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Incipiente democracia

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Cada elección municipal es una oportunidad para entender la importancia que tiene vivir en democracia, así como de repensar qué se entiende por esta en nuestro sistema de gobierno. A raíz de ello, cuestionarnos si realmente vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho.

En el marco constitucional, un debate que no pasa desapercibido es aquel que gira en torno a la naturaleza del voto: si este debería ser obligatorio o si, por el contrario, debería ser facultativo.

En el Perú, y desde hace 74 años, el voto es obligatorio. El artículo 31° de nuestra Constitución establece que este es: “[…] personal, igual, libre, secreto y obligatorio hasta los 70 años. Es facultativo después de esa edad”.

En primer lugar, para analizar la cuestión del voto obligatorio, consideramos pertinente centrarnos en el concepto “obligación», pues su aplicación al voto obligatorio podría ser discutible. La obligación es una necesidad de realizar una conducta que la norma jurídica establece en favor de un tercero, quien ostenta el poder de exigirla. Entonces, en el caso del voto, ¿con quién se obliga el titular del derecho de sufragio?, ¿con el Estado?, ¿con el candidato? A pesar de esta dificultad conceptual, es posible observar que en América Latina se establece que el voto es una “obligación» seguramente de acuerdo al sentido más común de la expresión.

Esto responde a una constante interrogante en la doctrina al respecto del derecho de sufragio, sobre si el voto es un deber o una obligación. Al respecto, Francisco Zúñiga Urbina destaca que cierta doctrina de los derechos fundamentales “reconoce en el derecho de sufragio, una doble o compleja naturaleza (derecho-función), y como dominante una aproximación “institucional” o abierta, que supere los riesgos que por una parte reduce el derecho de sufragio a un derecho negativo o civil en que la participación de la cosa pública es disponible por el titular, y los riesgos de funcionalización y utilitarismo que subyace al sufragio-deber o sufragio función”.[1]

En ese sentido, una de las críticas más acérrimas que tiene el voto obligatorio está vinculada a con qué tanto se puede legitimar este en una democracia. ¿Acaso se debilita esta si votamos libremente? Una democracia madura siempre debería concebir la libertad como base de su sistema político. Si esta se impone por la coerción y no por el convencimiento, no estamos hablando de una verdadera democracia, sino de una “pseudodemocracia”.

Ello, puede resumirse en las palabras de Manuel Aragón Reyes: “El derecho de sufragio, como los demás derechos fundamentales, puede ser entendido en sentido subjetivo y en sentido objetivo. Desde el primero, aparece como una facultad del titular del derecho de libertad; el derecho a votar (o a presentarse como candidato) y por los mismo también la libertad de no votar (o de no presentarse como candidato) son la expresión de ese sentido subjetivo del derecho de sufragio. Desde la consideración objetiva, el derecho de sufragio es, como ya se señaló, un principio básico de democracia o, en términos jurídicos, del ordenamiento democrático. Visto como principio, el sufragio tiene, entonces, una dimensión institucional indiscutible: sin el derecho de sufragio no hay democracia. Una y otra dimensión pueden, y deben, encontrarse en equilibrio, aunque a veces no ocurre así y la acentuación de la dimensión objetiva o institucional pueden incluso hacerla prevalecer sobre la dimensión subjetiva del derecho mudándolo de naturaleza, esto es, transformándolo de derecho en obligación».[2]

En la misma línea, otra de las críticas al voto obligatorio es la aplicación de multas carentes de toda proporción respecto del poder adquisitivo de los ciudadanos, pues estas generan un fenómeno indeseable en los comicios. Bien podríamos decir que este aspecto del voto genera que gran parte de la población vote por temor de evitar la multa, pero ello no acontece porque posea una convicción respecto de por qué candidato votar, o porque sienta que está ejerciendo un derecho. Esto tiene que ver con la escasa participación de la población en los asuntos públicos del país y el desinterés de pronunciarse sobre los mismos. Actualmente se da un voto mayoritariamente apático, de protesta, no planeado ni proyectado, debido a que se acude a las urnas movido por una presión, por una coacción amparada por la ley.

Todo indicaría que el voto facultativo o voluntario es que el que debería de ser implementado en las elecciones; sin embargo, existen aspectos a favor y en contra de esta postura. Por un lado, se podría manifestar que los que votan libremente lo hacen conociendo sus deberes y derechos, y en consecuencia sus decisiones serían más meditadas, pero también están los que piensan que el voto facultativo, sin querer hacerlo, promueve el desinterés de la población en temas políticos, y en consecuencia produce el ausentismo, lo que erosiona la representatividad.

Por nuestra parte, consideramos que el Perú debe pensar en la opción del voto facultativo para futuras elecciones, ya que primero debemos tomar consciencia de que aún no estamos preparados para esta alternativa, pues vivimos en una incipiente democracia. Existe ciertamente una necesidad de afianzar la democracia, la misma que no debe ser tarea únicamente de un gobierno, sino de todos y cada uno de nosotros, como ciudadanos, no por nuestra participación en política partidaria, sino en nuestra labor del día a día. La verdadera democracia es aquella que se fundamenta y se apoya en el poder popular, es decir, la democracia participativa y protagónica, y es tarea del Estado y sus gobernantes fortalecerla empoderando a los habitantes de un país, así como motivándolos a construir ellos mismos su propio futuro libremente.

Si se quiere implementar el voto facultativo, debería pensarse antes en la educación política de los ciudadanos, en acercarse a los jóvenes y preguntarles qué esperan de sus gobernantes: esa es la educación cívica. Es menester crear conciencia en las personas en cuanto a la participación ciudadana y política, debido a que, finalmente, los resultados de las elecciones políticas rigen para todos los peruanos.

Ya conocemos los resultados del voto obligatorio; ahora se necesita la sensibilización de un voto consciente, y este solo puede partir desde la educación cívica. Esta es el proceso a través del cual se promueve el conocimiento y la compresión del conjunto de normas que regulan la vida social y la formación de valores y actitudes que permiten al individuo integrarse a la sociedad y participar en su mejoramiento, en esta se prepara a las personas para ser ciudadanos responsables, capaces y autosuficientes, para tener una participación activa en un sistema con gobernabilidad democrática. Es necesario fortalecer la conciencia cívica y ética del ciudadano para la práctica permanente de los valores políticos, promover el surgimiento de una verdadera cultura democrática, desde la más temprana edad,  garantizando así la participación activa de todos en la vida política del país. La democracia como forma de gobierno y, más que ello, como forma de vida, será mera retórica si no va acompañada del único instrumento que la hace posible: la educación.


[1] Zúñiga Urbina, Francisco. «Derecho de sufragio: la debatida cuestión de su obligatoriedad». En Estudios Constitucionales, 1, año 7, 2009, p. 368.

[2] Aragón Reyes, Manuel. «Derecho de sufragio, principio y función». En Tratado de Derecho Electoral comparado de América Latina. Obra colectiva dirigida por D. Nohlen-D, Zovatto. México D.F., FCE, p. 97.

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