¿El derecho laboral impide que crezcamos económicamente? A propósito de las referencias laborales en la comparación del crecimiento económico de Perú y Colombia

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En los últimos días se viene comparando el crecimiento económico del Perú con el colombiano. Un artículo interesante y sustentado se publicó en el Decano sobre tal tema: http://elcomercio.pe/economia/mundo/que-hace-colombia-crecer-mas-que-peru-noticia-1744105?ref=nota_opinion&ft=contenido.

Un día después, sin embargo, en la Editorial del mismo medio se señaló lo siguiente (Ver: http://elcomercio.pe/opinion/editorial/editorial-ritmo-vallenato-noticia-1744353):

«Por otro lado, el Gobierno Colombiano ha tenido la seriedad de enfrentar dos problemas que son comunes en la región y particularmente graves en el Perú: los gravosos regímenes laboral y tributario. En ambos casos, en aras de fomentar la formalización de los trabajadores y las empresas, Colombia ha reducido los sobrecostos de manera notable. Una reforma que, por supuesto, requiere comprarse un pleito político que en nuestro país el gobierno no quiere, no puede o no está dispuesto a asumir, pero que al norte sí se compraron y con auspiciosos resultados.«

Nuevamente la regulación laboral (presentada como rígida y omnipresente) aparece (en la editorial más no en el artículo) como uno de los obstáculos para el crecimiento económico de un país.

Este tipo de afirmaciones, recurrentes en algunos actores sociales y medios de comunicación, en mi opinión, son más dogmáticas y teóricas que empíricas: se concluye que los sobrecostos laborales impiden la formalización y, por ende, es necesario flexibilizar la regulación, de lo contrario no se contrarrestará la falta de empleo ni el subempleo.  Sin embargo, tales afirmaciones no se sustentan en alguna cifra o estudio de nuestra realidad.

Por lo menos, ello es lo que me ocurre cada vez que leo este tipo de noticias.  ¿En qué estadística o data se verifica lo afirmado? En ninguna de los comentarios y/o artículos que propugnan tales modificaciones en los últimos años.

Ahora bien, revisando la legislación laboral colombiana (incluyendo las últimas reformas y las sentencias del Tribunal Constitucional Colombiano que tiene un protagonismo -en cantidad por lo menos- similar al peruano) debemos mostrarnos realmente sorprendidos de los comentarios vertidos en la editorial del medio periodístico local.

En efecto, tal regulación (cuyo tenor puede ser observado en http://www.oiss.org/estrategia/IMG/pdf/codigo_sustantivo_del_trabajo.pdf) prevé institutos similares a nuestra legislación, en algunos casos con mayores ventajas e, incluso, se implementan instituciones más avanzadas -o menos flexibles para algunos- que los contemplados en nuestro ordenamiento.

En primer lugar, existe un Código de Trabajo y no leyes dispersas como sucede en nuestra legislación.

En segundo lugar, es interesante ver el abanico de regulaciones que superan a la nuestra: se plantean indemnizaciones por despido mayores a las previstas en nuestro ordenamiento, indemnizaciones por el incumplimiento de pagos oportunos de beneficios sociales, pago de remuneraciones para los huelguistas en caso las huelgas hayan sido provocadas por el incumplimiento de normas laborales por parte de los empleadores, se regula expresamente las ventas o reorganizaciones de las empresas y su impacto en los derechos laborales, etcétera.

Finalmente, se regula, al igual que en nuestro caso, como excepción los contratos temporales, el derecho al sueldo mínimo (tan vapuleado por algunos), los contratos formativos, los exámenes médicos y un listado de beneficios similares a los nuestros.

Me pregunto: ¿en dónde radica la flexibilización comentada como medio mágico para alcanzar el crecimiento?

Por otro lado, en el año 2002, cabe recordar que sí existió una reforma que supuso un cambio (reducción) en el pago de las horas extras, en los salarios en días domingo, en la extensión de jornada y en las indemnizaciones por despido, entre otras, con el fin de provocar una mayor formalización del empleo y provocar un aumento del mismo.

Pese a ello, estudios del propio gobierno colombiano (http://www.mintrabajo.gov.co/component/docman/doc_download/610-18-impacto-de-la-reforma-laboral-ley-789-de-2002-en-colombia-juan-carlos-guataqui-roa.html) como del sector privado (http://www.urosario.edu.co/urosario_files/e3/e313ca8d-382c-4829-8d10-c6b5161347fd.pdf y http://www.semana.com/on-line/articulo/reforma-laboral-nueva-polemica-empleo/88890-3) evidencian que el impacto de la reforma laboral y su flexibilización no tuvo mayor eco en la creación de nuevos puestos de trabajo ni en la formalización del empleo.

Entonces ¿por qué señalar que tal reforma produjo lo que en los hechos no aconteció? ¿Por qué resaltar algo inexistente para imitarlo y salir del “agujero” que nos impide el ansiado crecimiento económico?

Nuevamente: porque el discurso sobre la incidencia de las normas laborales como desfavorables para el mercado y su crecimiento es un dogma, un acto de fe, una muletilla no evidenciada empíricamente que se repite pensando en experiencias foráneas y no en las nuestras.  Peor aún, se citan experiencias foráneas que no reflejan las premisas que se publican o se comparten.

Existen estudios –en el caso peruano- que evidencian que el impacto de los cambios normativos laborales no es tan relevante como teóricamente se piensa, como sucede con los costos de los despidos o el sueldo mínimo, tal y como se advierte en los trabajos publicados por diversos autores en Cambios Globales y el Mercado Laboral Peruano[1] (el texto íntegro lo pueden apreciar en el siguiente enlace: http://corinto.pucp.edu.pe/3cel/sites/corinto.pucp.edu.pe.3cel/files/docs/ICEL%20-%20Cambios%20globales%20y%20el%20mercado%20laboral%20peruano.pdf.

Ciertamente, los editores de tal obra (Juan Chacaltana, Miguel Jaramillo y Gustavo Yamada) plantean profundizar con mayor ahínco el estudio del impacto de la regulación de trabajo en los mercados laborales y, ello, precisamente, se trata de una tarea pendiente.

Pese a tal tarea pendiente, incluso podemos detenernos, por ejemplo, en el caso del salario mínimo, donde el estudio de Céspedes Reynaga prevé que el aumento de la remuneración mínima vital tiene un efecto negativo sobre el empleo formal (pérdida de empleo), sin embargo:

La existencia de un efecto distributivo positivo de la RMV en favor de los trabajadores con bajos ingresos hace prever que en términos netos existiría una compensación, por lo menos parcial, de la pérdida de empleos formales.”[2]

Es más, estudios del Banco Centra de Reserva, prevén recomendaciones para evitar la pérdida de empleo en los sectores menos calificados, como consecuencia del aumento de la remuneración mínima vital.  Entre ellas, por ejemplo, que el aumento se otorgue en situaciones donde exista crecimiento de actividad económica.  Asimismo, recomiendan disminuir la contratación temporal de trabajadores:

Establecer cambios en la Ley laboral orientados a reducir la alta rotación de la mano de obra menos calificada. Los efectos mostrados en este informe son de corto plazo y dado que la RMV se ha mantenido relativamente constante en niveles reales, se esperaría que en el largo plazo dichos efectos sean menores. Por lo tanto, una política orientada a reducir la rotación de la mano de obra menos calificada, reduciría los efectos negativos de corto plazo de la RMV sobre el empleo.” [3]

Asimismo, el estudio de Toyama, Agui y Arellano, señalan que la orientación de la estabilidad en el empleo en nuestro medio (reposición ante un despido injustificado), no ha tenido “efectos significativos que puedan considerarse de impacto negativo en los principales indicadores de mercado de trabajo analizados (empleo informal, utilización de los contratos de trabajo a plazo fijo, número de trabajadores dependientes, subempleo, duración media de los empleos, entre otros.)”[4]

Obviamente lo anterior no quiere decir que se legisle sin tener en cuenta la incidencia económica de una norma en la sociedad ni que no exista tal incidencia.  Todo lo contrario: no negamos la influencia de las normas laborales en el mercado laboral; pero tampoco acrecentamos su protagonismo como ancla que impide zarpar al ansiado crecimiento económico.  Existen otros factores que inciden necesariamente en nuestro desarrollo y, probablemente, que tienen mayor impacto que el ordenamiento laboral.

Precisamente, urge estudios que permitan enlazar de manera encadena todos los factores que obstaculizan las actividades económicas para plantear soluciones integrales y orgánicas.

El análisis del freno de un crecimiento económico debe ir acompañado de sensatez, de análisis y de seriedad.  No de simples discursos.  Cada escenario y cada propuesta deben ser rechazados o defendidos con sustento, cifras y trabajo. Tener argumentos que sólo tienen el plano del discurso evidentemente no genera un escenario pleno de debate ni contribuye a solucionar o enmendar los problemas, sobre todo los laborales ni los macroeconómicos.


[1] CHACALTANA, Juan; JARAMILLO, Miguel; YAMADA, Gustavo Editores. Centro de Investigación de la Universidad Pacífico. Lima, 2005.

[2] Ibid. Pág. 138.

[3] Ver: http://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Revista-Estudios-Economicos/16/Estudios-Economicos-16-3.pdf

[4] CHACALTANA, Juan; JARAMILLO, Miguel; YAMADA, Gustavo Editores. Centro de Investigación de la Universidad Pacífico. Lima, 2005. Pág. 176.

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