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Ronald Dworkin in memorian (1931 – 2013)

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El día de ayer falleció Ronald Dworkin ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya sobre su obra? Su aporte principal a la teoría jurídica contemporánea, como reconocen todos, es haber puesto en el corazón del debate jurídico el recurso a los principios. Para Dworkin el sistema jurídico, a diferencia de lo que sostenía Hart, por ejemplo, no se halla compuesto sólo por reglas sino, y esencialmente, por principios. Los principios son el tipo de normas que introducen, por su vaguedad y ambigüedad, la reflexión moral en la comprensión y aplicación del Derecho.

Dworkin nació en los Estados Unidos donde estudio en la Universidad de Harvard y se desempeñó como Clerk (nuestro equivalente a asesor del TC) del famosísimo juez Learned Hand. Tras su paso por el despacho del juez Hand, y tras haber rechazado una oferta para continuar como Clerk, esta vez del juez Félix Frankfurter, ejerció como abogado de una firma en Nueva York. Se aburrió pronto ahí y se dedicó con mucha potencia a la investigación y la docencia en la Universidad de Oxford donde, paradojas de la vida, su gran rival Herbert Hart, lo promovió como su sucesor en la cátedra que detentaba hasta el día de su retiro.

El libro que lo hizo conocido en Iberoamérica fue Los derechos en serio. En este libro sostuvo su famosa tesis de que el sistema jurídico no se compone sólo de reglas, sino también de principios. Los principios son aquel tipo de normas que poseen un contenido valorativo, moral que sólo puede ser identificado mediante un proceso interpretativo que aspire a reconocer la mejor teoría posible para explicar ese ordenamiento jurídico donde, precisamente, los principios se inscriben. También son importantes sus aportes sobre igualitarismo político, acciones afirmativas, dignidad humana o, más recientemente, sobre democracia política donde sostiene que el poder no puede ser ejercido en un contexto donde no se ponga en el centro del debate político, como una aspiración a alcanzar, siempre, la protección más amplia de los derechos fundamentales.

Dworkin no vino nunca al Perú, aunque sí a Brasil y a Argentina. De hecho, hace poco la Universidad de Buenos Aires le concedió su Doctorado Honoris Causa, en la que debe haber sido la última conferencia que diera en vida. Como lo recuerda Juan José Moreso, Dworkin se fue, y con el muchas de sus punzantes y provocadoras ideas, pero su legado, vastísimo de por sí, lo sobrevivirá por muchas décadas. Sus herederos en países como los nuestros aún están por venir.

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