El incumplimiento de la norma y la relación con la autoridad en el Perú | Fernando Del Mastro

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Escrito por Fernando Del Mastro Puccio, coordinador del Área de Ética e investigador en Derecho y Psicoanálisis en la PUCP

El incumplimiento de la norma debe comprenderse en el marco de la relación que las personas tienen con las figuras de autoridad. Por ello, no se trata de un hecho aislado que podamos comprender diciendo cosas como “las personas hacen lo que quieren”, “no respetan la norma”, “siempre justifican su incumplimiento”, “no cumplen porque no hay sanción”, entre otros. Ese es un nivel de análisis demasiado superficial que presenta como causa lo que en realidad son consecuencias del tipo de relación que tenemos con figuras de autoridad.

Veamos. A lo largo de vida, desarrollamos concepciones acerca de las normas: quién las crea, cómo las crea y las comunica, para qué las crea, quién las puede incumplir, porqué cumplirlas y por qué no, qué sentido tienen, entre otras. Estas concepciones, de las que muchas veces no somos conscientes, no se generan mágicamente ni están inscritas en nuestro adn peruano.

Nuestros modos de concebir y de vivir las normas se construyen en espacio de socialización como la familia y la escuela. En esta última, por ejemplo, podemos aprender que las normas propiedad de la autoridad que puede crearlas sin atender a nuestras opiniones y necesidades, que puede aplicarlas a unos y no a otros, que puede incumplirlas sin consecuencia, que puede alterarlas o inventarlas sin justificación, entre otros. Podemos aprender también, por ejemplo, que preguntar por el sentido de las normas o cuestionarlas nos trae problemas y es mejor no hacerlo,

Así, vivimos las normas como algo ajeno y lejano, algo que es propiedad de otro, algo que solo se debe cumplir porque caso contrario te sancionan y, en ese sentido, se puede incumplir siempre que se pueda eludir la sanción. Esto, por supuesto, no pasa porque somos malos de nacimiento, sino porque hemos vivido las normas como un elemento de relaciones en mayor o menor medida autoritarias.

Lo que digo es, por supuesto, una generalización. Las dinámicas con la autoridad y las razones por las que las normas se incumplen son múltiples y complejas. Sin embargo, diversas investigaciones apuntan a modelos de autoridad autoritarios en las escuelas peruanas. Y no solo en ellas. También en las universidades (en las facultades de derecho, por ejemplo) tenemos docentes que actúan sin límites: llegan una hora tarde a clase y toman evaluación, faltan a la mitad del curso y no se disculpan, pierden notas y se las inventan, entregan notas fuera del plazo, insultan y humillan, no hacen clase y califican arbitrariamente, entre muchos otros.

Con estos modelos de autoridad en las escuelas y universidades, ¿qué tipo de vínculo estamos desarrollando con las normas? ¿Estas son algo valioso que tiene sentido porque nos ayuda a convivir o son propiedad de quien tiene poder y para nosotros es siempre algo ajeno que nos disgusta? ¿Qué sentimos por las normas, qué afectos nos despiertan?

Es fácil culpar a quien incumple y más difícil advertir que el problema está en el tipo de relaciones que tenemos y que las figuras de autoridad tienen una gran responsabilidad en el asunto. Si la noma no vale nada en buena parte del país, no es porque nos gusta incumplir, porque somos peruanos o por la cultura de “pepe el vivo”; al menos, no creo que sea solo ni principalmente por eso. El problema es mucho más complejo, dinámico y de naturaleza relacional. El incumplimiento es un síntoma del tipo de relación.

Advertir esto es crucial al momento de plantear soluciones posibles. Estas no pasan por hacer que las normas sean más fáciles de cumplir o por hacer que las sanciones sean más efectivas. Quienes proponen esas cosas olvidan que quienes crean las normas son parte del problema porque son parte de la relación. Por ello, esperar que todo cambie gracias a una mejor técnica o copiando lo que hicieron en otro país es una ilusión. Lo que tenemos que comprender, desde el campo (por ejemplo, desde las vivencias de estudiantes y docentes) es cómo son las diversas dinámicas que mueven las relaciones con las figuras de autoridad y trabajar en mejorarlas en ámbitos como las escuelas. Pero eso quizá sea también una ilusión porque para ello hay que reconocer que el problema no es solo del otro y romper esa proyección en estos tiempos parece imposible. Hace demasiado tiempo no veo o a una figura de autoridad incluirse en la ecuación del problema. Enfocar todo lo negativo en el regulado que incumple, que no entiende, que no actúa bien, es un claro síntoma de ello.

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