstico de la persona y que el mismo no tenga fines de lucro.

En virtud de la norma citada, considero que el cosplayer como tal, es decir, la persona que busca recrear a un personaje por el fanatismo que tiene sobre el no genera una infracción al derecho de autor. Quien podría generar una infracción al derecho de autor sería la empresa o comercio que vende los disfraces de los personajes y que no cuenta con los derechos para poder confeccionar y comercializar las prendas. Por tanto, considero que los cosplayers pueden sentirse tranquilos siempre y cuando su finalidad al caracterizarse como los personajes sea únicamente la de imitar y sentirse como sus personajes favoritos.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here