Al Qaeda, el Estado Islámico y Donald Trump

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AL QAEDA Y EL ESTADO ISLÁMICO

Al dar muerte a Abu Musab Al Zarqawi en 2006 (fundador de Al Qaeda en Iraq, antecesor del autodenominado “Estado Islámico”), tropas estadounidenses incautaron sus computadoras. Y al dar muerte a Osama Bin Laden en 2011, incautaron sus manuscritos (los denominados “Documentos de Abbottabad”). Por razones como esas conocemos las diferencias de estrategia que llevaron a la ruptura entre ambas organizaciones.

Tanto Al Qaeda como el Estado Islámico tienen un objetivo común: establecer un Estado basado en su particular interpretación de la religión musulmana en todos los territorios que sean capaces de conquistar y gobernar. Pero existe una diferencia en la estrategia para conseguir ese objetivo. Bin Laden definió su estrategia con base en dos experiencias: de un lado, la del grupo Hezbolá, que tras conseguir el retiro del Líbano de las tropas estadounidenses y francesas en 1984 e israelíes en el 2000, se convirtió en la fuerza política más influyente en el sistema político libanés. De otro lado, derrotas como la de Al Qaeda en Iraq hacia 2008 en su primer intento por crear un Estado islámico, o la del régimen Talibán en 2001. La conclusión que Bin Laden derivó al contrastar esas experiencias fue que “Debemos enfatizar la importancia de elegir el momento oportuno para establecer el Estado islámico”[1].

La razón era que mientras las potencias de la OTAN respaldasen a los regímenes a los que Al Qaeda buscaba derrocar, la creación de un Estado no haría sino ofrecer un blanco fijo para sus bombardeos aéreos. Por eso la prioridad inmediata no era la creación de un Estado, sino la expulsión de las tropas de la OTAN del Medio Oriente y el Asia Central. En palabras de Bin Laden, “Debemos seguir desgastando sus fuerzas, hasta que sean demasiado  débiles como para derrocar el Estado que decidamos establecer”[2]. En mi opinión el paralelo que hacía Bin Laden entre su propia estrategia y la de Hezbolá es equivocado, dado que la de Hezbolá es en lo esencial una agenda nacional para el Líbano, mientras que el fin último de Al Qaeda es edificar un Estado transnacional en todo lugar en el que haya una mayoría de población musulmana. Es decir, al abandonar Beirut en 1984, franceses y estadounidenses no temían que Hezbolá intentara ir tras ellos, para atacarlos en su propio territorio.

Sea como fuere, hacia 2014 Al Qaeda tenía más de 15 años de existencia sin mayores logros que mostrar respecto a la consecución del objetivo final (un Estado islámico transnacional). Por esa razón, desoyendo al mando central, la rama iraquí de Al Qaeda decide crear ese año el Estado Islámico en Iraq, rebautizado luego como Estado Islámico en Iraq y el Levante, para finalmente adquirir el nombre de Califato del Estado Islámico. Es decir, los cambios de nombre obedecen a cambios en sus ambiciones territoriales, las cuales bajo su denominación actual carecen de un límite definido. El argumento era que la conquista de territorio permitiría el acceso a los recursos que este alberga (a través de su explotación directa en el caso del petróleo, o a través de la extorsión), los cuales facilitarían la ulterior expansión territorial. Además brindaría a potenciales aliados un punto de convergencia, y una entidad a la cual ofrecer sus recursos. A diferencia de Al Qaeda, DAESH tenía como blanco principal a los regímenes del Medio Oriente, y atacaba blancos de potencias extra regionales en lo esencial en respuesta a los ataques que estas realizaban en su contra.

La paradoja es que ambos grupos tuvieron parte de razón: el Estado Islámico consiguió privar a Al Qaeda de la mayoría de los recursos y reclutas, pero a cambio ofreció blancos fijos para los bombardeos aéreos, sin poder hacer nada por evitarlos. Pero esos bombardeos tendrían un efecto limitado mientras no hubiera una fuerza de infantería capaz de recapturar el territorio en manos del Estado Islámico. Eso está cambiando por dos razones. De un lado, porque a diferencia de la coalición liderada por los Estados Unidos, Rusia sí ofrece apoyo aéreo a los avances del ejército sirio (lo cual, por ejemplo, le permitió quebrar el prolongado cerco que el Estado Islámico ejercía sobre la base militar de Kuweiris). De otro lado, Estados Unidos coordina cada vez más sus ataques aéreos con diversas milicias kurdas (en forma explícita en el norte de Iraq, y en forma soterrada y circunstancial en el norte de Siria). Producto de esa colaboración, por ejemplo, las milicias kurdas lograron arrebatar al Estado Islámico la ciudad de Sinjar (importante porque se ubica en la ruta entre Raqqa y Mosul, las dos ciudades más grandes bajo control del Estado Islámico en Siria e Iraq, respectivamente).

Es decir, en colaboración con potencias extra regionales, milicias locales están obligando al Estado Islámico a replegarse progresivamente de los territorios que controla (al igual que ocurriera con intentos previos por crear un Estado islámico, como el de Al Shabab en Somalia, o el de la rama magrebí de Al Qaeda en el norte de Mali, y tal como advirtiera Bin Laden). En ese contexto, los atentados terroristas contra civiles turcos en Ankara, contra civiles rusos en el Sinaí, contra civiles  libaneses en Beirut, y contra civiles franceses en París (todos ellos reivindicados por el Estado Islámico), implicarían la adopción de una estrategia similar a la que esbozara inicialmente Bin Laden. De ser correcta esta hipótesis, derivaría de ella una moraleja en claroscuros: mientras menor sea su control territorial en Medio Oriente, mayores serán los esfuerzos del Estado Islámico por golpear al que Al Qaeda denomina “el enemigo lejano” (V., las potencias occidentales y sus eventuales aliados dentro y fuera de la región).

EL ESTADO ISLÁMICO Y DONALD TRUMP

Como forma de enfrentar la amenaza de seguridad que representa el autodenominado “Estado Islámico”, Donald Trump propone impedir el ingreso por tiempo indefinido de cualquier musulmán que pretendiera inmigrar a los Estados Unidos. ¿Qué tanta seguridad adicional brindaría una norma así?

En primer lugar, los homicidios con motivación política representan una proporción infinitesimal del total de homicidios con armas de fuego perpetrados en los Estados Unidos: cada año mueren en ese país unas 12,000 personas por esa causa. Según la organización New America Foundation[3], en los más de catorce años transcurridos entre el 12 de Septiembre de 2001 y los recientes atentados de San Bernardino, el terrorismo ha provocado un total de 93 víctimas mortales.

Es decir, la propuesta de Trump solo podría tener alguna eficacia respecto a una pequeña fracción del 1% de los homicidios con arma de fuego perpetrados en su país. ¿Detener la inmigración de musulmanes habría conseguido al menos prevenir esas 93 muertes por terrorismo ocurridas en los últimos 14 años? No, porque 48 de esos homicidios fueron cometidos por terroristas de extrema derecha. ¿Habría detenido al menos los 45 homicidios cometidos por terroristas yihadistas? No, porque hasta donde pude averiguar, solo los hermanos Tsarnaev (autores del atentado terrorista en Boston), y Tashfeen Malik (coautora del atentado terrorista en San Bernardino), llegaron a Estados Unidos como inmigrantes. Pero solo esta última calza el perfil temido por los seguidores de Trump, dado que los hermanos Tsarnaev llegaron a los Estados Unidos siendo niños, por lo que presumiblemente no inmigraron con la intención de cometer atentado alguno. ¿La propuesta de Trump habría impedido cuando menos los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001? No, porque solo uno de los 19 perpetradores ingresó a los Estados Unidos con una visa de estudiante (es decir, no era un inmigrante, pero al menos pretendía permanecer en suelo estadounidense por un tiempo prolongado), los otros 18 ingresaron con visas de turista o de negocios[4].

Aún bajo el supuesto negado de que la propuesta de Trump fuese eficaz, ¿sería posible implementarla? Si hubiese propuesto suspender temporalmente la inmigración procedente de países como Pakistán (del cual provenía Tashfeen Malik), no hubiera violado el principio constitucional que garantiza la libertad de religión, y existirían documentos oficiales en los que consta la nacionalidad del portador (los pasaportes). Pero si pretende inmigrar a los Estados Unidos un ciudadano francés, ¿cómo saber si pertenece a la minoría musulmana?, ¿le exigiría a todos los países del mundo clasificar a sus ciudadanos por filiación religiosa para que sean elegibles como inmigrantes?

Si es ineficaz y virtualmente imposible de implementar, ¿qué propósito sirve una propuesta de ese tipo? Sugiero una hipótesis audaz: el propósito no sería resolver problema de seguridad alguno, sino obtener beneficios políticos instigando temor y odio hacia los musulmanes, labor facilitada por cada nuevo atentado terrorista. De hecho, son los mismos sentimientos que buscan instigar los propios terroristas, como revela el documento del Estado Islámico titulado “La Extinción de la Zona Gris”, en el cual sostiene lo siguiente: “Como dijera el Sheik Osama Bin Laden, ‘El mundo está hoy dividido en dos campos. Bush habló con la verdad cuando dijo, O están con nosotros, o están con los terroristas’. Es decir, o están con los cruzados (V., las potencias occidentales), o están con el Islam”. El documento añade  que los ataques del Estado Islámico contra civiles provenientes de esas potencias, “habrán de forzar a los cruzados a destruir por sí mismos la zona gris. Los musulmanes de Occidente pronto tendrán que elegir entre dos opciones: cometer apostasía o emigrar al Estado Islámico, y así escapar la persecución de los gobiernos cruzados y sus ciudadanos”.

En buen romance, Donald Trump, Marine Le Pen y el Estado Islámico buscan obtener respaldo político polarizando las sociedades occidentales entre una mayoría temerosa de la minoría musulmana, y una minoría musulmana temerosa de esa mayoría. La única diferencia es que, una vez dividida de ese modo la sociedad, Trump y Le Pen, de un lado, y el Estado Islámico, del otro, pretenden representar a polos opuestos de la división cuyas acciones contribuyen a crear.

Por cierto, las zonas grises también abundan entre los musulmanes en otras regiones del mundo. Por eso según el Departamento de Estado de los Estados Unidos, a nivel mundial entre 2007 y 2011, «En los casos en los que la filiación religiosa de las víctimas de terrorismo pudo ser establecida, los musulmanes dieron cuenta de entre el 82 y el 97% de las víctimas mortales»[5]. Es decir, las principales víctimas del terrorismo yihadista son otros musulmanes que no comparten su proyecto político.


[1] https://www.stratfor.com/weekly/jihadist-trap-here-and-now

[2] https://www.stratfor.com/weekly/jihadist-trap-here-and-now

[3] http://securitydata.newamerica.net/extremists/deadly-attacks.html

[4] http://www.factcheck.org/2013/05/911-hijackers-and-student-visas/

[5] http://www.state.gov/j/ct/rls/crt/2011/195555.htm

FUENTE DE IMAGEN: www.readingthepictures.org

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