¿Qué pasó con los ojos de Keane?: Análisis del filme biográfico “Big Eyes” desde el Derecho de autor | Alexandra Sierra

570
0
Compartir

Escrito por Alexandra Sierra (*)

  1. Introducción

¿Qué tan complicado puede ser para un artista desprenderse de su obra? A lo largo de la historia, el arte ha tomado rasgos mucho más mercantiles, lo que ha llevado en ocasiones a que el artista “desaparezca” y sea solo su obra la que el mundo conoce y aprecia. Sin embargo, incluso ante un escenario como este, donde la obra se desprende físicamente del autor para ser objeto de venta o se masifica con el mismo propósito, la autoría nunca se pierde, incluso si es o no reconocida. A pesar de que lo mencionado pueda parecer obvio, diversos artistas en la historia se han visto involucrados en conflictos de autoría, o se han visto en la necesidad de “renunciar” a ella.

Este es el caso de Margaret Keane, artista estadounidense y pionera de la corriente “big-eyed art” o “pop surrealism”, la cual se caracteriza por la desproporción de los ojos de sus personajes respecto al rostro, puesto a que son sumamente grandes. Margaret fue opacada por su entonces esposo Walter Keane, quien se llevó el crédito de sus famosas pinturas por décadas. El presente artículo tiene como propósito recordar su obra, así como analizar el derecho moral de paternidad en base a su película biográfica: “Big Eyes”.

 2. Sobre los derechos de autor

Los derechos de autor se basan en la relación del autor y su obra, este está íntimamente vinculado a ella al intervenir en su creación, y por ello estos derechos suelen llamarse “derechos de los creadores”. Gracias a ellos, se protege la originalidad de distintas creaciones, principalmente artísticas, musicales, literarias, audiovisuales, de artes plásticas, entre otras. Las bases teóricas de esta protección fueron tomadas de dos grandes autores, Locke y Hegel, que, si bien no hacen referencia directa a los derechos de autor, ayudan a sentar las ideas principales.

Respecto a Locke, los derechos de autor se apoyan en su idea sobre la propiedad, la cual desarrolla en el quinto capítulo del “Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil”, donde menciona sobre el hombre: “Cualquier cosa que él saca del estado en que la naturaleza la produjo y la dejó, y la modifica con su labor y añade a ella algo que es de sí mismo, es, por consiguiente, propiedad suya” (1823, p.10). Respecto a las ideas tomadas de Hegel, los derechos de autor se basan en que se “[…] justifica que a un individuo se le conceda un derecho sobre un objeto cuando pone algo de sí mismo en ese objeto” (OMPI 2010, p.18). Entonces, en tanto el hombre, como ser creativo, pone de sí en su obra y se representa en ella, esta le pertenece, y por ello es que goza de derechos como autor de la misma.

El Derecho de autor tomó sentido a partir de la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg. No se debe entender que antes de ella cualquier tipo de producción fuese necesariamente de dominio público, sino que su invención marcó un antes y un después, en tanto la imprenta abrió la posibilidad de obtener mayores beneficios económicos, gracias a que ofrecía facilidades en la producción y difusión de libros. Es a partir de este momento que, los autores buscaron ser reconocidos por sus obras para poder comercializarlas, y nace el interés por reclamar su autoría cuando estas fueran reproducidas por un tercero no autorizado, puesto a que ello tenía consecuencias negativas en sus ventas y ganancias (Matthews, 1890, p. 586).

Entonces, los derechos de autor tienen un claro correlato económico, se entiende que únicamente el creador es quien debería ser retribuido por su obra. La lógica detrás de ello, de la protección y las prerrogativas es que:

  1. Se fomenta la creatividad y se genera un beneficio social, ya que, a más obras producidas, mayor circulación de información y conocimiento al que las personas pueden acceder, así como inspirarse para seguir creando (es un incentivo).
  2. Se genera un beneficio económico, puesto a que se entiende que, a más producción de obras, habrá más oferta y competencia en el mercado.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) reafirma este beneficio social y desarrollo económico. Asimismo, hace una diferencia entre los derechos patrimoniales, por los que los autores son retribuidos por el uso de terceros; y derechos morales, derechos indisponibles que protegen el vínculo del autor con su obra (2016, pp. 3 – 9).

3.  Sobre el argumento de “Big Eyes”

Además de contar con una de las personalidades más excéntricas del cine como director (Tim Burton), y salvando las ligeras diferencias con la realidad, el filme biográfico “Big Eyes” relata la historia de Margaret desde los 50’s en adelante, cuando decidió divorciarse y huir de casa sin más que su menor hija, su auto y sus pinturas. Al llegar a una nueva ciudad, conoce a Walter Keane, quien se hizo pasar por un artista frustrado, y le propone matrimonio para evitar que su ex esposo le quite la custodia de su hija, pues se consideraba que una mujer divorciada en una ciudad nueva no podía cubrir responsablemente con las necesidades de la menor. Sin embargo, el propósito de Walter nunca fue el de formar una familia con ella, mucho menos el de ayudarla.

A partir de ese matrimonio, Margaret empezaría a firmar sus pinturas con su nuevo apellido: “Keane”. Walter Keane era el encargado de venderlas, y dado a que la firma de Margaret llevaba su apellido, se atribuyó la autoría fácilmente, siendo aclamado y reconocido por los medios. La particularidad de los ojos grandes que Margaret pintaba hicieron que las pinturas fueran un gran éxito, pero fue Walter quien se robó el reflector y las cuantiosas sumas de dinero que las pinturas generaban con las ventas. Mientras tanto, Margaret, a pedido de su esposo, pasaba días y noches encerrada en un cuarto pintando, bajo constante maltrato psicológico, y amenazada por Walter, quien la convenció de que llevarse el crédito era su única salvación para mantener a su hija a salvo.

Walter Keane no solo tomó provecho de su apellido, sino también de la situación de Margaret, quien fue puesta bajo la lupa de una sociedad que no aceptaba que una mujer dejara a su esposo. Le hizo creer que, si ella se presentaba al mundo como la autora de las pinturas, nunca tendría el mismo éxito, pues “las personas no consumían arte de una mujer”. Ante esto, Margaret se limitaba a observar cómo alguien se llevaba todo el éxito que ella merecía, por temor a que Walter tomara represalias contra ella o su hija, y decidió “renunciar” a su autoría firmando documentos en los que acreditaba que Walter era el pintor. Sin embargo, cabe preguntarnos si es que realmente era posible que Margaret “renunciara” a su autoría, y la respuesta es un rotundo “no».

4. Sobre el derecho moral de paternidad y el caso Keane vs. Keane

Como ha sido mencionado en párrafos anteriores, dentro de los derechos de autor podemos hablar de derechos morales. Estos derechos son inalienables e indisponibles, es decir, no pueden ser cedidos, transferidos, ni mucho menos se puede renunciar a ellos, puesto a que son extrapatrimoniales. Dentro de ellos encontramos al derecho de paternidad, que consiste principalmente en tres aspectos: (i) que el autor sea conocido públicamente como el creador de su obra; (ii) evitar que terceros usurpen su obra o se le atribuya la autoría a una persona distinta; y, (iii) evitar que a un autor se le atribuya erróneamente la creación de obras de terceros (Strauss, 1955, p. 508). Relacionando lo mencionado con el caso de Margaret, ella no solo no fue públicamente reconocida como creadora, sino que se permitió que un tercero se atribuya la autoría, por lo que fue una clara vulneración a su derecho moral de paternidad.

A pesar de la evidente vulneración a su derecho de paternidad sobre las pinturas, el día en que Margaret Keane decidió terminar con la estafa de Walter Keane en 1986, con una demanda ante la Corte del Distrito Federal de Honolulu en Hawaii, esta no fue realizada en base a una vulneración a sus derechos morales. El caso Keane vs. Keane fue llevado como un “slander suit”, que fue resuelto con el pedido del juez a las partes de realizar una pintura de forma presencial en la misma Corte. Como era de esperarse, mientras Walter fingió una lesión en el brazo y buscó excusas para no realizar una pintura, Margaret, en menos de una hora, pintó un retrato al que llamó “Exhibit 224”, puesto a que esa era la prueba de que ella era la verdadera autora.

Surge entonces la siguiente pregunta: ¿por qué el caso Keane vs. Keane fue llevado como un “slander suit” y no como un caso de vulneración de derechos morales? Un “slander suit” puede interpretarse como una demanda por difamación, que en el derecho estadounidense abarca cualquier declaración que dañe la reputación de una persona. Cuando la declaración es escrita, la demanda se denomina “libel suit”, y cuando es enunciada verbalmente se denomina “slander suit”[1]. La razón por la cual la demanda no fue llevada como un caso de vulneración al derecho moral de paternidad es que el tratamiento de los derechos de autor en sus orígenes fue distinto al que conocemos en la actualidad.

En sus orígenes, la concepción de los derechos morales fue distinta a la visión más económica que solían tener los países que empleaban el “copyright”. En estos países, la protección de los derechos de autor tuvo como centro la explotación de la obra, a diferencia del sistema de derechos morales, en el que el centro de protección fue el autor en sí mismo y su vínculo espiritual con la obra (Raizon, 2014, p. 12). Ante ello surge la diferencia antes señalada de derechos patrimoniales y derechos morales, donde la influencia francesa es amplia, debido a que su doctrina y legislación tiene especial énfasis en el trabajo creativo.

Es en el año 1957 que, por primera vez, Francia promulgó su primer estatuto para proteger los intereses no económicos del trabajo creativo y el vínculo íntimo con el autor en la ley N° 57-298.[2] Así, posteriormente, con mayor desarrollo, los derechos conocidos como derechos morales fueron cuatro: le droit à la paternité (paternidad), le droit au respect de l’œuvre (integridad de la obra), le droit de divulgation (divulgación de la obra) y le droit de repentir or de retrait (retiro de la obra). Asimismo, podemos encontrar la protección de este vínculo entre el autor y su obra en la Convención de Berna. Por otro lado, la protección del “copyright”, en sus orígenes en el Common Law, tomaba distancia del sistema francés al tener un enfoque mucho más patrimonial y lleno de formalidades, dentro de las cuales se encontraba el registro de la obra. Sin embargo, posteriormente, esta versión del “copyright” se vio sumamente influenciada por la tradición continental, perdiendo entonces la formalidad del registro de la obra y ampliando por mucho más tiempo el plazo de protección (Mirosevic, 2007, pp. 51 – 53).

Esta influencia continental puede notarse en el caso de Keane vs. Keane, puesto a que uno de los factores importantes dentro de la concepción francesa de derechos morales es la reputación del artista. Se habla de reputación en tanto la ley francesa empezó a valorar el honor y la reputación del artista en la toma de sus decisiones creativas, y por lo tanto en el control de sus derechos morales (Liemer, 2011, pp. 71 – 72). Por ello es que la demanda se llevó como un “slander suit”, en tanto Walter Keane mencionaba públicamente que él era el artista tras los lienzos, afectando desde la teoría francesa la reputación de Margaret. Sin embargo, si bien en la época en la que el juicio se desenvolvió era factible llevar el caso de esa forma, en la actualidad no podríamos hablar de una demanda de difamación para proteger los derechos morales, puesto a que el desarrollo legislativo y jurisprudencial en el mundo es amplio y afortunadamente mucho más especializado.

5. Comentarios finales

Volviendo a la pregunta con la que empieza este texto, ¿qué tan complicado puede ser para un artista desprenderse de su obra? El jurista Henri Desbois señala: “L’œuvre porte l’image de celui qui l’a créée, à la manière d’un miroir” (1958). El artista plasma en su obra una parte de sí cuando la crea y expresa en ella su visión de la realidad en un proceso íntimo. La obra y el artista, el vínculo espiritual que existe entre ambos, ciertamente debe protegerse, romper ese vínculo implica negarse a sí mismo en su creación, por lo que, como autor, no puede desprenderse de ella.

Margaret Keane no es la primera, y probablemente no sea la última artista obligada a romper ese vínculo, incluso, no fue la única mujer a la que se le negaron derechos que le correspondían. A lo largo de la historia, a distintas creadoras y artistas se les dijo que sus obras no se adecuaban al sistema de derechos de autor solo por ser mujeres, pues las personas “no consumían arte producido por una mujer”, cuando en realidad lo que no se adecuaba a ellas era el sistema. Obligarlas a renunciar a su autoría no es solo una vulneración contra su obra, sino también contra cómo ellas se representan en ella como personas dignas. Por ello, si bien la importancia de la protección que brindan los derechos de autor está muy ligada a aspectos económicos, estos no tienen que ser los únicos a ser tomados en cuenta, sino que también deben tener la misma relevancia los aspectos sociales, de la evolución del derecho, éticos y morales.

(*) estudiante de Derecho en la PUCP y miembro ordinaria de la asociación civil IUS ET VERITAS

Imagen obtenida de  https://bit.ly/3hj6lmC


Referencias bibliográficas

[1] Véase en: https://injury.findlaw.com/torts-and-personal-injuries/defamation-law-the-basics.html

[2] Véase en https://www.legifrance.gouv.fr/affichTexte.do?cidTexte=JORFTEXT000000315384

6. Bibliografía

Burton, T. (Productor y director). (2014). Big Eyes [filme biográfico]. Estados Unidos: Tim Burton Productions.

Desbois, H. (1958). Le droit moral. Revue internationale du droit d’auteur, 19(4), 121-159. https://www.la-rida.com/fr/article-rida/3393?lang=fr#read

Liemer, S. (2011). On the Origins of le Droit Moral: How Non-Economic Rights Came to be Protected in FrenchIP Law. Journal of Intellectual Property Law, 19, 66-115. https://digitalcommons.law.uga.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1062&context=jipl

Locke, J. (1823). Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Alianza Editorial. http://cinehistoria.com/locke_segundo_tratado_sobre_el_gobierno_civil.pdf

Matthews, B. (1890). The Evolution of Copyright. Political Science Quarterly, 5(4), 583-602. doi:10.2307/2139530

Mirosevic, C. (2007). Origin and Evolution of Copyright, Specially Referred to the Chilean law. Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 28(1), 35-82.

http://www.rdpucv.cl/index.php/rderecho/article/viewArticle/637

OMPI. (2010). Estudio exploratorio sobre el derecho de autor y los derechos conexos y el dominio público.

https://www.wipo.int/export/sites/www/ipdevelopment/es/agenda/pdf/scoping_study_cr.pdf

OMPI. (2016). Principios básicos del derecho de autor y los derechos conexos (2.a ed.). https://www.wipo.int/edocs/pubdocs/es/wipo_pub_909_2016.pdf

Raizon, H. (2014). La contractualisation du droit moral de l’auteur (Thèse pour obtenir le grade de Docteur de l’Université d’Avignon et de pays de Vaucluse). Université d’Avignon et de pays de Vaucluse, Francia.

Strauss, W. (1955). The Moral Right of the Author. The American Journal of Comparative Law, 4(4), 506-538. doi:10.2307/838072

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here