La posesión : el triunfo de la apariencia

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La posesión es probablemente una de las categorías jurídicas que más debate genera en los estudiantes de Derecho durante su primer año en la Facultad. Bien la llamaba Jorge Avendaño “institución molusco”. Por algo era su derecho real favorito, al igual que el de Martin Mejorada. Cuentan que este último llegó a afirmar que si él tuviera que ser un derecho real, sería la posesión.

Y es que como no sentirnos cautivados por la compleja naturaleza de la posesión. Derecho y hecho. Una especie de sombra del resto de los derechos reales. Un espectro cuya naturaleza no queda enteramente definida. El Código Civil, en su artículo 896, establece que “la posesión es el ejercicio de hecho de uno o más poderes inherentes a la propiedad”. ¡Cuán pobre es la norma a veces para describir los inconmensurables contornos de una institución de tal raigambre!

Decía el maestro español Álvarez Caperochipi que “en los tiempos primitivos, la posesión era propiedad”. Pues antes que existiera el monopolio de la fuerza estatal, antes que existiera la organización colectiva, existió la posesión. En algún momento, aquellos homínidos cavernarios se dieron cuenta que ante el conflicto, el poseedor del bien llevaba la mejor parte. La tenencia les permitía proteger el bien y señalarle al mundo que aquello era suyo y de nadie más. El erga omnes de los albores del tiempo.

Hoy por hoy, la posesión es, asimismo, el triunfo de la verosimilitud sobre la certeza. Estudiar la posesión implica enfocarse en la incidencia formativa de la apariencia en las categorías jurídicas. Es valorar la eficiencia hasta el punto de sobreponer la probabilidad a la verdad. Es la justificación estadística del atropello y la usurpación. La tutela de lo real a través de la apariencia detentadora. ¡Cuánta incongruencia!

¿Cómo no conmoverse ante tamaño conflicto? ¿Cómo no estremecerse ante lo inevitable de la positivización legal de la injusticia? No nos queda más que permitir, impertérritos, la tutela de lo supuesto. Resta consolarnos sabiendo “que en definitiva, lo que se pretende con la posesión es dar una respuesta adecuada a una necesidad social concreta” y no justificar lo injustificable sin más.

No queda más que recomendarles el artículo génesis de la cita anterior: “La posesión y las mejoras en el Código Civil Peruano” del Dr. Martín Mejorada, escrito en nuestra edición No. 17. No se inquiete el amable lector por la fecha de su publicación. La vigencia de la institución es atemporal y la comprensión del fenómeno posesorio hace imprescindible su lectura. No sólo por la utilidad del concepto de las mejoras, sino por lo abstracto de la naturaleza jurídica de la posesión.

El artículo aborda desde distintas y enriquecedoras aristas éste último tema, empezando por el surgimiento histórico de la posesión, exponiendo el trabajo de Ihering sobre la posesión. Posteriormente, se analiza la funcionalidad de la categoría en cuestión, a la vez que su relación simbiótica con la propiedad. Además, se explica el rol de la apariencia y la importancia de la percepción para entender el fenómeno posesorio.

Concluyendo esta pequeña, pero sentida editorial, los invitamos a participar en el último día del seminario organizado por IUS ET VERITAS sobre “El proceso de los negocios inmobiliarios” este 20 de setiembre. Para mayor información, pueden acceder al siguiente link: https://www.facebook.com/events/463242033699358/


Referencia bibliográfica:

MEJORADA CHAUCA, Martín. “La posesión y las mejoras en el Código Civil Peruano”. En: IUS ET VERITAS. No. 17. Lima: Asociación Civil IUS ET VERITAS.

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