Diez preguntas y respuestas sobre los monopolios, los precios y la competencia

3428
0
Compartir

Por Gustavo Rodriguez, socio de Rodríguez García – consultoría especializada y profesor de la Maestría en Derecho de la Propiedad Intelectual y de la Competencia de la PUCP.

Muchas personas repiten de manera irreflexiva que los monopolios son malos y que por eso están prohibidos. Lo cierto es que ni están prohibidos ni son necesariamente malos. Sin embargo, es importante tratar de explicar el punto para evitar malos entendidos respecto de un tema tan importante pues la incomprensión de este asunto puede conducir a un apoyo a medidas o propuestas de intervención que podrían generar más daño que bienestar. En ese sentido, veamos algunas preguntas y respuestas:

1. ¿El monopolio está prohibido en el Perú?

El primer párrafo del artículo 61º de nuestra Constitución establece: “El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios”. Como puede apreciarse, en el Perú existe un mandato constitucional orientado a combatir el abuso de posición de dominio en el mercado o el abuso de posiciones monopólicas. Los monopolios no están prohibidos. Sin embargo, sí se encuentra proscrito que mediante una ley o concertación se autorice o establezca un monopolio. Los monopolios que son, por ejemplo, consecuencia de la propia dinámica del mercado (por ejemplo, porque un agente de mercado le gana a sus competidores), son perfectamente lícitos.

2. ¿Deberían estar prohibidos los monopolios?

De ninguna manera. Los monopolios son parte del proceso competitivo y, de hecho, suelen ser necesarios para incentivar el nivel adecuado de innovación. Probablemente la mayor virtud de la competencia sea que empuja los precios al nivel de los costos. Si producir un bien me cuesta X, probablemente tendré que venderlo a X puesto que cualquier margen será aprovechado por un competidor para quitarme mercado gracias a un precio más atractivo (salvo que su producto sea mejor y pueda atraer clientes pese al precio mayor). El lado oscuro de esta historia es que el modelo de competencia perfecta, en tanto implica precios más bajos, implica incentivos más débiles. ¿Usted innovaría para poner un producto en el mercado respecto del que solo podrá cobrar el equivalente al costo? Como regla general, se necesitan expectativas de retorno superiores para producir el nivel de innovación óptimo.

3. ¿Pero los monopolios implican precios más altos?

Como regla general, es previsible que un monopolista pueda cobrar precios mayores. Pero los precios son señales en el mercado. Si un precio sube, está señalizándose que debe producirse más del bien y que el agente de mercado que está vendiendo está haciendo un gran negocio. El precio alto atrae nuevos competidores que, precisamente porque se genera competencia, empujarán el precio nuevamente a la baja.

4. ¿No se supone que los precios altos son negativos para los consumidores?

La gente suele ver a los precios altos como algo negativo porque suele asociarse con la imposibilidad de comprar algo. No puedo ir a un concierto porque la entrada es cara o no puedo viajar por el mundo porque no tengo el dinero. Lo que no se entiende es que no es que uno no pueda acceder a algo porque el precio sea alto sino que el precio es alto precisamente porque no hay suficiente para que todos accedan. Una mansión lujosa probablemente tenga un precio elevado pero eso es así porque no hay suficientes mansiones lujosas para todos. Los precios altos no generan escasez de mansiones lujosas sino que reflejan dicha realidad. Imagínese que el Estado regula el precio y lo reduce por mandato de la ley. En ese caso, mucha más gente competiría por acceder a la mansión lujosa pese a su escasez. El Estado tendría que implementar algún mecanismo que determinara quién accede a la mansión con consecuencias probablemente nefastas.

5. ¿Pero no es obvio que el mercado se mueve por el afán de lucro?

En realidad, no debe confundirse el deseo de ganar dinero -que es natural- con el funcionamiento del mercado. El mercado, como dice Thomas Solow en un popular libro, es un sistema de ganancias y pérdidas. Las pérdidas son importantes porque de esa manera se señaliza que debe dejar de producirse algo que la gente no quiere. La regulación de los precios por parte del Estado se traduce, por eso, en una afrenta a los deseos de los consumidores. Es probablemente el atentado más grave al principio de soberanía del consumidor pues lesiona directamente su libertad de elegir.

6. ¿No es que las empresas ponen precios altos para abusar de los consumidores?

Las empresas no “ponen” los precios. Como regla general, un vendedor no puede poner el precio que le da la gana a algo. La competencia debe preservarse pues limita el precio que el vendedor puede cobrar. Si el Estado prohibe los monopolios, reduce el incentivo por competir y eso afecta los precios de manera negativa.

7. ¿Pero podría afirmarse que es un abuso que una empresa cobre determinado precio alto, por ejemplo, por un lomo saltado que vale menos?

El valor es subjetivo. Las personas valoramos las cosas de formas distintas y estamos dispuestos a pagar precios diferentes en función a nuestras valoraciones diferentes. El lomo saltado no tiene un valor objetivo. Las personas que valoran el lomo saltado lo suficiente, lo comprarán. Los que no, no lo harán. Nuevamente, prohibir que se cobre determinado precio por un producto lesionaría la libertad de elegir de un grupo de consumidores que, por las razones que sean, estarían dispuestos a pagar un precio mayor.

8. ¿Entonces el Estado no debería hacer algo?

El Estado debe hacer precisamente lo que establece la Constitución: combatir prácticas que limiten la libre competencia de modo que se produzcan abusos de posición de dominio o monopólicas. Los controles de precios y otras políticas parecidas afectan a los consumidores. Todo “defensor de los consumidores” que defienda un control o regulación de precios es un falso defensor de los consumidores.

9. ¿No se está asumiendo una posición ideológica? ¿No hay un sesgo anti-Estado?

Para nada. La sensatez dicta que al hacer algo se debe ver la evidencia ponderando los costos y los beneficios. Mucha gente suele ver al mercado fallido perdiendo de vista que el Estado falla y mucho. La cuestión no es, como suelen creer los políticos, encontrar un fallo de mercado para que el Estado intervenga. La cuestión es demostrar que la intervención del Estado será mas barata y por tanto eficiente. Si el Estado asume costos -con el dinero de todos los peruanos- e interviene generando ineficiencias, todos habremos perdido.

10. ¿Entonces, qué pasa con la gente que dice que los monopolios están mal y que los precios altos son injustos y deben ser regulados?

Simple: o bien emplean un discurso para la tribuna que es políticamente rentable o simplemente no han tenido la oportunidad de leer y comprender el contenido de este cuestionario.


Imagen: https://goo.gl/XuSo4k 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here