¿Puede Arguedas ir a Yale Law School? ¿O ha vivido en vano? Una respuesta a Fabio Núñez del Prado | Renato Constantino

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He leído el artículo “Yale Law School y el poder de las ideas: disordering the world and moving the furniture | Hacia una reforma en la educación en las Facultades de Derecho del Perú” de Fabio Núñez del Prado como siempre me acerco a los textos de los liberales de derecha en el Perú: con cautela porque, a veces, la disrupción por la disrupción suele ser la regla.

Pero siempre los termino leyendo. Y vi que había muchas frases para asombrar y sorprender. Evidentemente, hay cosas que comparto. Hay mucho que cambiar en la academia jurídica peruana. Creo que hay poco espacio para la interdisciplinariedad y, en varios casos, se toma la crítica como ofensa. Pero hay una idea detrás de todo que no puedo aceptar: “Yale is a world of ideas” y, en cambio, en el Perú “contamos con grandes importadores de ideas” y por tanto “estamos condenados a la mediocridad”.

Yo vengo a decir lo contrario. 

Yo me fui a Washington DC a hacer mi maestría en Derecho Internacional en American University Washington College of Law. Me emocionaba ir a estudiar con una plana docente llena de ex miembros de la CIDH y antiguos relatores de Naciones Unidas. Era uno de los pocos programas con un curso sobre discapacidad, con alguien que era un experto en atender personas con discapacidad intelectual y psicosocial. También estaba la abogada del caso Atala Riffo. Era un lugar altamente estimulante, desde lo académico y lo práctico.

Y en una de mis primeras clases, nos tocaba leer el caso La Tablada de la CIDH. Yo ya lo había leído en la Facultad de Derecho. Y recordaba bien por qué ese caso estaba mal. Así que cuando Robert Goldman preguntó los hechos del caso, los pude relatar. Y cuando me preguntó mi opinión, le dije que el caso había sido resuelto mal. Y él me dijo “eso me dijo mucha gente cuando hice esa resolución”. Él había escrito la decisión. Y empezó a explicar su posición, sin animadversión, casi sonriendo.

Todo el camino a casa (que era largo) pensé en ese intercambio. Nadie me había planteado la otra postura antes. Podía recordar muy bien las clases donde había oído sobre el caso Tablada. Pero era como si ese conocimiento no valiese igual acá. Eso fue algo que me tocó mucho. Me recordaba a algo que había leído de Arguedas. En una famosa Mesa organizada por el Instituto de Estudios Peruanos, Salazar Bondy plantea que los relatos de Arguedas no pueden constituir “sociología”. Y entonces, el maestro Arguedas contesta:

Ahora cuando Sebastián dice que es una novela sociológicamente, no me acuerdo qué términos usaste tú. Que no es un testimonio. Bueno, ¡diablos! Si no es un testimonio, entonces yo he vivido por gusto, he vivido en vano, o no he vivido.

Y me sentía igual. ¿Sirve acaso lo que he aprendido en este mundo? ¿Tiene sentido referenciar mi Derecho, estas leyes y esta doctrina? ¿O no vale? Creo que es una tentación permanente sentir que hay que tirar por la borda lo que sabemos y no darle el peso que se merece. 

Pero con el paso de las semanas, entendí que no se trataba de la prevalencia de un conocimiento sobre otro, sino de que veíamos las cosas de manera distinta. Que la forma en que los estadounidenses ven el Derecho Internacional Humanitario, siendo ellos una potencia militar, es muy distinto a como nosotros lo vemos. Por ello, es peligroso pensar que nuestro conocimiento es inferior o menos valioso.

Y para dar un poco más de claridad, utilizaré las ideas de Daniel Bonilla, también graduado de Yale. Él plantea que hay una “economía política de las ideas jurídicas”, donde se pueden asumir dos modeos: el de libre mercado y el de producción colonial. Y creo que Fabio se ubica en el primer modelo. Él asume que el hecho de que en Perú se importen ideas jurídicas es porque no hay ideas valiosas. Al fin y al cabo, hay un libre mercado de ideas. Si hubiese mejores ideas, se tomarían esas y no las que se importan.

Pero, así no ha funcionado. El conocimiento (jurídico) usa un modelo de producción colonial. Lo que se produce en el Sur Global tiene únicamente repercusión local. Así, en palabras de Bonilla, “Un artículo sobre el derecho laboral mexicano o brasileño, por ejemplo, solo es relevante para México o Brasil. Nunca para Colombia, Suráfrica, India o Estados Unidos. Las realidades de los países del Sur Global no son generalizables. No son útiles, por su carácter específico, para otros países del Sur Global y mucho menos para los del Norte Global.” En cambio, todo aquello que provenga del Norte Global es asumido inmediatamente como universalizable. Así, “Un artículo sobre derecho comercial, propiedad intelectual o derecho constitucional estadounidense también se entiende que tiene relevancia inmediata en el Sur Global. No importa que haga referencia a normas o prácticas particulares que solo tienen vigencia en Estados Unidos.” Esa diferencia no está en que las ideas norteamericanas sean mejores que las latinoamericanas. La diferencia está en el capital cultural hegemónico construido por la academia norteamericana para que eso se sienta como natural. Por tanto, hay ideas en el Perú. Pero no tendrán la misma vigencia que las ideas de alguien del Norte Global. En sencillo, “talento hay, falta denunciar la hegemonía”. 

Pero eso está cambiando. En mi segundo semestre, decidí encarar este nuevo conocimiento de manera diferente. Y tuve suerte. Apenas dije que era de Perú, mi profesora de Justicia Transicional me pidió que siempre comparta mi visión de un país posconficto. Increíblemente, en esa área del conocimiento, lo que teníamos que decir las personas del Sur Global era relevante. El campo prácticamente se había creado sobre la base de la experiencia argentina. Y, siguiendo conversaciones e investigaciones, pude llegar al TWAIL (Third World Approaches to International Law). Y comencé a reconocer el valor de lo que yo traía. Comencé a entender que buena parte de la doctrina del Derecho Internacional refleja interacciones racistas, eurocéntricas y anglocéntricas que anulan nuestro conocimiento. 

Y entonces vuelvo a pensar en lo que decía Núñez del Prado: “¿ideas disruptivas?”. Pues en el Derecho Internacional, la academia norteamericana creó la noción de “ataque preventivo” para justificar una serie de invasiones de Estados Unidos sin autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. ¿Es esa una idea disruptiva? Sin duda. Otra idea disruptiva es la posibilidad de que varios países puedan recibir reparaciones por el colonialismo y el tráfico de personas esclavizadas. ¿Qué idea disruptiva creen que tuvo más repercusión en la academia norteamericana? La primera. Porque así funciona la hegemonía, no tener en cuenta la forma hegemónica de producción académica al momento de realizar una crítica.

Estoy de acuerdo con Fabio en que la Facultad de Derecho de la PUCP, o más bien, todas las universidades del Perú tienen que cambiar. Pero eso no pasa por señalarlas como mediocres e idealizar lo extranjero como mejor. Más bien, pasa por ser críticos en la forma en que concebimos y construimos el conocimiento. Quizá así podamos construir una academia cuya valoración no pase solamente por la disrupción, sino por los cambios que aporta tal disrupción.  

1 COMENTARIO

  1. Inspirador de verdad. Estoy seguro que el autor no midió el número de caracteres pero así lo haya hecho es un éxito de sintesis. Claro ahora a búscar el tiempo para ubicar y revisar el texto que él comenta y de manera disruptiva u orientada generarme una opnión. Repito es una reflexión o comentario inspirador en un momento (quizás toda la vida) en el que la implantación de modelos de cualquier tipo u orientación, debe despertarnos por lo menos razonables cuestionamientos, aunque solo sea como ejercicio.

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