Las mujeres peruanas en los procesos de recuperación de la verdad, la memoria y la justicia

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Imagen obtenida de la página web de ANFASEP[1]

En un texto publicado hace algún tiempo, Elizabeth Jelin hablaba del género en las memorias, analizando los testimonios de hombres y mujeres víctimas de violaciones a sus derechos humanos ocurridas en el contexto de las dictaduras del Cono Sur. Jelin planteaba que muchas mujeres narraban sus recuerdos en la clave tradicional del rol de mujer, que vive para los otros, con base a la definición de una identidad centrada en atender y cuidar a los demás, especialmente a la familia. Por otro lado –sostenía la autora- los hombres recuerdan y narran de diferente manera y, para el caso de los testimonios orales realizados en ámbitos públicos, estos se centraban en la descripción fáctica y precisa porque “cuanta menor emocionalidad e involucramiento del sujeto que narra, mejor, ya que el testimonio oral tenía que reemplazar las «huellas materiales» del crimen”[2].

Este texto de Jelin tiene mucha vigencia para el análisis de los procesos de recuperación de la verdad, memoria y justicia en las situaciones de conflicto armado, tales como las que afronta el caso peruano.

Efectivamente, durante el trabajo en la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) del Perú, los testimonios de las mujeres fueron fundamentales para la reconstrucción de los contextos en que se cometieron las violaciones de derechos humanos, para identificar los datos de las personas desaparecidas, para el reconocimiento de la violencia sexual como una violación de derechos humanos y para la recuperación de la memoria histórica.

Pero en ese proceso, ellas no siempre priorizaron las violaciones específicas a sus derechos por esa socialización de género de que habla Jelin, ese rol de cuidado y sacrificio que se refuerzan en la crianza y la vida de las mujeres. Adicionalmente, los mecanismos y metodologías de investigación de las violaciones de derechos humanos existentes tampoco habían sido diseñados con una perspectiva de género.

Siempre recuerdo el testimonio de una mujer campesina que en la CVR nos narró una historia atroz en la cual su esposo fue arrestado y posteriormente ejecutado y ella- que acababa de dar a luz y tenía otro hijo pequeño- siguió el camión que lo llevaba, visitó diariamente el lugar en que se encontraba detenido, llevándole alimentos y  ropa y, cuando fue amenazada de violación sexual, se vio obligada a trasladarse a Lima, con las terribles secuelas del desplazamiento forzado. Incluso, se vio obligada a ceder a uno de sus niños porque no podía mantenerlo. Cuando al terminar de dar su testimonio le pregunté qué esperaba de la CVR, me dijo que quería recuperar el cuerpo de su esposo -ya que ella sabía donde estaba enterrado- y también quería que le devolvieran a su hijo. Reformulé la pregunta y precisé que me refería a lo que esperaba para ella exclusivamente, ante lo cual –mirándome con sorpresa- me dijo que no esperaba nada, porque la víctima era su esposo.

Como puede verse, en un contexto discriminatorio y patriarcal, donde la discriminación implica la negación de derechos, hay una lógica trágica en esta historia: quien siente que no tiene derechos, no identifica la violación de los mismos y su derecho a exigir justicia y reparación. Asimismo, un Estado que asume la investigación de las violaciones de derechos humanos sin una perspectiva diferenciada está incumpliendo sus obligaciones internacionales y contribuyendo a perpetuar la discriminación y la impunidad.

Es importante, por otro lado, reconocer que las mujeres peruanas víctimas del conflicto armado también han sido gestoras importantes de la memoria y recuperación de la verdad y la justicia. Solo por citar un ejemplo, puedo mencionar a la Asociación Nacional de Familiares Detenidos y Desparecidos en las Zonas de Emergencia (ANFASEP), organización creada en Ayacucho en 1983 por un grupo de mujeres familiares de desaparecidos[3], cuyo trabajo constante fue la base para los Informes que la Defensoría del Pueblo realizó en su momento[4] y para la designación del Santuario de la Memoria en la Hoyada, el campo de tiro en el cual se enterraban a las personas luego de su tortura y ejecución en el Cuartel Los Cabitos, ubicado en Ayacucho[5].

Por otro lado, el valiente testimonio de las mujeres permitió que la CVR pudiera identificar los numerosos casos de violencia sexual ocurridos en el conflicto armado peruano, crimen cuya dimensión era hasta entonces desconocida. A través de las audiencias públicas y los testimonios directos de las víctimas, la CVR pudo concluir en su informe del 2003[6] que la violencia sexual había sido cometida por todos los actores del conflicto, que se dieron casos de violación sexual en al menos quince departamentos del Perú y que la violencia sexual fue una práctica generalizada en determinados contextos de actuación del Estado.

Por ello, los estándares internacionales reconocen ahora la importancia de una perspectiva de género en los mecanismos y componentes de la justicia transicional, siendo el caso que, en su Informe del 2012, el “Relator sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición”, consideró la perspectiva de género como una condición sine qua non para una aplicación eficaz de las medidas de justicia transicional, lo que significa entender que existen violaciones de derechos humanos como el desplazamiento interno y la violencia sexual que tienen una composición mayoritariamente de mujeres entre sus víctimas.

En este sentido, es importante que se incorpore una perspectiva diferenciada a los procesos de verdad, justicia y memoria que se viven en el Perú actualmente, entendiendo que una perspectiva de género no solo implica el cumplimiento de los estándares y obligaciones internacionales del Estado, sino que permite visibilizar las situaciones de desigualdad y discriminación que precedieron al conflicto y que continúan en la actualidad. De esta manera, se podrá entender que  el impacto de una dictadura o de un conflicto no son iguales para todos los grupos, ya que a esa desigualdad preexistente se une el tema de la continuidad de la violencia contra las mujeres: es decir, la violencia contra ellas no aparece al llegar la guerra o la dictadura ni necesariamente termina al llegar la paz o la democracia.

Si de lo que se trata es de evitar que la situación de violencia que vivimos en el Perú se repita, es necesario conocer y analizar lo sucedido desde una visión diferenciada que permita entender las verdaderas dimensiones de lo padecido, pero también reconocer que la verdad, la justicia y la reparación sin enfoques diferenciados es una grave muestra de indiferencia. El reconocimiento del rol de las mujeres en los procesos de verdad y memoria, la investigación efectiva de los numerosos casos de violencia sexual que padecieron y la implementación de reparaciones efectivas desde un análisis de género de lo que sufrieron, son aún tareas pendientes que tienen como responsable principal al Estado, pero en las que la sociedad entera debe participar activamente.


[1]Imagen de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecido del Perú – ANFASEP. Enlace: http://anfasep.org.pe/index.php?option=com_phocagallery&view=category&id=1:marcha-25-aniversario-anfasep&Itemid=118

[2]Elizabeth Jelin, El género en las memorias, en: Los Trabajos de la Memoria, 2002, http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/JelinCap6.pdf

[3]Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, Tomo VIII Segunda Parte: Los factores que hicieron posible la Violencia, Capítulo 2: El Impacto diferenciado de la Violencia, 2.1 Violencia y Desigualdad de Género http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php.

[4] Efectivamente, en septiembre de 1997, la Defensoría del Pueblo recibió el petitorio de investigación de ANFASEP, a fin de esclarecer la situación jurídica de 2,122 presuntos detenidos desaparecidos entre 1983 y 1992 en los departamentos de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac. Defensoría del Pueblo del Perú, La Desaparicion Forzada de personas en el Perú (1980-1996), http://www2.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB64/ombudsmanreport.pdf

[5] Sobre este tema, revisar: http://idehpucp.pucp.edu.pe/comunicaciones/notas-informativas/la-hoyada-un-santuario-de-la-memoria-para-ayacucho/

[6] Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, Tomo VI, Sección cuarta: Los crímenes y violaciones de los derechos humanos, Capítulo 1: Patrones en la perpetración de los crímenes y de las violaciones de los derechos humanos, 1.5 La violencia sexual contra la mujer http://www.cverdad.org.pe/ifinal/ index.php

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Con todo derecho. Abogada por la PUCP con un Diploma de Estudios de Género por la Facultad de Ciencias Sociales de la misma universidad, programa del cual es docente. LLM en Derechos Humanos por The London School and Economics and Political Science (LSE) de la Universidad de Londres. Docente de la Academia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del Washington School of Law de American University en Washington, D.C. Asesora Especializada Internacional en Justicia Transicional con Perspectiva de Género para la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres). Fue la Encargada de la Línea de Género de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú y de la investigación de los casos de violencia sexual contra las mujeres en el conflicto armado peruano.

1 COMENTARIO

  1. Realmente es verdad que si uno de Mujer no siente que tiene Derechos, no identifica la Violación de los mismos y sus Derechos a exigir Justicia , Reparación y garantías de la no repetición. yo tuve violencia Sexual, pero lo guardaba en mi corazón, solo hasta que 15 años después, mi primita paso por algo parecido casi me en loquesco y solo fue así que le conté a la psicóloga de la Defensoria y me motivo a declarar y al declarar no era un hecho fueron mas de tres. lo que me dejo asombrada ya que yo decía saber mucho y ese día me di cuenta que no conozco bien mis derechos.

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