La importancia de la Economía en la regulación de las relaciones laborales | CELSS

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Escrito por Sleiter Jesús Carranza Perez*

  1. Introducción

Uno de los temas discutidos dentro de la teoría general del derecho es, sin duda el carácter científico del mismo, ello lo podemos apreciar en los diversos textos académicos en los que muchos autores se esfuerzan en demostrar si el derecho es o no una ciencia, sin llegar a algún acuerdo. Asimismo, otro de los temas en discusión en ciertas ramas del derecho, en este caso del derecho del trabajo, radica en comprender el papel de la ciencia económica en la creación de normas jurídicas que regularán las relaciones laborales. Esto tiene relación con el primer punto a señalar, ya que en las aulas universitarias se enseña la denominada dogmática jurídica, la cual busca explicar cada uno de los conceptos y fenómenos jurídicos desde un discurso basado en la interpretación del contenido de las normas jurídicas existentes, muchas veces alejado de la misma ciencia.

En el presente comentario, buscamos resaltar la importancia de la economía como ciencia básica y necesaria para la explicación de los fenómenos dentro del mercado, y en especial el laboral a fin de entender el rol de los conceptos jurídicos y su aplicación en el mercado de trabajo.

A continuación, pasaremos a explicar la importancia de la ciencia y la economía en el derecho, su papel en la explicación de los fenómenos y por qué debería de preferirse en lugar de la dogmática jurídica. Finalmente, nos enfocaremos en detallar algunos aspectos generales del mercado de trabajo y su relación con lo desarrollado por la doctrina.

  1. La economía como ciencia. Brevísimos alcances epistemológicos.

La ciencia ha sido la principal fuente de conocimiento que el ser humano ha tenido durante los últimos años, esta ha sido muy útil para el desarrollo de las sociedades. La economía es una de estas, la cual tiene como principal objetivo el explicar a través de modelos la elección de las personas frente a los recursos escasos que hay. Esta ciencia se encarga de explicar la conducta de personas al momento de tomar decisiones en torno a la elección de los recursos que existen, los cuales son escasos. Asimismo, intenta explicar cómo una persona toma la decisión de cuánto tiempo dedicarle al trabajo o al ocio o si dedicarse a un negocio, o cuánto invertir en la bolsa de valores, entre otras opciones (Cooter & Ulen, 2016)[1].

Estas explicaciones, tienen un fundamento de carácter científico, la cual implica usar un lenguaje riguroso en su razonamiento a través de las matemáticas (lenguaje formal)[2], una metodología basada en la observación y en la recopilación de datos a través de la estadística, corroborando e interpretando el comportamiento de estas personas en la realidad a través de modelos. Estos modelos son representaciones simplificadas de la realidad, las cuales eliminan los detalles irrelevantes para permitir al economista centrarse en los rasgos principales del fenómeno que intenta entender, para ello utilizará una metodología[3]  principalmente basada en el análisis matemático del tipo cuantitativo como cualitativo (Varian, 2016)[4].

Tal como podemos ver, la economía nos ofrece una serie de respuestas a las diversas interrogantes respecto de estos tipos fenómenos sociales, de una manera sistematizada y coherente, la cual resulta de mucha utilidad al momento de aplicarla en la realidad, sobre todo por las predicciones que sus modelos nos ofrecen. Ello no significa que las predicciones de los modelos se cumplan siempre, o que las respuestas que esta ciencia ofrezca sean verdaderas. Como se ha podido ver muchas veces las respuestas resultan no coincidir con lo que ocurre en la realidad. Esto se debe, sobre todo, a que la economía como muchas ciencias, es falsable y perfectible, lo cual significa que este nuevo fenómeno no podría ser explicado mediante el modelo presentado y que para lo cual será necesario plantear otro nuevo modelo que sirva para explicar este nuevo fenómeno.

Queremos resaltar que estas características nos permiten obtener respuestas confiables sobre determinados fenómenos sociales y que en base a estas podríamos prevenir sucesos futuros teniendo en cuenta estas premisas, a través de la acción de las normas.

  1. La dogmática jurídica como categoría no científica.

Por otro lado, la dogmática jurídica como una de las disciplinas que busca explicar los problemas que giran en torno a los fenómenos jurídicos, de acuerdo con los que hemos venido señalando, no presenta elementos que nos permitan asumir su carácter científico. Esto que llamamos “ciencia jurídica” carece de elementos o características que la definan como tal, ello debido a que de entre todas las cosas no presenta la rigurosidad que la ciencia ofrece en la forma de estudiar los fenómenos. En primer lugar, no podemos notar la existencia de un lenguaje formal que permita tener respuestas claras, ordenadas y que evite las contradicciones dentro de su análisis. La dogmática al momento de explicar las instituciones jurídicas no utiliza un lenguaje formal, la ausencia de la lógica y de las matemáticas en estas explicaciones nos indica que esta disciplina se encuentra expuesta a los riesgos que se encuentra susceptible el lenguaje natural. Esto resulta ser una limitación, ya que en las explicaciones que brinda la dogmática podrían presentar contradicciones, vaguedades, falacias, quitándole consistencia a las explicaciones que esta ofrece. En segundo lugar, la dogmática jurídica no nos presenta una uniformidad en los conceptos jurídicos que se usan en sus análisis, algo que no estaría mal siempre que se cuente con una justificación racional, pero que muchas veces, en el análisis jurídico resultar arbitrarias, ya que muchos conceptos e instituciones se utilizan en base a la autoridad de quien la propone o presentan alta carga de vaguedad, generando imprecisiones al momento de aplicarlo en la realidad. Si bien es cierto que la dogmática cuenta con metodologías que buscan sistematizar información y explicarla, esta metodología presenta una gran carga de arbitrariedad, ya que en muchos casos se tiende a apelar a la autoridad de quien ha escrito o ha señalado tal o cual concepto, idea, (ya sea el Tribunal Constitucional, el Poder Judicial, un profesor universitario o una autoridad administrativa) para darle una supuesta validez al argumento, algo que en la ciencia no es practicada. Las teorías científicas no necesitan de esto, ya que lo importante en ello radica en su proceso de demostración, ya sea a través de razonamientos válidos o a través de la corroboración. Otra de las prácticas en la dogmática jurídica es la recurrir a métodos de interpretación que carecen de validez lógica basándose muchas veces en la autoridad de quien la ha emitido, la cantidad de veces que un tribunal o juzgado se ha pronunciado en un determinado sentido, o en muchos casos recurrir a averiguar el sentido de la norma mediante “la voluntad del legislador”, aplicación de presunciones que carecen de validez lógica y que en la práctica complican el análisis probatorio, la conducta repetitiva de los ciudadanos como legitimadores de una conducta (las denominadas máximas de la experiencia), entre otras. Ello nos hace ver que los métodos utilizados por la ciencia jurídica, si bien presentan una sistematización, estas son todavía muy superficiales.

Finalmente, queremos resaltar que la dogmática jurídica, a diferencia de la ciencia económica, carece de predictibilidad, ya que, al no utilizar un lenguaje formal, no nos permite establecer una probabilidad exacta de que suceda o no suceda algo: simplemente se queda en silencio. Ello no es propio de la ciencia, una de sus características es justamente la predictibilidad. Como se puede apreciar, las principales ciencias tienden a buscar predecir fenómenos en base a sus modelos teóricos, los cuales han tenido una fuerte utilidad en la vida real, a fin de que los estados tomen medidas. Es cierto, puede ser que la predicción no se dé, pero ello forma parte de las características de la ciencia. La ciencia no señala con seguridad lo que pueda pasar en el futuro, sino que se encarga de explicar y señalar que es lo que probablemente pueda ocurrir en el futuro si se dieran ciertas condiciones, las cuales, como señalamos anteriormente, pueden ser falsables, y ello no quitaría la condición de científica a la explicación (Okasha, 2007)[5].

  1. El mercado laboral peruano y sus implicancias.

El derecho laboral, como objeto de estudio ha sido explicado de manera muy usual en base a la dogmática jurídica. Esta ha sido la principal fuente de información que ha servido a nuestra academia en sus explicaciones sobre cómo es que se deben configurar las normas jurídicas a fin de obtener una regulación adecuada de estas relaciones laborales. Esta disciplina ha intentado explicar el sentido de las normas jurídicas en base a la elaboración de conceptos producto de la mera interpretación normativa, en base a la voluntad del legislador, o desde una revisión histórica, tratando de otorgar una naturaleza intrínseca a esta rama del derecho.

Por otro lado, como lo hemos señalado, la economía como ciencia nos permite, en primer lugar, comprender con mayor claridad los fenómenos que ocurren en el mercado de trabajo, la elección de los trabajadores, la fijación de salarios, la conducta de los sindicatos, las distorsiones que se pueden presentar en un mercado de trabajo, la variación salarial, la elección de los empleadores, la relación entre el capital y el trabajo, el papel del trabajo a nivel macro, entre otros, las cuales deben de servir como punto de partida al momento de elaborar una norma que busque regular este mercado. Esta información es muy importante de saberla y conocer cómo es que funciona, ya que es ahí donde va a incidir la norma al momento de regular estas problemáticas. En otras palabras, las normas jurídicas como instrumentos de regulación tienen que tener consideración con los aspectos económicos antes señalados. Por ejemplo, la teoría económica nos señala que, en principio, los precios (entre ellos el salario) se fijan de acuerdo a la elección de los agentes en el mercado. Sin embargo, la misma teoría económica nos dice que esto solo puede ocurrir en situaciones en las que se cumplan determinadas condiciones, las cuales no se presentan en la realidad. Ello no significa que la teoría estuviera equivocada, esta solo nos presenta una idea, la cual debe ser contrastada en la realidad a fin de saber qué es lo que puede estar fallando en el mercado y donde es que se debe intervenir a través de la norma. Como, por ejemplo, en los casos de monopsonios u oligopsonios en el mercado de trabajo, al ser un mercado en el que los empleadores tienen un poder superior al del trabajador, los salarios resultan estar muy por debajo del salario de equilibrio ideal, es por ello que se hace necesaria la intervención normativa que regule este salario, a fin de garantizar que se esté otorgando un salario adecuado al trabajador (Pindick & Rubinfeld, 1995)[6].

Ahora bien, el hecho que se tome a la economía como punto de partida en la regulación, no implica necesariamente que nos alejemos de las ideas éticas que envuelven a las relaciones de trabajo y al papel que debe asumir el estado. Este punto resulta controvertido, en cuanto se ha dicho que la ética y la moral son relativas, y si bien, esto es válido en cierta forma, es importante tener en cuenta información científica y análisis racional que sustente esta ética. En otras palabras, el debate ético, ingresa al análisis del derecho como un punto de partida para entender la dirección a la que pueden estar orientadas las políticas públicas.

En nuestra opinión, creemos que nuestra norma constitucional ha delimitado ciertos parámetros morales que nos dicen cuál es la ruta de las políticas públicas, las cuales giran en torno a agotar todo esfuerzo que implique una mayor satisfacción en cuanto sea posible. La garantía de los derechos fundamentales debe estar de la mano con las políticas regulatorias en materia laboral, que luego de analizar la realidad económica, puedan solucionar los problemas que se presenten sin que exista afectación a los derechos fundamentales, o que, si en caso existiera afectación, esta no nos lleve a tal punto de la imposibilidad de gozar estos derechos.

  1. Conclusiones.

Como lo mencionamos en la introducción, en este comentario no buscamos desarrollar todos los aspectos que implican en la relación entre la ciencia, la economía y el derecho del trabajo. Por el contrario, buscamos iniciar un diálogo entre la ciencia y el derecho del trabajo, siendo la economía la ciencia que se encuentra directamente relacionada con esta rama del derecho, que ha sido ajena muchas veces, debido a una mala práctica por parte de algunos abogados o mismos economistas, que buscan hacer pesar sus concepciones ideológicas a fin de beneficiar a ciertos intereses que están detrás de ello.

Creemos que la economía es de mucha utilidad para la regulación de nuestras relaciones laborales, debido a su carácter científico nos brinda confianza respecto de sus respuestas y sus predicciones, siendo esta última lo más importante, ya que permite que podamos asumir ciertas acciones o mecanismos que prevengan estos hechos. Sin embargo, al ser una ciencia que explique una parte de la realidad laboral, se hace necesaria complementar con información que provenga de otro tipo de ciencias como la antropología, la sociología, la historia, a fin de tomar en cuenta la mayoría de factores que pueden estar detrás de los fenómenos.

El papel del estado en la regulación debe está enfocado en que las políticas públicas y la normativa tomen en cuenta la información proveniente de la ciencia y planifiquen la regulación preocupado por el respeto de los derechos fundamentales de las personas, a fin de que no se vean afectadas por ello.


* Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Asistente de Cátedra de Derecho Procesal del Trabajo en la Maestría de la misma casa de estudios. Miembro principal del Círculo de Estudios Laborales y de la Seguridad Social – Celss. Correo electrónico: sleiterj_96@hotmail.com

[1] Cooter, R., & Ulen, T. (2016). Derecho y Economía (3 ed.). México: Fondo de Cultura Económica.

[2] Debemos recordar que el lenguaje formal es un lenguaje especial que busca simplificar el contenido del lenguaje natural a través de símbolos y que hacen referencia a una abstracción de los objetos de la realidad. Las formas más comunes de lenguaje formal están representadas por las matemáticas y la lógica. Este lenguaje es muy usado por las ciencias, ya que su orden permite tener respuestas más claras y coherentes.

[3] Al respecto, es importante señalar que, no existe una metodología única en todas las ciencias, estas van a variar de acuerdo a la naturaleza de los fenómenos a estudiar. Esto ha sido resaltado por Antonio Diéguez, en el cual haciendo una referencia al Filosofo Paul Feyerabend señaló que “(…) de nuevo Feyerabend tiene razón, esto no significa que en la ciencia no haya métodos, sino que hay muchos, dependiendo de cada disciplina, y que son revisables y cambian con el tiempo y con el contexto. El dadaísmo epistemológico que él promovió no es más que un pluralismo metodológico.” (Diéguez, A. El Confidencial, 16 de junio de 2020. Obtenido de https://cutt.ly/LgsaehC)

[4] Varian, H. (2016). Microeconomía Intermedia (9 ed.). (E. Rabasco, Trad.) Bogotá, Colombia: Alfaomega Colombiana.

[5] Okasha, S. (2007). Una Brevísima Introducción a la Filosofía de la Ciencia. (1 ed.). (J. M. Puig, Trad.) Ciudad de México, México: Océano.

[6] Pindick, R., & Rubinfeld, D. (1995). Microeconomía (3 ed.). (E. Rabasco, & L. Tohaira, Trads.) Madrid, España: Prentice Hall.

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