Reflexiones sobre la corrupción y el caso Odebrecht

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A lo largo de la historia del Perú y de toda América Latina, es inevitable establecer un inquebrantable lazo entre Política, Estado y Corrupción, a tal punto que pareciera haberse normalizado el ejercicio de tales prácticas, o que las mismas se han incorporado indisolublemente al quehacer diario de nuestras naciones. “En la historia de las zonas menos desarrolladas del mundo, la ubicua Corrupción de la Administración Pública ha sido soslayada, tildándosela de constante cultural o legado institucionalmente inevitable”[1].

Tantas veces se ha sido testigo de destapes acerca de condenables actos de Corrupción, y otras tantas no ha sido posible evitar aquella amarga sensación de que, a pesar de que nada se pudo comprobar –muchas veces tras sendas investigaciones judiciales prontamente archivadas, o realizadas por el Parlamento sin resultados satisfactorios–, de todos modos parecía esconderse algo más. Hemos tenido que soportar aquella conocida impresión de que hay más detrás de lo que podemos ver, más que aquello que nos muestran.

Respecto de nuestro contexto, sólo en la década pasada se podía evidenciar claramente el alcance de este fenómeno, el cual logró enquistarse una vez más en las altas esferas de poder. Así tenemos que, conforme a lo señalado por la Iniciativa Nacional AntiCorrupción (INA), el centro de la Corrupción se había trasladado “(…) del ámbito administrativo-institucional (Corrupción sistemática) al núcleo del poder político, de manera que las iniciativas delincuenciales provinieron desde el mismo centro de poder del Estado, a través del Ejecutivo y los servicios de inteligencia (Corrupción sistémica)”[2].

De esa manera llegamos al punto neurálgico del presente Editorial: las recientes semanas se han visto plagadas de anuncios y diversas medidas –a la luz de los hechos que día a día se van revelando–, todas ellas directamente relacionadas con el modo como ha venido realizando sus actividades la transnacional de origen brasileño: Odebrecht.

EL FLAGELO DE LA CORRUPCIÓN Y SU ALCANCE

Delitos como los fraudes, estafas, prevaricato, tráfico de influencias, entre otros, se encuentran dentro de una misma categoría: Corrupción. Este último es uno de los males más grandes que aquejan al sistema socio-económico. Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, “el soborno tiene un costo anual de entre USD 1,5 billones y USD 2 billones (alrededor del 2% del PIB mundial). El costo económico y social podría ser incluso mayor”[3] (énfasis agregado).

Lo importante de estudiar y analizar la Corrupción es que así se pueden, eventualmente, comenzar a responder a las preguntas que quedan en el aire, y en el camino se puede también comprender que ésta “constituye, en realidad, un fenómeno amplio y variado, que comprende actividades públicas y privadas. No se trata tan solo del tosco saqueo de fondos públicos por parte de unos funcionarios corruptos como usualmente se asume”[4].

La Corrupción ha logrado tener presencia no solo en la esfera pública, sino también en la privada, como efecto de la globalización y la competencia de los mercados[5]; de esa manera, el problema ha ido acrecentándose cada vez más, lo cual se refleja en la desigualdad de oportunidades, ya que pocos se benefician a expensas de muchos. Esta última afirmación está estrechamente relacionada con el modo en el que la corruptela logra incluso secuestrar el poder político, o cómo lo instrumentaliza en pos del “abuso de los recursos públicos para así beneficiar a unas cuantas personas o grupos, a costa del progreso general, público e institucional”[6].

EL CASO ODEBRECHT

No pretendemos hacer énfasis en los señalados como responsables, ni recordar que muchas de las potenciales condenas penales seguramente habrán de recaer sobre ex-altos funcionarios del Estado. La Corrupción se puede caracterizar como “la pérdida de compromiso con el  bienestar colectivo que emerge a partir de órdenes sociales que se caracterizan por una desigualdad sistemática de riqueza, poder y status”[7], y por lo tanto no es realmente sorprendente que vayan a rodar las cabezas de aquellos que ostentaban altos cargos de dirección en el Gobierno.

Las investigaciones en curso y las declaraciones de diversos implicados –quienes han aceptado disímiles grados de responsabilidad–, han dejado en claro que la transnacional brasileña incurrió sistemáticamente en prácticas ilegales a la hora de lograr las concesiones de infraestructura –de gran magnitud– en cada uno de los países en los cuales tenía presencia. Las sanciones no han tardado en llegar, pero quizá lo más preocupante sea que su modus operandi ha trascendido a más de un Gobierno a lo largo de todo el continente, e incluso en remotas latitudes como el África.

Para no repetir lo que ya se ha dicho, creemos que la atención debe centrarse en cómo éste fenómeno afecta a todos, en cómo los ciudadanos de a pie deberían interesarse un poco más (quizá mucho más) en que mecanismos de accountability sean implementados, pero sobre todo que sean efectivos. Se debe enfocar aún más la lucha anticorrupción, y no dejar de soñar con desterrarla.

Si se quiere sólo una muestra de cómo la Corrupción afecta directamente el progreso[8] y bienestar general, entonces basta notar que la construcción de una obra de la magnitud del Gasoducto Sur Peruano está detenida: la negativa de Odebrecht, de deshacerse de su participación en el Consorcio encargado de su construcción, determinó que no se pudiera lograr el financiamiento necesario para llevar a cabo la obra. El proceso para reanudarla será largo y tedioso, con una necesaria nueva licitación[9].

Aunque algunos celebren que se ha logrado una histórica ejecución de las garantías de fiel cumplimiento, por lo que el Consorcio Gasoducto Sur Peruano S.A. ha detenido que girar dos cheques por un monto que –en conjunto– ascienden a 262 millones de dólares, la realidad demostrará que dicho monto no va a subsanar el retraso en la construcción y la pérdida de oportunidades comerciales y de desarrollo para los habitantes de las zonas originalmente designadas para el paso del Gasoducto.

De hecho, como parte del replanteamiento de la obra, se han escuchado pronunciamientos a favor de que dicho ducto pase por la Costa, y ya no por el trazo originalmente designado. Ello implicaría que otras localidades que inicialmente debían beneficiarse por esta obra de infraestructura se vean relegadas. Y es que la Corrupción no sólo debilita el Estado, no sólo mina la confianza de la población en sus autoridades, sino que nos afecta a todos.

CORRUPCIÓN Y PERCEPCIÓN: SI ROBA Y HACE OBRA, ¿ESTÁ TODO BIEN?

La Corrupción está ahí, se la percibe cada día y queda siempre en el aire la pregunta de cómo afrontar el problema. No se trata de hilvanar teorías conspirativas ni mucho menos, pero este país ha sufrido durante tanto tiempo el flagelo de la Corrupción en la mayoría de sus instituciones, que pareciera ser a ratos que ya no se le guarda demasiada fe, que el cambio es un sueño demasiado lejano.

Con cada nuevo hecho puesto al descubierto, la sorpresa no va en aumento, y ya ni siquiera nos inmutamos cuando nos cuentan qué sucedió. ¿Hemos asumido acaso que este es el estándar y que no se puede estar mejor? ¿Ha calado tan profundamente en nuestra psique el infame “roba, pero hace obra”?

Recientemente, se ha publicado el Índice de Percepción de la Corrupción y, en América, casi todos los países están por debajo de la puntuación de 50, lo cual significa que probablemente muchos de los gobiernos están fallando en la lucha contra la Corrupción[10].

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Fuente de imagen: Transparency International.

Perú se encuentra en el puesto 101, con una puntuación de 35; con una clara tendencia a seguir disminuyendo, pues dicha puntuación ha ido bajando más y más en los últimos años.

Puesto 2016

País Puntaje 2016 Puntaje 2015 Puntaje 2014 Puntaje 2013

Puntaje 2012

101 Perú 35 36 38 38 38

Fuente: Transparency International.

Las estadísticas son el reflejo no solo de la poca confianza que los ciudadanos le tienen a su respectivo aparato estatal, sino también, del poco interés que existe por realizar transformaciones estructurales. Muchos prefieren no opinar sobre política porque consideran que su opinión no va a afectar el resultado final de las cosas, pero es necesario empezar a cuestionarse, y comprender que el desinterés sólo genera que la Corrupción siga expandiéndose.

Si podemos rescatar al menos un aspecto positivo dentro del mar de cosas que van mal, sería que cuando acontecen hechos llamativos como los de Caso Odebrecht, en los cuales se descubre que la red de Corrupción actúa a gran escala y afecta negativamente a nuestro país, entonces surge la esperanza de que la gente empiece a tomar mayor interés: respecto de lo que ocurre con las gestiones realizadas por cada autoridad, de lo que ocurre en general con el país.

No esperemos que el edificio se desmorone sobre nosotros, cuando las señales de alerta siempre estuvieron presentes y no quisimos prestar atención. La lucha contra la Corrupción es de todos nosotros, se trata únicamente de prestar más atención.


[1]   QUIROZ, Alfonso. “Historia de la Corrupción en el Perú”. 2da ed. Lima, IEP; 2013, p. 29.

[2] Documentos de Trabajo. “Un Perú sin corrupción”. Lima: INA: MINJUS. 2001. P.5. Citado en, RIVERA PAZ, Carlos. “Sin política de Estado no hay lucha contra la corrupción”. Lima, Themis, N° 57, 2009, p. 127.

[3] FONDO MONETARIO INTERNACIONAL. “Según un documento del FMI, la lucha contra la corrupción es crucial para lograr el crecimiento y la estabilidad macroeconómica”. En Artículos de Actualidad. Consulta: 25 de enero de 2017. Disponible en:  http://www.imf.org/es/news/articles/2015/09/28/04/53/sores051116a

[4]  QUIROZ, op.cit., p. 30.

[5] MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, José Antonio. “El Derecho Internacional ante la corrupción”. Criminología de la Corrupción Urbanística y Prevaricación Funcional. Barcelona: J.M. Bosch Editor, 2015, p. 53.

[6]  QUIROZ, op.cit., p. 30.

[7]  CARASSALE, Santiago. “Corrupción”. Madrid, Eunomía, Revista en Cultura de la Legalidad, N° 4, 2013, p. 173.

[8] Para algunos economistas, “la corrupción es mala para la actividad económica, porque pervierte el mecanismo de precios del mercado y en consecuencia produce una mala asignación de recursos, que se traducen en un menor crecimiento del producto; la prueba es la experiencia de la mayor parte de los países subdesarrollados.” En: BERNALDO DE QUIRÓZ, Lorenzo. “Estado, economía y corrupción”. Lima, Themis, N° 38, 1998, p. 261.

[9] Esta podría demorar entre 12 y 15 meses de acuerdo a lo señalado por analistas del sector, entre los cuales surge la voz disonante de algunos que señalan que todo el proyecto debería rediseñarse. Al respecto revisar: http://elcomercio.pe/movil/economia/peru/gasoducto-sur-peruano-que-puede-pasar-proyecto-noticia-1962544

[10] EBRARD, Jessica. Americas: Sometimes bad news is good news. En Transparency International. Consulta: 25 de enero de 2017. “Anything below 50 indicates governments are failing to tackle corruption”. https://www.transparency.org/news/feature/americas_sometimes_bad_news_is_good_news

FUENTE DE IMAGEN: http://admin.myrepublica.com/media/k2/items/cache/072903155f57efee825224fd2ff79bff_L.jpg

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