¿Los escritos importan en los procesos laborales?

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  1. Los escritos no son secundarios o accesorios

Se habla poco (o nada) sobre el rol de los escritos en los procesos laborales regidos por la Ley 29497, Nueva Ley Procesal del Trabajo (NLPT). Pareciera que la oralidad lo es todo y que los escritos, aunque aún presentes, son secundarios o accesorios.

La NLPT señala que “(…) las exposiciones orales de las partes y sus abogados prevalecen sobre las escritas (…)” (artículo 12.1). Los jueces laborales, reunidos en un pleno jurisdiccional nacional, han concluido que sí es posible reformular la pretensión en la audiencia de juzgamiento, es decir, modificar el contenido esencial de la demanda. ¿Esto confirma que los escritos son secundarios o accesorios? En mi opinión, no.

Los abogados litigantes tenemos muchas razones para seguir preocupándonos por presentar escritos claros, directos y persuasivos. Aquí menciono sólo tres de ellas:

  • El primer escrito (demanda o contestación) es la carta de presentación del abogado litigante:

Hay quienes entienden que el abogado litigante y el caso que defiende son, en cierta medida, inescindibles. Los méritos y deméritos del abogado litigante son los de su caso, y viceversa.

Incluso si uno no comparte esta posición, no puede obviar que la conducta del abogado litigante tiene un impacto real en el juzgador. Este impacto puede ser positivo si se muestra preparado (sabe de lo que está hablando y se nota) o negativo si sus intervenciones restan más de lo que aportan.

En el proceso oral, los escritos (en particular, la demanda y la contestación) juegan un papel importante en la construcción de esta impresión de competencia o incompetencia. La audiencia de juzgamiento es el momento estelar del proceso laboral. Eso es cierto. Sin embargo, un escrito ininteligible puede generar una mala primera impresión difícil de borrar.

De lo que se trata es de ser consistente. No sólo en la elección del relato, como explicaré en el siguiente punto, sino en la calidad de su exposición (oral y escrita).

  • El primer escrito es la carta de presentación de la teoría del caso:

En el primer escrito fijas tu versión de los hechos. Acercas al juez, por primera vez, a tu teoría del caso. Es cierto que puedes cambiarla. En el caso de los demandantes, esto incluso ha sido validado por un pleno.

Sin embargo, la pregunta que tienes que hacerte, más allá de que la reformulación sea una posibilidad, es si te conviene hacerla (por ejemplo, recurrir a ella como parte de una estrategia procesal). En mi opinión, no. Y es que en casi todos los contextos, cambiar de versión afecta en alguna medida tu credibilidad.

Por ello, la plena compatibilidad entre lo oral (intervenciones en las audiencias) y lo escrito es vital. De ahí que sea tan importante trabajar en la teoría del caso desde el día uno, cuando se toma contacto con el caso, y no recién en los días previos a la audiencia de juzgamiento.

  • Un escrito puede, por sí sólo, llevar al juez a tomar una decisión:

No me refiero sólo a la decisión de admitir o rechazar la demanda, cuyos efectos -por cierto- pueden ser dramáticos (la prescripción de una acción o la caducidad de un derecho).

Los jueces toman muchas decisiones relevantes en base al contenido de los escritos. Por ejemplo, un juez puede inclinarse por hacer un juzgamiento anticipado por la contundencia de una demanda o de una contestación. Asimismo, las solicitudes cautelares son resueltas en base al contenido del escrito respectivo (el proceso cautelar no es oral).

2. El mejor escrito…

  • NO es el que tiene más latinazgos y palabras rebuscadas:

El objetivo no es “lucirse” frente al juez, sino transmitir -con un lenguaje claro y sencillo- un punto de vista. Lo ideal sería que el escrito pueda ser entendido por cualquier persona. Que quede claro qué se pide y por qué.

  • NO es el que tiene más páginas:

Aquí aplica la máxima, muy importante para todo lo relacionado a la litigación, de que “menos es más” (oraciones cortas, pocos acápites y sub-acápites, etc.). No podemos perder de vista el hecho de que alguien (el juez), con muchísima carga de trabajo, va a tener que procesar toda la información que presentemos. Hagámosle el trabajo más fácil.

  • NO es el que se presenta más rápido:

Independientemente de la existencia de un plazo, vale la pena revisar el formato y la ortografía. Esto es indispensable para preservar el valor del contenido. No queremos que un argumento sea descartado por su presentación y no por sus méritos.

El escrito perfecto no existe, pero sí existen escritos buenos y malos en términos de qué tan efectivos son.

3. Formalidades que importan

Es usual que los jueces laborales exijan que los escritos (en particular, las demandas y las contestaciones) estén foliados. Algunos incluso exigen que los anexos sean identificados con banderitas (Post-it). No cumplir estos mandatos expone a las partes a un llamado de atención durante una audiencia o, en el peor de los casos, a la imposición de una multa.

Muchos abogados litigantes no están de acuerdo con esta práctica. Consideran que “no hay base legal” para que se les exija poner banderitas (los jueces suelen invocar el deber de colaboración con el órgano jurisdiccional) y que todo esto quita mucho tiempo. Pierden de vista que el cumplimiento de estas formalidades puede serles muy útil.

El ritmo de la actuación probatoria durante la audiencia, que es vital para generar convicción, puede depender de algo tan aparentemente insignificante como una banderita. Estar en la capacidad de indicarle al juez a qué parte específica del expediente debe dirigirse para encontrar determinada información, ciertamente puede marcar la diferencia. No sólo durante la actuación de prueba documental (el contrato de trabajo, el contrato de locación de servicios, etc.), sino también durante el interrogatorio o contrainterrogatorio de un testigo.

Hay, pues, formalidades que importan. No sólo porque el juez exige su cumplimiento, sino porque nos ayudan a ser más efectivos en nuestras intervenciones durante las audiencias.


FUENTE DE IMAGEN: http://www.metro.pr/

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