Muerte y resurrección del derecho sucesorio peruano: Breves comentarios en torno a su revitalización

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Muerte y Resurrección del Derecho Sucesorio Peruano: Breves comentarios en torno a su revitalización

Hace pocos días un alumno me preguntó cuál era mi impresión sobre el interés existente en el Perú respecto del Derecho Sucesorio. La pregunta me remontó a los primeros meses del 2006, período en el que finalizaba mi tesis de licenciatura, y en particular a una reunión con un grupo de amigos. En la reunión se puso sobre el tapete la ausencia de debate y el ambiente deaburrimiento que rodeaba a las sucesiones, razón por la cual mis interlocutores me exhortaban a explicar cómo podía gustarme un campo “muerto”.

Si bien reconozco que mi respuesta sonó poco convincente (por no decir un cliché), debo también aceptar que se centró en las potencialidades del derecho de sucesiones, sobre todo si es que se importaban algunas de las muchas discusiones y figuras forjadas en otras latitudes. Vale decir, la respuesta se caracterizó por ser la visión optimista y ambiciosa de alguien que, por su juventud, piensa que puede existir una auténtica revolución en el devenir de una rama jurídica en pocos años. Naturalmente, tal cambio no se ha producido y en cierta medida, debo confesar, ello me causa cierto pesar.

Sin embargo, en estos cinco años han ocurrido varios acontecimientos sociales y jurídicos, la mayoría dignos de extensos estudios, que se están encargando de revitalizar el Derecho Sucesorio peruano. Tales muestras de vigor no se perciben, al menos no por el momento, en la gestación de debates acerca de figuras actuales o en la construcción de nuevos contenidos para instituciones clásicas (aunque hay propuestas aisladas); sino que se han focalizado en recordar la claridad con la que antaño se estudió esta materia, lo cual se viene realizando al desempolvar libros y opiniones dejadas de lado (o sencillamente olvidadas) ante la falta de casos “relevantes”.

Curiosamente, la mayoría de estos casos tiene un denominador común: la participación de los medios de comunicación. Podría ser de interés recordar algunos de ellos: el caso Tudela, donde se discutía la protección del “patrimonio familiar”; el caso Vásquez Espino, en el que se cuestiona si es que un heredero presuntamente involucrado en el asesinato del causante puede intentar heredarlo; el caso Arzobispado de Lima vs. PUCP, cuya complejidad sucesoria todavía no se ha subrayado con claridad y entre los cuales se encuentran asuntos como el modustestamentario, la diferencia en el método y en el objetivo de la interpretación testamentaria[1] respecto de su par contractual, las obligaciones ob rem y, por supuesto, el alcance del poder creador de la voluntad testamentaria.

Precisamente la intervención de la prensa explica el interés de cierto sector de la población, pero no sirve para explicar por qué nuestros académicos estarían dispuestos a dispensar atención a un campo que no había justificado tales esfuerzos en el pasado. Creo que esto último se debe a un hecho fundamental: sólo ahora el derecho hereditario se les muestra en toda su complejidad. Esta materia permite que, por ejemplo, se emplee al contrato como un mecanismo que origina una sucesión anómala (merced a un negocio jurídico con efectos post mortem o bajo la modalidad trans mortem) y de esta manera proteger intereses valiosos del causante (como en la sucesión de empresas familiares) o dirigiéndolo para tutelar a una persona (fideicomiso testamentario, en su modalidad de administración de legítima), entre otras posibilidades.

En atención a que estas aplicaciones suelen ser el eco de mecanismos o construcciones que se gestaron en otros países, me animé a concluir que las sucesiones vienen siendo objeto de un fenómeno de reconfiguración y, por qué no, de un renovado interés[2] a nivel mundial. Empero, en estos años también he sido testigo de publicaciones de queridos amigos (y egregios maestros) como Leysser León y Rómulo Morales, quienes comparten esta visión optimista[3] del futuro del derecho de sucesiones y subrayan la centralidad del testamento como negocio jurídico[4]. Como es de esperar, sus publicaciones evidencian la seriedad con la que acostumbran emprender cualquier empresa académica, pero también me brindan la oportunidad de precisar algunas ideas.

En primer lugar, el debate sobre la posibilidad de rechazar anticipadamente cierta asistencia o tratamiento médico, a fin de no prolongar la vida, condensado en el denominado living will. En estricto esta declaración unilateral, por más que se traduzca como testamento vital o biológico, tiene poca vinculación con las temáticas sucesorias, pues no es más que la vertiente negativa del consentimiento informado. No obstante, sí aceptaré que es un tema familiar para los especialistas en sucesiones debido a su estructura y a su plena revocabilidad, sin olvidar que su cumplimiento muchas veces significa la apertura de una sucesión.

En segundo lugar, el empleo del fideicomiso como mecanismo para-sucesorio o bien como medida de trasmisión hereditaria se encuentra aceptada en la Ley 26702, Ley General del Sistema Financiero y del Sistema de Seguros y Orgánica de la Superintendencia de Banca y Seguros, si es que se interpreta adecuadamente sus artículos 241°, 244° y 246°. Aunque la ley reconoce que un fideicomiso puede lesionar cuotas legitimarias, por lo que permite solicitar la restitución de aquel aporte entregado en exceso a favor de un fideicomiso gratuito –a semejanza de lo que sucede con una liberalidad que supera la cuota de libre disposición–, no es muy claro cuál es el remedio.

En tercer lugar, ciertamente la voluntad testamentaria permite encaminar o reconducir la vocación hereditaria, lo cual nos permite –junto a otras razones– identificar al testamento como un negocio jurídico. Empero, su configuración estructural y de efectos impide que se genere, en un momento anterior a la apertura de la sucesión, cualquier expectativa jurídica[5]; de allí se extrae que la muerte respecto de este negocio no es ni una conditio iuris ni una condicio facti, sino que se ubica a mitad de camino entre las nociones de validez y eficacia[6]. Todo ello, sumado a su carácter de hetero-reglamento,me llevó[7] a sugerir la reconfiguración de la negocialidad y de la autonomía privada, a fin de dejar atrás aquellas propuestas en las que el acento es colocado en la reflexividad de los efectos[8]. Así las cosas, la autonomía privada deberá construirse ya no dispensando atención al destinatario de la regla, sino al sujeto que la crea[9].

En este último punto, he podido constatar que tal forma de analizar el fenómeno negocial y sucesorio ha tenido, hasta cierto punto, acogida. En efecto, la exposición del profesor Morales es consistente con lo expuesto precedentemente, sólo cabría precisar que la tipicidad testamentaria a la que alude no existe en nuestro país[10]. En nuestro Código se recoge una definición amplia de testamento, que resulta contrapuesta a la recogida en el Codice Civile. La restricción en cuanto al contenido del testamento dentro del sistema italiano llevó a que el profesor Giorgio Giampiccolo (1954) sugiriera una diferenciación en torno a la tipicidad, categorización que no resulta útil ni necesaria en nuestro sistema[11].

Finalmente, la posibilidad de comentar estos trabajos (sin olvidar los casos que exacerban la curiosidad mediática) son una prueba irrefutable del nuevo vigor que el derecho de sucesiones viene alcanzando, fenómeno que se reforzará gracias a aportes de académicos de dicha talla.


[1]          Cfr. RESCIGNO, Pietro, Interpretazione del testamento, Jovene, Nápoles, 1952, passim; VAQUER ALOY, Antoni, La interpretación del testamento, Editorial Reus, Madrid, 2008, passim; y, en nuestro medio, SAAVEDRA VELAZCO, Renzo E., ¿Interpretamos la voluntad del testador o sólo lo literalmente expresado en el testamento? – Consideraciones desde la óptica de la comparación jurídica, en Revista del Foro, núm. 96, 2010, pp. 11-26.

[2]          Cfr. SAAVEDRA VELAZCO, Renzo E., El negocio jurídico testamentario: Algunas reflexiones en torno a su esencia y estructura, en Ius et veritas, año XVI, núm. 33, Lima, 2006, pp. 93-117; ID., Los negocios jurídicos mortis causa en el sistema jurídico peruano: Los contratos mortis causa y los pactos sucesorios, en Actualidad Jurídica, tomo 165, 2007, pp. 54-58, ivi p. 54; ID., Caracteres del negocio de última voluntad: Planteamiento de nuevas problemáticas y renuncia a antiguas perspectivas,en Ius et veritas, año XVIII, núm. 36, 2008, pp. 216-263; entre otros.

[3]          LEÓN HILARIO, Leysser, Consideraciones en torno a la indignidad para suceder: Una lectura civil del caso Vásquez Espino, en Advocatus, núm. 22, 2011, pp. 199 y ss., ivi p. 199; ID., La palingenesia del derecho hereditario – Una reflexión por los veinticinco años del Código Civil, en La fe pública, año II, núm. 8, 2009, p. 8

[4]          MORALES HERVIAS, Rómulo, El negocio jurídico entre la codificación civil y la realidad social y económica, en Actualidad jurídica, tomo 200, 2010, pp. 53-56.

[5]          LIPARI, Nicolò, Autonomia privata e testamento, Giuffrè, Milán, 1970, p. 140.

[6]          GIAMPICCOLO, Giorgio, Il contenuto atipico del testamento: Contributo ad una teoria dell´atto di ultima volontà, Giuffrè, Milán, 1954, p. 65.

[7]          SAAVEDRA VELAZCO, Renzo E., El negocio jurídico testamentario: Algunas reflexiones en torno a su esencia y estructuracit., p. 114-116.

[8]          FERRI, Luigi, La autonomía privada, traducción de Luis Sancho Mendizábal, Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid, 1969, p. 98; y SCOGNAMIGLIO, Renato, Contribución a la teoría del negocio jurídico, traducción de Leysser L. León, Grijley, Lima, 2004, p. 128.

[9]          ROMANO, Santi, Autonomia, en Frammenti di un dizionario giuridico, reimpresión, Giuffrè, Milán, 1983, p. 14.

[10]         En este punto, por tanto, no se comparte la opinión de MORALES HERVIAS, Rómulo, op. cit., p. 53.

[11]         Cfr. GIAMPICCOLO, Giorgio, op. cit., passim.

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El 2006 inicié mi carrera docente y he tenido a mi cargo Contratos, Derecho y Economía, Responsabilidad Civil, Obligaciones, Contratos típicos, Contratos Modernos, Derecho Comparado, Negocio jurídico, Arbitraje y Sistema de Remedios en el Derecho Privado en la PUCP, UNMSM, UP, ULIMA, UPC, Universidad ESAN y UDEP. Asociado senior del Estudio Hernández y árbitro inscrito en el Centro de Análisis y Resolución de Conflictos de la PUCP. Formo parte de la American Society of Comparative Law (ASCL), del Centro di Studi sull’America Latina de la Universidad de Bologna y de la Asociación Latinoamericana e Ibérica de Derecho y Economía (ALACDE). He visitado, como investigador o profesor, la Universidad de Bologna, Universidad de Ferrara, Universidad de Los Andes (Bogotá), Universidad de Sevilla, Universidad Externado de Colombia, Universidad Pablo de Olavide y Universidad Privada del Norte (Barranquilla).

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