Financiamiento Responsable: apuntando a una paleta de proyectos sostenibles | Valeria Sánchez

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Por Valeria Sánchez*

Los mercados vienen evolucionando con el paso del tiempo y cada vez se enfrentan a desafíos más complejos; sin esforzarnos mucho un ejemplo muy claro de esto, es la pandemia COVID-19, la cual ha reducido -y hasta paralizado- la actividad y producción de varias compañías grandes, medianas y pequeñas, sin distinción, alrededor de mundo.

Es por ello que cada vez son más comunes las campañas de concientización, en todos los niveles, con la intención de resolver futuros posibles escenarios problemáticos. El ejemplo más significativo es el documento denominado “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, emitido el 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante el cual se adoptaron los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Este documento tiene la finalidad de establecer una guía para que las organizaciones públicas y privadas incorporen el concepto de sostenibilidad medio ambiental, económica y social a su visión y misión, según pueda ser aplicado al rubro donde se desarrollen; del mismo modo, se hace un llamado a las compañías para que, en lo posible, incorporen dichos objetivos sostenibles también al mundo corporativo.

A través de la herramienta denominada “sostenibilidad corporativa” los inversionistas pueden conocer si sus inversiones tienen como finalidad desarrollar proyectos sostenibles a mediano y largo plazo, mediante una gestión integral de las operaciones de las compañías. En este contexto, vemos que el mercado actual va girando más y más a uno con inversionistas concientizados y enfocados en buscar oportunidades de inversión sostenible, sin dejar de lado el apetito por la rentabilidad (ya sea inversiones en capital y/o deuda), así como con compañías interesadas en cumplir con dichos objetivos sostenibles. Durante muchos años las compañías veían como un costo mezclar sus proyectos con la sostenibilidad; sin embargo, a través de la teoría de creación de valor compartido (shared value)[1], que no es más que la generación de un beneficio significativo para la sociedad y para el negocio, y de la materialización de esta teoría por parte de las compañías, se ha demostrado que, si ambos conceptos se trabajaran de forma conjunta y no independientemente, su potencial aumentaría significativamente.

A efectos que las compañías puedan cumplir con sus objetivos corporativos, es necesario que estas puedan acceder a financiamientos, ya sea a través de créditos o el mercado de capitales, para poder operar a la escala planteada, los cuales pueden obtener directamente de entidades financieras (ya sean bancos locales, multilaterales o aseguradoras, entre otras) o de inversionistas naturales, jurídicas y/o patrimonios autónomos (fondos de inversión, fondos mutuos, fideicomisos, entre otros).

Respecto al financiamiento a través del mercado de capitales, en el 2008 empezó la revolución con los muy conocidos “Bonos Verdes[2] emitidos por el Banco Mundial[3] y dirigidos a Inversionistas Institucionales[4]. Dicha emisión fue considerada un importante hito, que llevó a distintas entidades a ver una oportunidad de estructurar valores mobiliarios con propósitos específicos que pudieran atraer a más inversionistas comprometidos con la tan llamada y ansiada sostenibilidad.

Desde el 2008 a la fecha, se han creado otros tipos de bonos, conocidos en el mercado de capitales como bonos temáticos, bonos propósito, bonos de impacto, bonos sostenibles, o simplemente bonos de colores, como prefieran llamarlos, los cuales tienen como principal finalidad comprometerse con el desarrollo sostenible, eco-amigable y social con el planeta a través del financiamiento de proyectos o refinanciamiento de cartera de proyectos del emisor, que vayan de la mano con los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” y calificados como tales por los estándares de sostenibilidad establecidos por los Green Bond Principles (GBP) o Climate Bonds Standard (CBS), entre otros, según el objetivo del bono, y para ser más atractivos de cara a los inversionistas. De acuerdo con información publicada por el BID, actualmente en el mundo existen cuatro categorías reconocidas de estos bonos: i) verdes; ii) sociales; iii) sostenibles; y, iv) azules (títulos en desarrollo para preservar los océanos)[5], todos en desarrollo y con miras a multiplicarse en más colores para seguir aportando a cumplir con los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Los bonos sostenibles pueden llegar a ser instrumentos muy líquidos y ofrecer rentabilidades muy altas y competitivas, adecuándose a la realidad de cada país donde se utilizarán los fondos y desarrollará el proyecto para el cual fueron estructurados; incluso se podría lograr que la compañía que emita dichos bonos sea reconocida por los consumidores debido al impacto de sus proyectos en su entorno. Tan solo en el año 2018, el mercado de capitales emitió en bonos verdes una suma total de US$ 167 000 millones alrededor del mundo; sin embargo, en Latinoamérica el panorama no fue tan alentador, ya que solo se registraron emisiones por US$ 1,000 millones, siendo Brasil, Chile y México los principales emisores[6].

Ahora, la pregunta que definitivamente se nos viene a la mente es ¿Perú esta desarrollando y, en consecuencia, financiando a través del mercado de capitales considerando las buenas prácticas sostenibles? En nuestro caso, la Superintendencia de Mercado de Valores en el mismo año de aprobada la referida Agenda, emitió la Resolución Nº 033-2025-SMV/01, la cual aprobó el “Reporte de Sostenibilidad Corporativa”, documento que, como anexo adicional a la Memoria Anual, tiene como finalidad que los inversionistas cuenten con información, políticas y estándares de las acciones de los emisores para asegurar su sostenibilidad y que, según los considerandos de dicha norma, permitiría a los participantes del mercado de valores realizar una gestión de riesgo más completa e identificar oportunidades de inversión, considerando el impacto de sus operaciones de cara a la sostenibilidad.

En la misma línea, la Bolsa de Valores de Lima, en coordinación con otros organismos extranjeros y el Ministerio del Ambiente han venido abriendo el mercado de los “Bonos Verdes” poco a poco, proporcionando información a las empresas que podrían estar interesadas en desarrollarse con esta herramienta. En el 2018 se publicó la “Guía de Bonos Verdes”, la cual tiene información relativa a la regulación y principales requisitos internacionales que se debe cumplir para participar en este mercado[7].

Solo en 2019, a modo de ejemplo, se realizaron las siguientes emisiones de bonos temáticos:

  1. Corporación Financiera de Desarrollo del Perú (COFIDE) emitió su primer bono verde hasta por 100 millones de soles a una tasa de interés de 5.125%, la cual tuvo una demanda altísima por parte de los inversionistas institucionales y la clasificación de riesgo fue AA+[8].
  2. Banco Pichincha, con la ayuda del BID Invest, se convirtió en la primera entidad financiera en emitir un bono social de US$ 13 millones a un plazo de 10 años y tasa de 6%, dirigido exclusivamente a fortalecer el empoderamiento de la mujer a través de microfinanzas, así como financiar capital de trabajo y el mejoramiento de viviendas a micro y pequeña empresa[9].
  3. Colegios Peruanos S.A. realizó su primera emisión de bonos sociales hasta por un valor de S/ 230 millones por un plazo de 15 años, los cuales tienen como finalidad otorgar más acceso y mejorar los servicios educativos esenciales para familias de clase media[10].
  4. Consorcio Transmantaro S.A. realizó una emisión de bonos verdes corporativos hasta por un monto de US$ 400 millones, vencimiento a 2034 y tasa de interés anual de 4.7%. Los recursos obtenidos tienen como finalidad desarrollar la infraestructura de transmisión de energía provenientes de fuentes renovables.[11]

De otro lado, tenemos a los financiamientos provenientes de las entidades financieras que no han sido ajenas al desarrollo del mercado de capitales, bajo el concepto de sostenibilidad. Bajo esta modalidad, dichas entidades incorporan como requisito para acceder a financiamientos: (i) una evaluación previa de la compañía respecto de sus proyectos en marcha; (ii) evaluación del uso de los flujos provenientes de los mismos para el desarrollo exclusivo de proyectos sostenibles; y, (iii) que se pacte expresamente en los contratos a ser suscritos que las compañías se comprometen a utilizar los desembolsos conforme a los usos aprobados previamente por las entidades financieras.

Alrededor del mundo, se han incorporado al catálogo de productos financieros de las entidades financieras las “líneas de financiamiento verde”, las cuales otorgan créditos con la finalidad de promover proyectos sostenibles. Sobre esto, Perú no se ha quedado atrás: en el año 2018 BBVA Perú otorgó el primer préstamo verde de aproximadamente US$ 70 millones a la empresa Ferreycorp[12] y, actualmente, otras entidades como Agrobanco[13] y Cajas Municipales[14] también tienen distintos productos de financiamientos sostenibles.

Asimismo, en el mismo año, la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC) y el Fondo Nacional del Ambiente suscribieron un convenio de cooperación institucional para promover los proyectos sostenibles, mediante la cual las entidades financieras partes de esta asociación se comprometieron expresamente a seguir dicho objetivo.

Como hemos mencionado, tanto las compañías como los inversionistas/entidades financieras tienen especial en interés en mejorar sus prácticas sostenibles, no solo porque es la palabra de boga, sino también porque es necesario actuar con urgencia a través de todos los mecanismos posibles.

Hoy los inversionistas y compañías se encargan de proporcionar los datos al mercado para informar sobre las inversiones sostenibles que realizan, publicando nombres, montos y descripción de los proyectos, de manera que sea fácil distinguir si están en el camino de la revolución sostenible y, de esta forma, llamar más la atención de sus inversores.

Entonces si las compañías y los inversores cada vez más se interesan en la sostenibilidad corporativa, se vuelve más importante y un pilar fundamental el rol que el estado debe cumplir para coadyuvar a ello. La emisión de normas que generen condiciones y políticas adecuadas a través de un marco legal transparente y/o que generen tratamientos tributarios preferenciales, a fin de fortalecer este sector de la economía y atraer más inversionistas/entidades financieras, son solo un ejemplo de cómo podría el estado comprometerse para que sostenibilidad pase de ser solo una palabra con un mensaje alentador a ser una característica que todas las compañías quieran cumplir, debido a sus beneficios.

Está totalmente claro que, bajo las circunstancias que venimos viviendo, el Estado podría no tener como agenda principal regular o incentivar las buenas prácticas sostenibles corporativas; sin embargo, a mediano plazo, debería empezar a plantearse la interrogante de cómo abordar este tema, ya que la única forma de enfrentar cualquier tipo de problemática futura es cimentando el compromiso de las compañías con el entorno en el que se desarrollan.


* Asociada del área de Financiamientos, Mercado de Capitales y Regulación financiera del Estudio Rebaza, Alcázar & De las Casas.

[1] El concepto “shared value” es ampliamente desarrollado mediante el artículo Strategy & Society: The Link bewteen Competitive Advantage and Corporate Social Responsability de Michael Porter and Mark Kramer.

[2] Los Bono Verdes son títulos de deuda que permiten a los inversionistas destinar sus inversiones a proyectos que en pro del medio ambiente y a los emisores cumplir con objetivos de sostenibilidad.

[3]https://www.bancomundial.org/es/news/immersive-story/2019/03/18/10-years-of-green-bonds-creating-the-blueprint-for-sustainability-across-capital-markets

[4] En Perú, de acuerdo con el artículo 3º del Reglamento del Mercado de Inversionistas Institucionales, clasifican como tales las personas que, por su naturaleza, características o conocimientos, comprenden, gestionan y evalúan adecuadamente los riesgos asociados a sus decisiones de inversión, así como cumplan con demás requisitos establecidos por la norma.

[5]https://blogs.iadb.org/bidinvest/en/transparency-is-the-key-for-thematic-bonds-success/

[6]https://blogs.worldbank.org/es/voices/resurgen-los-bonos-verdes-latinoamericanos

[7] https://www.bvl.com.pe/bonosGuia.html

[8]https://www.cofide.com.pe/COFIDE/files/Bono%20sostenible%20COFIDE%20-%20Oct19.pdf

[9]https://www.idbinvest.org/es/medios-y-prensa/bid-invest-apoya-banco-pichincha-en-la-emision-del-primer-bono-social-en-peru

[10]https://www.sustainalytics.com/sustainable-finance/wp-content/uploads/2019/05/Innova-Schools-Social-Bond-Second-Party-Opinion-05092019.pdf

[11]https://lexlatin.com/noticias/consorcio-transmantaro-coloca-primera-emision-de-bonos-verdes-internacionales

[12]https://www.bbva.com/es/bbva-y-ferreycorp-acuerdan-el-primer-prestamo-verde-de-peru-y-sudamerica/

[13] https://www.agrobanco.com.pe/credito/creditos-verdes/

[14]https://andina.pe/agencia/noticia-cajas-municipales-lanzaran-octubre-primeros-creditos-verdes-728108.aspx

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