Inteligencia Artificial y Precedentes Judiciales: Primeras consideraciones ante una inminente realidad | Christian Delgado Suárez

¿La sofocante presencia de la tecnología y en el proceso judicial permitirá que también la inteligencia artificial (AI) sustituya las funciones de juzgar? ¿Hay algún espacio o posibilidad para que la inteligencia artificial reemplace al razonamiento legal humano? El reciente y ya creciente desarrollo de softwares legales parecen revelar esta modalidad. Christian Delgado Suárez, abogado por la Universidad de Lima y asociado senior de Hernández & Cía. Abogados, responde dichas interrogantes.

579
0
Compartir

Christian Delgado Suárez*

Durante la mitad del siglo pasado, Isaac Asimov trajo a nuestra imaginación la fascinante idea de que el razonamiento humano podría ser realizado no solo por humanos sino por entidades no humanas. Con esta idea poco conservadora para aquel entonces se puso en discusión – así sea a nivel de literatura de ciencia ficción – si la capacidad de pensar y razonar caracterizaba solo a la humanidad.

En realidad, en la obra literaria “Yo, Robot”, Asimov nos invitó a pensar que el razonamiento podría ser replicado por alguna entidad artificial si es que podríamos enseñarle a razonar, pensar y tomar decisiones, siempre guiado por principios que impidieran alguna fuga al libre albedrío. Pensar que ello podría ocurrir constituía verdadera herejía.

¿En qué medida impacta esto en el razonamiento legal?

A través del desarrollo de los sistemas judiciales, la función de las Cortes Supremas y de la jurisdicción en general ha experimentado diferentes cambios a la sazón de las ideologías y contextos históricos. Las Cortes Supremas, en particular, desde su perfil francés clásico caracterizado por tener una actitud reactiva a la creación del derecho, hasta las cortes vértice del common law muy protagónicas en la creación jurisprudencial del derecho, guardan una particularidad en común: la creación del derecho vía jurisprudencia – y sus decisiones – es un ámbito que pertenece a seres humanos pensantes (jueces).

Por lo tanto, sabemos que la Corte Suprema persigue o aspira alcanzar dos finalidades: i) preservar la nomofilaquia o correcta aplicación del derecho objetivo y; ii) fungir de guía interpretativa para la magistratura nacional, a través de la eliminación de divergencias interpretativas mediante precedentes vinculantes.

Precisamente, este ensayo tiene por finalidad llamar la atención en lo que toca a estas funciones y confrontarla con la siguiente realidad: ¿la sofocante presencia de la tecnología y en el proceso judicial permitirá que también la inteligencia artificial (AI) sustituya las funciones de juzgar? ¿Hay algún espacio o posibilidad para que la inteligencia artificial reemplace al razonamiento legal humano? El reciente y ya creciente desarrollo de softwares legales parecen revelar esta modalidad.

No obstante, el derecho posee una infinidad de características que lo tornan único. Muchos de estos temas abordan permanentes colisiones entre principios y reglas. Mientras otros dominios del razonamiento como la medicina o cualquier ciencia exacta son desarrollados de ciertas formas, ninguna ciencia lo hace en la forma y grado que el derecho lo hace. Como las reglas son signos lingüísticos y símbolos, cada interprete puede presentar diferentes y variados significados de un solo signo lingüístico. Si esto ocurre, inclusive en la corte u órgano jurisdiccional de mayor jerarquía podría también ocurrir el desvío por diversos senderos interpretativos cada vez que el derecho y los hechos así lo exijan.

Pero muchas reglas y principios pueden llevar a resultados contradictorios. Inclusive en áreas más estables del derecho existe más de una regla o principio para poder resolver una disputa suscitada entre dos partes.

 

Uso de la tecnología en el proceso de producción de decisiones judiciales:

Hoy en día la inteligencia artificial sirve a muchos sistemas judiciales gracias a la aplicación de respuestas por default derivadas de la alimentación de información a estas tecnologías. Inclusive, adicionalmente a insertar big data en sistemas computacionales ahora estamos enseñándoles a aprender por sí mismos.

Por ello, a raíz del desarrollo de algoritmos la ciencia de la computación ha incrementado la posibilidad para que estos algoritmos no solo puedan seguir instrucciones sino, aprendan determinadas conductas que les permitan decidir o responde en una cantidad de escenarios a través de constante repetición. Estos algoritmos usan el machine learning para realizar predicciones acerca de ciertos hechos hasta que desarrollan el famoso worst or best case scenario a través del análisis de eventos replicados.

Estos sistemas vienen siendo utilizados como complemento en la labor de crear decisiones judiciales. El filtro o criterio para llevar a cabo estas tareas transita por el procesamiento de datos, como reglas, principios, doctrina y jurisprudencia para realizar predicciones o tener definiciones predeterminadas para resolver disputas. Esto podría transparecer una intención de enseñar a un sistema informático a “pensar” seleccionado y analizando data para plasmarlo en una decisión judicial.

Dirigimos la siguiente cuestión: ¿cómo es que los procedimientos de razonamiento inherentes al ser humano podrían colisionar con la inteligencia artificial? ¿Existe posibilidad de implementar la inteligencia artificial para crear precedentes judiciales?

Softwares y algoritmos pueden identificar reglas, principios, precedentes y teorías en orden a producir decisiones y reservar cierto espacio de análisis a los jueces. No obstante, esta forma o método de crear decisiones judiciales viene con una vasta cantidad de información relativa o variable que debe ser procesada. Esto significa que las bases de datos legales, reglas y precedentes deben ser puestos en sistemas por humanos dejando así una brecha para el error o sesgos en la información y, luego, en la decisión.

La utilización de estas tecnologías ha llevado a ridiculizarlas y considerar este proceso como decisiones ready to wear, al ser prefabricadas sin algún trazo de raciocinio o mecanismo intelectual atribuible al ser humano. Para el entender de los teóricos más entusiastas al respecto inclusive podrían verse seducidos por afirmar la total substitución del juez por una máquina.

Es metodológicamente complicado pensar que la pre-comprensión del fenómeno social y legal puesto a la vista de un juez humano sea un dato frío a ser analizado y procesado por un sistema informático. Existe un gran riesgo de fallo o error en subir la información para alimentar el algoritmo y los sistemas, creados y programados por humanos, cabe decir.

Otra espiral en la que puede caer este nuevo método resultaría ser el sesgo en la información insertada en los sistemas realizada por el ser humano que lo programa o alimenta. Sesgos cognitivos en los jueces son frecuentes y esto podría ser comparado con los sesgos tecnológicos al momento de alimentar dichos sistemas.

Por otro lado, y visto desde la perspectiva tradicional, en tiempos de transparencia y gobierno ético es complicado tener conocimiento de qué información se está subiendo o alimentando al software. No es menos cierto que en términos de sistemas y software la información encriptada prevalece sobre la transparencia pública y esto podría llevar eventualmente a sistemas corruptos por la información alcanzada.

Encontramos otra limitación al uso desmedido de estas tecnologías. En tiempos de proceso electrónico o justicia virtual, existen garantías mínimas del debido proceso que deben ser respetadas. Principios como la motivación de las decisiones y la existencia de un juez natural podrían verse neutralizadas si abusamos o confiamos en exceso en la inteligencia artificial como la panacea de los problemas contemporáneos que aquejan a la justicia civil patria. Solo como anécdota, ¿el concepto de jurisdicción debiera actualizarse frente al paso de la inteligencia artificial?

 

Consideraciones finales:

Con el avance tecnológico el operador legal debe ser más un compositor que un cantante. En lugar de repetir una tarea, el operador legal debe ser llamado a crear contenido y dar sentido al derecho. No se pretenda afirmar que las decisiones e interpretaciones vienen empaquetadas por obra y gracia de sistemas informáticos. Sería caer precisamente en lo que la escuela de la subsunción de los textos normativos quiso, pero digitalizado.

No debemos olvidar que la interpretación del derecho – que conlleva a plasmación en decisiones – es como apreciar una obra de arte; observamos, tocamos, sentimos y así expresamos algo sin reproducir o replicar. Eros Grau ya equiparaba a la interpretación jurídica como un arte halográfico en el que se requería de un mediador (intérprete) para extraer un significado del objeto en análisis.

Imposible sugerir descartar el impacto y uso de la inteligencia artificial o de las tecnologías en el derecho y, precisamente, en el proceso judicial. Creería que en las estadísticas respecto de eficiencia procesal podríamos despuntar con el uso de estos sistemas. No obstante, algunos límites debieran ser analizados antes de inaugurar el uso de la IA en el proceso.


Imagen obtenida de https://computerhoy.com/reportajes/tecnologia/inteligencia-artificial-469917

 

* Asociado Senior en Hernández & Cía. Profesor en las maestrías en Derecho Procesal y en Política Jurisdiccional en la PUCP. Máster en Derecho Procesal por la Universidad Federal del Paraná (Brasil) y en Derecho Constitucional por la Universidad de Génova (Italia). Past miembro de la Comisión de Reforma al Código Procesal Civil de 1993 convocada por el Ministerio de Justicia. Amicus Curiae de la Corte Suprema. Abogado por la Universidad de Lima.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here