¿Incipiente democracia?: acerca del ‘voto de confianza’ al Consejo de Ministros

1591
0
Compartir

El pasado miércoles 20 de agosto, la recientemente nombrada Presidenta del Consejo de Ministros, Ana Jara, acudió al Congreso de la República para exponer y debatir la política general del gobierno y las principales medidas que requiere su gestión. Al efecto, planteó cuestión de confianza al Parlamento, tal como señala el artículo 130° de la Constitución Política del Perú debe realizarse. Sin embargo, esta no le fue concedida, pues la votación resultó en 63 abstenciones y 50 votos a favor. Acto seguido, el Congreso decidió suspender la sesión hasta el viernes y ese día plantear una nueva votación. Sin embargo, el 22 de agosto se repitió lo sucedido: hubo dos votaciones respecto de la cuestión de confianza al Consejo de Ministros y en ambas las abstenciones primaron respecto de los votos a favor. En el presente editorial, analizaremos la figura del voto de confianza al Consejo de Ministros, las diferentes interpretaciones de la figura de la abstención al votar y las implicancias que la situación actual conlleva respecto de la institucionalidad en nuestro país.

En cuanto a la figura del voto de confianza al Consejo de Ministros, este se encuentra establecido en el artículo 130° de la Constitución. En este, se regula que el Presidente del Consejo de Ministros debe acudir al Congreso dentro de los treinta primeros días de su nombramiento para exponer y debatir la política general del gobierno y las principales medidas que requiere su gestión, así como plantear a tal efecto una cuestión de confianza.

El cambio que introdujo la Carta de 1993 respecto de su predecesora fue la inclusión del planteamiento obligatorio de la cuestión de confianza al Congreso cuando el Presidente del Consejo de Ministros presenta su programa. En la Constitución de 1979, de forma opuesta, se señalaba explícitamente que la exposición que hacía el Presidente del Consejo a las Cámaras reunidas en el Congreso no daba lugar a voto[1]. Asimismo, si hacemos un retroceso a la Constitución de 1933, notamos que esta tampoco establecía textualmente la obligatoriedad del voto luego de la presentación del nuevo gabinete ministerial, a pesar de que en la práctica el Congreso interpretó que esto sí debía ocurrir y así actuó[2]. Precisamente por esta interpretación a la Carta de 1933 fue que en la Constitución de 1979 se estableció explícitamente la inexistencia de una votación luego de la exposición del Consejo de Ministros, a raíz de los sucesos ocurridos en el gobierno de Fernando Belaúnde Terry, en el que se censuró a la mayor cantidad de ministros durante un período de gobierno inclusive hasta la actualidad -debido a una mayoría notoria de la oposición en el Parlamento.

Primero, analizaremos la figura en sí del conocido como “voto de confianza” que existe en nuestro país[3]. Al respecto, la coyuntura referida ha ocasionado que algunos constitucionalistas[4] cuestionen la existencia del sometimiento a cuestión de confianza de los gabinetes ministeriales entrantes, pues señalan que esto es propio de los gobiernos parlamentaristas y no presidencialistas, como en teoría lo es el nuestro. Critican que con esta figura se exceden las facultades de control del Parlamento, llegando este a adoptar potestades de gobierno y generándose una dualidad peligrosa. Es decir, consideran que la existencia de esta potestad en un régimen presidencialista significa ya no un sistema de “checks and balances”, sino la potestad de que una mayoría en el Congreso bloquee al gobierno, inclusive sin tener esta mayoría un programa en común.

Las posiciones contrarias señalan que la obligatoriedad de la cuestión de confianza con la presentación del Presidente del Consejo de Ministros y su gabinete es parte del control político que debe realizar el Poder Legislativo al Poder Ejecutivo. En esta línea, argumentan que, dado que una de las principales funciones del Congreso es fiscalizar, se le da la posibilidad de respaldar o no al gabinete en las acciones que este plantea realizar. Esto porque el Consejo de Ministros va a necesitar al Parlamento al momento de aprobar leyes o dar un respaldo a las políticas públicas que este ejecute.

Más allá de la discusión esbozada acerca de la figura en sí del voto de confianza, es importante analizar la particular situación ocurrida en nuestro país: la mayoría de congresistas no ha votado en contra de la cuestión de confianza planteada por Ana Jara pidiendo respaldo a su gabinete, pero sí se ha abstenido. Esto ha generado que exista una situación de incertidumbre política, pero también gubernamental: ¿se ha negado el voto de confianza al Consejo de Ministros?, ¿cómo deben interpretarse los votos en abstención?, ¿puede someterse a votación más de una vez el respaldo del Congreso al gabinete?

Una primera posición al respecto se basa en un informe que realizó la Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso en el año 2003 en el que se concluyó que si “el número de abstenciones es mayor al de los votos a favor o en contra; el asunto queda sin resolver”[5]. Esta postura parte por reconocer a la abstención como un voto válido por constituir esta un derecho del parlamentario y por responder a una voluntad legítima que no puede ser desestimada en un proceso de votación, además de estar expresamente consagrada su posibilidad en el artículo 57° del Reglamento del Congreso.

Como señala César Delgado-Guembes, reconocido jurista, respetar las abstenciones significa reconocer “la declaración de quienes tienen voluntad de que la decisión colectiva no sea ni a favor ni en contra[6]”. Por lo tanto, se interpreta una mayoría de abstenciones en el sentido de que el Congreso no desea tomar la decisión consultada en ese momento y debe prepararse una nueva votación. Esta es la posición que ha adoptado el Parlamento en el contexto actual y la razón por la cual se ha sometido a votación la cuestión de confianza al gabinete ya tres veces y se votará nuevamente el día de mañana.

Sin embargo, esta postura adoptada por el Congreso es cuestionada por algunos constitucionalistas[7], los mismos que concuerdan fundamentalmente en que se está desnaturalizando la Constitución porque esta no busca el mantenimiento de una situación de indefinición en la que no exista un gabinete que pueda legítimamente gobernar. Esta posición argumenta que se está incurriendo en un ‘juego de tira y afloja’ entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo que daña la institucionalidad y la gobernabilidad democrática, poniéndose en riesgo la estabilidad del país. Así, señalan que debería entenderse que, si el gabinete no obtuvo la mitad más uno de los votos de los parlamentarios, la cuestión de confianza planteada por la Presidenta del Consejo de Ministros ha sido rehusada.

Debemos darnos cuenta de lo que esto significa para el país. Tenemos un gobierno que no consigue respaldo del Congreso y, por lo tanto, en todas sus letras, no puede dirigir nuestro país. Aunque Ana Jara consiguiera los votos necesarios el día de mañana, lo sucedido –nuevamente, pues la misma situación ocurrió con René Cornejo, Presidente del Consejo de Ministros anterior– demuestra la situación de inestabilidad política en la que nos encontramos, la debilidad de nuestras instituciones y el precario manejo de los poderes de nuestro Estado. Como futuros abogados, reconocemos la importancia de discutir acerca de los fundamentos constitucionales y jurídicos detrás de esta coyuntura con el objeto de plantear alternativas desde el Derecho que contribuyan a fortalecer nuestra aún incipiente democracia.


[1] Constitución de 1979: “Artículo 224. ­El Presidente del Consejo concurre a las Cámaras reunidas en Congreso, en compañía de los demás Ministros, para exponer y debatir el programa general del Gobierno y las principales medidas políticas y legislativas que requiere su gestión. La exposición no da lugar a voto del Congreso (énfasis agregado)”.

[2] Constitución de Perú de 1933: “Artículo 167.- El Presidente del Consejo al asumir sus funciones concurrirá a la Cámara de Diputados y al Senado, separadamente, en compañía de los demás Ministros, y expondrá la política general del Poder Ejecutivo”.

[3] Cabe precisar que en nuestro país no existe “voto de investidura”, puesto que esta es una figura propia de los sistemas parlamentarios

[4] Ejemplos: Natale Amprimo, Enrique Bernales, César Valega.

[5] Informe de la Comisión de Constitución y Reglamento sobre la consulta solicitada por el Señor Presidente del Congreso de la República respecto a la aplicación del reglamento del Congreso en los casos en que como resultado de una votación se contabilizan un número de abstenciones mayor a los votos a favor o en contra, aprobado por el Pleno en su sesión del 11 de diciembre de 2003.

[6] Ensayo “Las consecuencias de la abstención en el proceso de investidura del Gabinete”.

[7] Confrontar: Natale Amprimo, Enrique Bernales, Francisco Eguiguren, César Valega.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here