La protesta de una Corte en emergencia

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Mientras enfurecidos jóvenes reclaman contra la ley que regula un trabajo que no tienen, y políticos inmunes al bochorno se acomodan al bullicio provocando humareda que oculta investigaciones y condenas pendientes, en el fondo se escucha el grito de emergencia de la Corte de Lima que declara su ruina operativa.  «¡No podemos más!» parecen decir los jueces superiores de la capital reunidos en solemne Pleno del 23 de diciembre (Resolución Administrativa 418-2014-P-CSJLI/PJ).  La enorme carga procesal, la falta de recursos de todo tipo y el gobierno ineficiente han llevado al descalabro del sistema de justicia capitalino.  “No hay ni para el papel” afirman los magistrados superiores.

No se trata de honrar a Montesquieu, sino de entender que el Poder Judicial es pieza clave de una sociedad libre y su sistema económico. De nada sirve que se hayan contenido los abusos del Estado contra la propiedad y los contratos, si ahora enfrentamos una situación mas peligrosa aun, que es la inexistencia de autoridad que haga cumplir materialmente las titularidades. Si un juez no puede resolver las disputas acertadamente, en tiempo razonable, despachando desde un lugar con herramientas mínimas y acordes con la majestad del servicio que presta, y si todo eso interesa menos que la revuelta por prestaciones que ni se entienden a cabalidad, entonces sí que estamos en problemas.

Por obvias razones la Corte de Lima atiende el mayor número de causas en todo el país y las más importantes en dimensión económica. Miles de arrendadores esperan por años sentencias de desalojo, mientras meditan si volverán o no al negocio inmobiliario.  Otros tantos acreedores enojados reclaman a sus abogados por la demora en la cobranza, al tiempo que rediseñan sus planes de negocio y advierten de nuevos costos que trasladarán a sus clientes.  Los más sensibles al riesgo, concesionarios de grandes proyectos mineros, sencillamente hacen maletas y se van.  ¿No nos damos cuenta que los derechos no son nada si no existe una autoridad que los haga cumplir a la fuerza contra morosos y testarudos? No habrá empleo que formalizar ni futuro para los entusiastas si la ley no impera de verdad, con la espada del Poder Judicial blandiendo con energía.

En medio de tantas medidas para reactivar la economía quizá falta la más importante: darle al Poder Judicial todas las herramientas para que construya su institucionalidad con dignidad y eficiencia, ahí está el derecho real y el atractivo para la inversión, no en las líneas de innumerables leyes y decretos ni en la expectativa de ganar una elección.  Ojalá los políticos tuvieran el valor de hacer lo correcto en esta materia, por convicción o por conveniencia, pero que lo hagan.  Quizá la protesta juvenil, con ese fulgor que solo se explica por la convicción de lo justo, es un vehículo para echarle una mano al sistema de justicia.

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