La importancia de la participación de las mujeres en los procesos de paz: el caso colombiano

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Como se sabe, Colombia atraviesa un proceso de negociación de paz con las FARC, cuyo anuncio oficial se hizo en setiembre del 2012 cuando el presidente Juan Manuel Santos hizo público el Acuerdo Marco preliminar para la terminación del conflicto armado colombiano[1]. Paralelamente, una serie de medidas de justicia transicional se vienen adoptando en ese país, con miras a preparar el camino hacia el tan esperado post conflicto.

En este proceso, la sociedad civil tiene un rol fundamental, sin duda, no solo en la discusión de cada uno de los puntos de la agenda que se viene negociando, sino para la refrendación y el posterior cumplimiento del Acuerdo de Paz. En ese contexto, el rol de las mujeres y la aplicación de una perspectiva de género son fundamentales.

Por un lado, existe un marco internacional que promueve la participación activa de las mujeres en las negociaciones de paz, integrado fundamentalmente por las Resoluciones del Consejo de Seguridad. Así por ejemplo, la Resolución 1325 (2000) insta a todos los que participen en la negociación y aplicación de acuerdos de paz que adopten una perspectiva de género, es decir, que tengan en cuenta las necesidades especiales de las mujeres y las niñas y que adopten medidas para apoyar las iniciativas de paz de las mujeres locales. Adicionalmente, la Recomendación General 30 del Comité de la Cedaw del 2013 resalta la importancia de la inclusión de una masa crítica de mujeres en las negociaciones internacionales, las actividades de mantenimiento de la paz, la diplomacia preventiva, la mediación, la asistencia humanitaria, la reconciliación social, las negociaciones de paz a nivel nacional, regional e internacional y el sistema de justicia penal.

Ahora bien, más allá de las normas jurídicas la realidad demuestra que la presencia de las mujeres en las negociaciones de paz es mínima y, por demás, tardía. En este sentido, en el 2012, ONU Mujeres[2] publicó un estudio de 31 de los procesos de paz más importantes que tuvieron lugar entre 1992 y 2011 y concluyó que solo un 4% de los signatarios, un 2,4% de los mediadores principales, un 3,7% de los testigos y un 9% de los negociadores eran mujeres. Pero, además de esto, las mujeres no necesariamente se ubican en los roles principales: pueden ser las asesoras, las abogadas, las integrantes de los equipos técnicos pero no tienen protagonismo ni actúan directamente en las negociaciones de paz.

Cabe preguntarse, por tanto, cuáles son las consecuencias de simplemente añadir a las mujeres en las negociaciones o limitar su participación protagónica a una minoría simbólica en estos procesos.

En primer lugar, debe tenerse claro que añadir mujeres después de que se inicia un proceso de negociación de paz no es trabajar con una perspectiva de género, ya que es en el período de las negociaciones iniciales donde se darán las discusiones fundamentales, los puntos básicos de negociación, las prioridades y  la metodología que luego determinarán el desarrollo del proceso.

En segundo lugar, dejar a las mujeres por fuera es un desconocimiento de su rol como negociadoras y promotoras de la paz cotidiana, ya que las mujeres en las comunidades tienen que lidiar con el conflicto armado y negociar su sobrevivencia y las de sus familias a diario, independientemente de las negociaciones que los actores armados puedan iniciar.

En tercer lugar, se manda un mensaje negativo al país, que entenderá que la presencia de las mujeres no es imprescindible para lograr la paz  ni para mantenerla y, por tanto, su participación en mecanismos post conflicto y de justicia transicional también se verá afectada. En este punto, es importante preguntarse cómo se ubicarán las mujeres en la nueva institucionalidad que se desarrolle para la construcción de la paz.

Finalmente, no hay que olvidar un punto esencial: sin la sociedad civil, el acuerdo de paz no se podrá sostener y son las mujeres las que pueden asumir el liderazgo a nivel regional. Esto implica, por un lado, conocer lo que las mujeres han venido haciendo ya que su trabajo en las organizaciones ha establecido las bases de la confianza que ningún actor armado tiene y será esa confianza la que permita implementar el acuerdo de paz.

Todo lo dicho se puso de manifiesto recientemente, en Medellín, donde se organizó el II Foro Paz – Palabra de Mujer, bajo la coordinación de la Secretaria de Equidad de Género para las Mujeres de la Gobernación de Antioquia y la Secretaria de las Mujeres de la Alcaldía de Medellín, en el cual se discutió ampliamente sobre la importancia de la participación de las mujeres en el proceso de paz colombiano y que contó con la participación de 1500 mujeres líderes de organizaciones. En esa ocasión, se difundió la Agenda de las Mujeres por la Paz, formulada en el 2014 por diversas mujeres de las 9 regiones de Antioquia y de las 16 comunas y 5 corregimientos de la ciudad de Medellín.

La paz sin las mujeres será una paz a medias. Y una paz incompleta, sin duda, facilitará el surgimiento de nuevos conflictos.


Fuente de la imagen: http://www.semana.com/

[1] http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2012/Octubre/Paginas/20121018.aspx

[2] ONU Mujeres, octubre 2012, Participación de las mujeres en las negociaciones de paz: relaciones entre presencia e influencia.

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Con todo derecho. Abogada por la PUCP con un Diploma de Estudios de Género por la Facultad de Ciencias Sociales de la misma universidad, programa del cual es docente. LLM en Derechos Humanos por The London School and Economics and Political Science (LSE) de la Universidad de Londres. Docente de la Academia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del Washington School of Law de American University en Washington, D.C. Asesora Especializada Internacional en Justicia Transicional con Perspectiva de Género para la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres). Fue la Encargada de la Línea de Género de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú y de la investigación de los casos de violencia sexual contra las mujeres en el conflicto armado peruano.

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