¿La venganza es dulce? A unos sujetos se les otorgó la posibilidad de castigar a sus contrapartes desleales. Mientras que los sujetos contemplaban la venganza, se escaneó sus cerebros para determinar la actividad neuronal. Las imágenes demostraron que una parte específica del cerebro se activó: el dorsal striatum, aquella encargada de procesar las recompensas. En otras palabras, la venganza era dulce[1].
En realidad, la venganza puede ser dulce pero no siempre lo es. La venganza no generó satisfacción per se en los sujetos del experimento, sino la anticipación de sentir satisfacción[2]. Muchas veces pensamos que la venganza nos producirá placer al ver cómo nuestro ofensor es castigado. Sin embargo, otras veces nos confundimos y no sentimos el placer esperado, por el contrario, terminamos peor. ¿Cuándo la venganza es realmente dulce? ¿Se podría decir que los linchamientos producen satisfacción en los vengadores?
Para entender la psicología de la venganza detrás de la campaña “chapa tu choro”, antes debemos entender por qué las personas son malas al momento de predecir el rumbo de sus emociones[3].
Esto nos conduce a una paradoja: pensamos que tomar venganza nos hará sentir mejor pero en realidad produce el efecto contrario. Mientras que Lord Byron señalaba que “Sweet is revenge”, Sir Frances Bacon afirmaba que “A man that studieth revenge, keeps his own wounds green, which otherwise would heal, and do well”. Tomar venganza no cierra las heridas, sino que las deja abiertas por mucho más tiempo.
Si alguien no tiene la posibilidad de tomar venganza, tomará el hecho del agresor como uno de poca importancia y seguirá con su vida. Pero si toma venganza, parecerá que se ha restaurado la injusticia cometida, pero en realidad, el acto de venganza hace que la agresión perviva en nuestro recuerdo y no podamos superarla[4].
Para ello debemos entender el impacto de la ira en la memoria. Por un lado, las personas son malas al momento de predecir sus emociones y cómo se verán en el futuro, tendiendo a sobreestimar una serie de eventos. Esta tendencia se conoce como impact bias (sesgo del impacto). Por ejemplo, las personas pagan por quitarse tatuajes por los cuales antes pagaron para tenerlos, pagan por ir al gimnasio para quemar la comida chatarra que antes pagaron para comer, pagan por la pastilla del día siguiente a pesar de haber pagado antes para adquirir condones, entre otros[5]. En otras palabras, las personas comenten grandes errores al predecir cómo se comportarán en el futuro y tienden a sobreestimar las consecuencias de sus actos.
Una de las causas del sesgo del impacto es el focalism: la magnitud de un evento es sobreestimado por el hecho de pensar en ello. La ira concentra nuestra atención y hace complicado pensar en otra cosa[6]. En realidad, la ira es una excepción al sesgo del impacto, pues en vez de sobreestimar las consecuencias, las subestima. En relación a la venganza, uno podría pensar que el enojo experimentado por haber sido ofendido por otro desaparecerá si el primero se venga, cuando en realidad, lo que realmente ocurre es que si se toma venganza el enojo perdurará por más tiempo.
La venganza no cierra las heridas, sino que las deja abiertas por más tiempo debido a que el acto de venganza –a nivel cognitivo- hace que nuestra mente siga pensando en ello y no podamos superarlo.
La psicología de la venganza es complicada y para entenderla correctamente es necesario tener en cuenta diversas particularidades.
El caso “chapa tu choro” nos permitirá explicar la verdadera extensión cognitiva de la venganza. En primer lugar, el derecho impone un sistema de “venganza institucionalizada”, por el cual, las personas no pueden hacer justicia por sus propias manos, sino que deben otorgar dicha satisfacción al Estado y a los tribunales competentes. Pero si los ciudadanos no confían en las autoridades (por ser corruptas por ejemplo), éstos serán más propensos a tomar represalias[7]. En segundo lugar, debemos tener en cuenta el entorno social del vengador. Los científicos sociales han demostrado que las personas pobres que han sido víctimas de violencia y delitos, tienden a cometer más actos de venganza contra sus ofensores[8].
¿Esto le suena familiar? Los linchamientos de delincuentes en el Perú ocurren principalmente en provincias donde la fiscalía y el derecho penal no llegan a tiempo o nunca llegan en lo absoluto para proteger a las personas más pobres del país. Desde la perspectiva del vengador, aunque la venganza pueda parecer irracional e indeseable a primera vista, en realidad no es tan disfuncional como parece. Mientras que el derecho se ha preocupado en qué conductas son justas e injustas, ha olvidado por completo cómo los individuos de carne y hueso corrigen la injusticia[9].
La venganza es un medio para restaurar la injusticia cometida y para corregir el comportamiento del ofensor. En términos económicos, diríamos que los beneficios sociales (en favor de toda la comunidad que odia a los delincuentes) excederían a los costos privados (las lesiones e incluso la eventual muerte del delincuente linchado), y en consecuencia, la venganza sería eficiente.
Como se preguntaría un psicólogo social: ¿cuándo la venganza restablece el personal sentido de justicia al desquitarse de los ofensores-delincuentes y darles lo que se merecen?[10] ¿Cuándo la venganza realmente genera beneficios sociales a nivel cognitivo? El conocimiento popular nos haría pensar que el vengador se siente bien cuando ve a su ofensor sufrir, lo que en psicología se conoce como “comparative suffering”[11]. Sin embargo, se ha demostrado que la venganza no es dulce cuando se ve sufrir al ofensor (como ocurre en los casos del linchamiento) sino cuando éste ha entendido el mensaje “No soy el tipo de persona a quien se le puede hacer eso”, lo que se conoce como “understanding hypothesis”[12].
En otras palabras, la venganza es efectiva no cuando se ve sufrir al delincuente, sino cuando el ofensor recibe el mensaje y entiende por qué se está cometiendo la venganza. Entender el mensaje es lo determinante y no el sufrimiento que pueda padecer el ofensor.
Esto tiene grandes implicancias cuando pensamos en la gran difusión que puede tener el mensaje a través de las redes sociales. Páginas de facebook como “chapa tu choro” permiten que el mensaje llegue a más persona, y por ende, la venganza sea más dulce. Nos explicamos.
Si bien podríamos pensar que la venganza es algo que se comete frente al agresor mismo, en realidad la venganza puede ser cometida frente a una persona totalmente diferente y desvinculada de la ofensa que genera la venganza. Esto se conoce como “displaced revenge” o “vicarious retribution”[13]. Este tipo de “venganza en grupo” puede salirse de control si simplemente se ataca a personas que se parecen al ofensor inicial. Este es el motivo por el cual musulmanes inocentes tuvieron que soportar la venganza del 11 de septiembre. Por el contrario, la “venganza en grupo” realmente funciona cuando existe un grupo (entitative group) cuyos miembros se comportan de manera similar y persiguen los mismos fines.
Los delincuentes podrían ser vistos por los vengadores como miembros de un grupo que se comportan de la misma manera y que persiguen los mismos fines criminales. En este contexto, la venganza será dulce si el delincuente linchado entiende por qué lo están linchando, pero será aún más dulce si dicho mensaje puede ser difundido a todo el grupo de delincuentes. Así, si el mensaje puede llegar a más miembros de ese grupo, se restaurará en mayor medida en sentido de la justicia y se generará un efecto disuasivo más fuerte. Como señala Gollwitzer, “displaced revenge is expected to be the more satisfying the higher chances are that the word is spread”[14].
Tal difusión ha sido posible gracias a las redes sociales y su campaña “chapa tu choro”. En cierta medida, dicha campaña ha permitido que los peruanos desamparados manden su mensaje “ratero no te metas conmigo” a todo el grupo y con ello se generen los beneficios mencionados. El problema radica -como diría un abogado- cuando las cosas se salen de control (como efectivamente ocurrió en el Perú).
Identificar el problema es simple: mientras los ciudadanos no confíen en las autoridades, tomarán venganza por sus propias manos, incluso cuando la venganza no sea efectiva. Hace semanas se reportó en las noticias el caso del asesinato de un empresario que fue golpeado hasta la muerte por los vecinos de una provincia. El empresario fue víctima de un asalto, se defendió, y cuando llegaron los vecinos, éstos pensaron que el delincuente era el empresario. En consecuencia, la venganza no sirvió para nada.
Como decía el profesor Thomas M. Tripp: “The problem with revenge in interpersonal situations is the victim is the accuser, detective, judge, jury and executioner, which inevitably leads to miscarriages of justice”.
Al final, la venganza puede tener un lado bueno por los beneficios que genera, pero al final, como decía Luther King, “The old law of an ‘eye for an eye’ leaves everybody blind”. El derecho es antónimo de venganza privada, y allí donde hay un “sistema de venganza institucionalizada” (respaldada por el derecho) no puede haber venganza privada. Identificar la solución también es simple: es hora que el Estado invierta recursos en recuperar la confianza de sus ciudadanos antes que todos terminemos ciegos.
[1] De Quervain, Dominique J.F.; Fischbacher, Urs; Treyer, Valerie; Schellhammer, Melanie; Schnyder, Ulrich; Buck, Alfred y Ernst Fehr. “The Neural Basis of Altruism Punishment”. En Science, Vol. 305, N° 5688, 2004, pp. 1254.
[2] Knutson, Brian. “Sweet Revenge?” En Science, Vol. 305, No. 5688, 2004, pp. 1246.
[3] Loewenstein, George; O’Donoghue, Ted y Matthew Rabin. “Projection bias in predicting future utility”. En Quarterly Journal of Economics, Vol. 118, 2003, pp. 1209; Wilson, Timothy D. y Daniel T. Gilbert. “Affective Forecasting. Knowing What to Want”. En American Psychology Society, Vol. 14, No. 3, 2003, pp. 131.
[4] Carlsmith, Kevin M.; Timothy, D. Wilson y Daniel T. Gilbert. “The Paradoxical Consequences of Revenge”. En Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 95, No. 6, 2008, pp. 1317-1318.
[5] Quoidbach, Jordi; Gilbert, Daniel T. y Timothy D. Wilson. “The End of History Illusion”. En Science, Vol. 339, 2013, pp. 96.
[6] Fredrickson, Barbara L. y Christine Branigan. “Positive emotions broaden the scope of attention and thought-action repertoires”. En Cognition and Emotion, Vol. 19, 2005, pp. 313 y ss.
[7] Murphy, Kate. “The Futility of Vengeance”. En The New York Times, 7 de febrero de 2015.
[8] McCullough, Michael E.; Pedersen, Eric J.; Schroder, Jaclyn M.; Tabak, Benjamin A. y Charles S. Carver. “Harsh Childhood Environmental Characteristics Predict Exploitations and Retaliation in Humans”. En Proceedings of the Royal Society Biological Sciences, Vol. 280, 2013, pp. 2.
[9] Tripp, Thomas M. y Robert J. Bies. “What’s good about revenge? The avenger’s perspective”. En Research on Negotiation in Organizations, Vol. 6, 1997, pp. 147.
[10] Gollwitzer, Mario. “Individual and social functions of revenge: A justice-based approach”. Working Paper, Philipps-University Marburg, Germany, 2014.
[11] Gollwitzer, Mario y Markus Denzler. “What makes revenge sweet: Seeing the offender suffer or delivering a message”. En Journal of Experimental Social Psychology, Vol. 45, 2009, pp. 840.
[12] Ibídem.
[13] Lickel, Brian; Miller, Norman; Stenstrom, Douglas M.; Denson, Thomas F. y Toni Schmader. “Vicarious Retribution: The Role of Collective Blame in Intergroup Aggression”. En Personality and Social Psychology Review, Vol. 10, No. 4, 2006, pp. 372.
[14] Gollwitzer, Mario, Óp. Cit., pp. 5.
