Películas interactivas: ¿Un cambio en la definición legal de las obras audiovisuales?

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Escrito por Gonzalo Jáuregui Mena*

  1. Introducción

El mercado de las películas ha ido innovando conforme pasan los años. Si al principio del siglo XX se mostraban películas mudas en blanco y negro, ahora las nuevas tecnologías producen aquellos elementos que evidencian cada vez mejor la creatividad artística de los directores, productores y coautores de una obra audiovisual. Y es que, a la par, el derecho (y con ello, la normativa y sus interpretaciones) debe también innovar frente a la industria cinematográfica, en especial cuando podemos apreciar como parte de ese avance tecnológico las denominadas “películas interactivas”, las cuales presentan a la interactividad como elemento característico de la misma.

Cabe mencionar que la interactividad no se encuentra únicamente en obras audiovisuales, existiendo así obras plásticas o literarias que pueden incluirla para un mayor impacto en el espectador. Sin embargo, siendo una de las producciones de mayor alcance y difusión en las últimas décadas, la obra audiovisual presenta una regulación especial en la legislación peruana, de la cual se especificará a mayor detalle en el presente trabajo.

Más allá del entretenimiento e inmersión generados en el espectador, corresponde para efectos de este trabajo analizar las definiciones legales de los conceptos normativos actuales referidos a la protección de los derechos de autor que podría variar frente a este avance tecnológico. ¿Es efectiva la protección de los derechos de autor de las películas con este rasgo particular? ¿Vale la pena realizar una modificación expresa de la definición de “obra audiovisual”? Estas cuestiones podrán ser esclarecidas en el siguiente texto.

  1. ¿Qué son las películas interactivas?

Al hacer mención de las películas interactivas u “obras audiovisuales interactivas”, nos referimos a aquellas que incluyen la posibilidad del espectador de decidir entre distintas situaciones de la película que conllevan a consecuencias o finales distintos. Así, la interacción del público, el cual puede ser individual o colectivo, podrá afectar o influir en el contenido y desarrollo del relato mostrado[1].

Se pueden mencionar distintos ejemplos de obras audiovisuales interactivas en las últimas décadas. Comenzando con la película “Kinoautomat”, realizada en 1967 y dirigida por Radúz Cincera. En este caso, se presenta un moderador en el escenario para preguntarle al público cuál de las dos opciones de escena prefieren. Si bien el final de la película no se puede alterar, se involucra a la audiencia en la trama y desarrollo de la misma. Otro ejemplo resaltante es la película de 1992 “I’m Your Man”, de Bob Bejan, quien también creó los dispositivos necesarios para la interactividad de su obra. Estos dispositivos consistían en joysticks usados por el público, los cuales que presentaban tres colores, representando alternativas distintas[2]. Por último, un ejemplo más reciente es el de la película “Black Mirror: Bandersnatch”, publicada en Netflix en el año 2018. Esta última obra brinda opciones mediante un sistema de decisiones, proyectado en la pantalla, que te permite escoger entre dos posibilidades en distintos fragmentos del film, creando la ilusión de que el espectador puede decidir sobre el destino del protagonista. Es así que podemos encontrar distintas manifestaciones de la interactividad en las películas, la cual se evidencia hasta la actualidad.

Algo que se debe rescatar es la presencia del factor “decisión”, y es que, a diferencia de la música o el video, la interactividad viene a ser un elemento que involucra la voluntad de quien que consume el producto. Así, aquella persona que disfruta de la obra audiovisual puede tomar decisiones entre las posibilidades planteadas dentro de lo programado por los autores de la obra artística. Como se verá más adelante, esta característica será relevante para el debido análisis de este tipo de obra audiovisual y su protección por el derecho de autor.

  1. Las obras audiovisuales en la regulación legal latinoamericana

Antes de entrar a mayor detalle sobre las obras audiovisuales, debemos especificar brevemente qué es el derecho de autor y cuáles son sus alcances. Al referirnos a los derechos de autor, hablamos de aquellos aplicados a las creaciones y obras artísticas, tales como libros, películas, pinturas, obras musicales, entre otros. Así, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (en adelante, “OMPI”) ha definido a los derechos de autor como aquellos aplicables a las “creaciones literarias y artísticas”, donde el autor, siendo la persona creadora de una obra artística, “goza de derechos específicos sobre sus creaciones que solo él puede ejercer”[3].

La protección de los derechos de autor supone el amparo de dos tipos de derechos que tiene el autor sobre sus obras: los derechos morales y los derechos patrimoniales. Mientras los primeros son referidos a aquellos que permiten al autor mantener un vínculo con su obra, los segundos tienen mayor relación con la exclusividad que puede tener el autor con la explotación de su obra y la retribución financiera obtenida por uso de terceros[4][5].

Siendo materia de análisis específicamente las obras audiovisuales, conviene señalar que sus definiciones pueden variar, dependiendo del ordenamiento jurídico del que estemos hablando. Sin embargo, es evidente que, tanto a nivel internacional como nacional, estas obras son reconocidas en las distintas legislaciones.

3.1. Definiciones y características de la obra audiovisual

La Comisión del Acuerdo de Cartagena, a través de su Decisión 351, establece distintos lineamientos en lo referido a la debida protección del autor en cuanto a sus derechos sobre su obra artística. Así, las obras audiovisuales son definidas del siguiente modo:

“Toda creación expresada mediante una serie de imágenes asociadas, con o sin sonorización incorporada, que esté destinada esencialmente a ser mostrada a través de aparatos de proyección o cualquier otro medio de comunicación de la imagen y de sonido, independientemente de las características del soporte material que la contiene”.

Con esta definición, podemos señalar que la protección de la Decisión 351 ampara el aspecto visual de la obra como característica determinante para su clasificación. Por su parte, de acuerdo a la definición, la sonorización es un aspecto opcional que puede o no ser incluido por el autor en la obra audiovisual. Lo mismo se puede afirmar del soporte material en el que se encuentra, en tanto este es irrelevante para su determinación, por lo que puede ser reproducida en diferentes dispositivos y aun así cumple con la definición de la normativa. Hay autores que también hacen referencia a la ausencia de percepción directa de la obra, en tanto esta debe ser necesariamente exteriorizada mediante un aparato que lo proyecte o lo haga accesible al público[6].

Otro detalle a considerar en la definición de obra audiovisual es que se puede referir a ella como una obra en colaboración si el producto es elaborado en coautoría. Un sector de la doctrina señala que la obra en colaboración es una “obra compleja, autónoma e indivisible” que resulta por el trabajo convergente de distintas personas[7]. Por otro lado, algunos afirman que la obra en colaboración presenta dos naturalezas distintas: perfecta, en donde la parte de cada coautor no puede ser desagrupada del conjunto; e imperfecta, cuando la parte realizada por cada coautor puede ser fácilmente separada e individualizada, de modo tal que no se altere la naturaleza de la obra[8]. En relación a esta última definición, es evidente que la obra audiovisual es realizada como una obra colaborativa “perfecta”, en donde esta supone un todo que no puede ser individualizado con facilidad.

3.2. La obra audiovisual en el Decreto Legislativo N° 822 en el Perú

La Ley sobre el Derecho de Autor (en adelante “LDA”), o Decreto Legislativo N° 822, es la normativa peruana principal para la regulación de los derechos morales y patrimoniales de los artistas con respecto a sus obras. En su caso, la LDA regula ello de un modo similar[9] a lo señalado en la Decisión 351. No obstante, una característica de esta ley viene a ser la inclusión del Título VI, apartado únicamente aplicable a las obras audiovisuales, en donde se regula su coautoría, así como los derechos patrimoniales y morales de dichos coautores.

La mencionada ley define a las obras audiovisuales como aquella “creación intelectual” expresada en una serie de imágenes asociadas con movimiento, con o sin sonido, que pueda ser proyectada. Además, se menciona que dicha obra es independiente del aparato idóneo que lo proyecte, así como de las características del soporte material que contiene la producción audiovisual.

Por lo tanto, como se ha señalado anteriormente, la especial consideración a las obras audiovisuales en el Capítulo VI de la LDA evidencia la relevancia de delimitar correctamente la definición de este tipo de obra, delimitación que se podría complicar con la inclusión de la interactividad.

  1. La problemática de las películas interactivas

Como se ha mencionado antes, la obra audiovisual interactiva le da al espectador un papel activo, donde puede tomar decisiones entorno a lo ocurrido en la película y potencia el factor emocional e inmersión con la obra visualizada[10]. Por lo tanto, es posible afirmar que el carácter especial de interactividad supone una forma de expresión del autor o los autores de la obra, razón por la cual este elemento también sería parte de la protección por el derecho de autor en el Perú. En línea con lo anterior, corresponde definir el modo por el que se pueda incluir la interactividad en la definición de obra audiovisual.

4.1. La inclusión de interactividad en la definición: posibilidad de confusión con el videojuego

Se puede creer que una posible solución es la inclusión de la posibilidad de interactividad en la disposición legal que define la obra audiovisual, ya sea aquella definición señalada por la OMPI o aquella especificada en la LDA. Sin embargo, considero que dicha solución puede ser contraproducente debido a que podría generar confusiones entorno a la definición de videojuego.

Actualmente, la LDA no presenta una definición específica del videojuego, pero ello no nos puede llevar a asumir su falta de protección por el derecho de autor, incluyendo los derechos morales y patrimoniales que le son conferidos. Es así que Iriarte y Medina, en una de las Guías de Derechos de Autor realizadas por Indecopi, afirman que el videojuego se encuentra regulado por la definición general de “obra”[11], señalada en el artículo 2, inciso 17 de la LDA.

Asimismo, la señalada guía define a los videojuegos como “[…] creaciones intelectuales interactivas destinadas al entretenimiento de sus usuarios”, las cuales requerirán necesariamente de un programa de ordenador que permita su interconexión y visualización en una pantalla[12]. Dicha definición podría encontrar dificultades al contrastarla con la de obra audiovisual interactiva, cuya interactividad no podría ser de tal magnitud que la haga parecer un videojuego. Recordemos que la diferenciación entre un videojuego y una obra audiovisual sigue siendo relevante, en tanto el Título VI de la LDA regula supuestos específicos para este último tipo de obras.

Por otro lado, se podría pensar en un efecto contrario, en donde la inclusión textual de la interactividad no complicaría su distinción con el videojuego, sino más bien lo facilitaría, pues, mientras que, en el videojuego, la interactividad es esencial para considerarlo como tal, en la obra audiovisual es un elemento de carácter opcional, según la voluntad y expresión del autor. No obstante, soy de la idea de que ello no soluciona la distinción en supuestos en los que ambos casos presenten la señalada interactividad –ya sea por su carácter esencial o por la mera voluntad del autor–, surgiendo la duda nuevamente de si le es aplicable o no lo estipulado en el Título VI de la LDA.

4.2. La colaboración como concepto que incluye la interactividad

El aspecto colaborativo de la obra audiovisual adquiere importancia cuando nos referimos a la inclusión doctrinaria de posible interactividad en esta obra, en tanto la autoría se expande a todos aquellos coautores que han colaborado para la producción de la misma. Es así que la colaboración hace que, sin la presencia de uno de los autores, la obra no se puede considerar realizada. La obra colaborativa, según nuestra LDA, se define como “La creada conjuntamente por dos o más personas físicas”. Así, al señalar que se crea conjuntamente, supone, como habíamos señalado líneas arriba, la incapacidad de separar las colaboraciones de cada coautor.

Para el autor o los autores que han realizado la sección interactiva de la obra se puede aplicar la misma lógica, debido a que esta sería un elemento que resulta imposible de desprender de la obra audiovisual. Asimismo, siendo mayormente elaboradas como una obra en colaboración, los coautores adquirirán los derechos morales y –de pactarse expresamente– los derechos patrimoniales[13] obtenidos de la elaboración en conjunto, sin que haya cabida a la exclusión del autor o coautores que diseñaron el sistema, dispositivo o software[14] la interactividad incrustado en la obra.

Debo afirmar que estas no son las únicas posibilidades de la inclusión de la interactividad en las obras audiovisuales. Sin embargo, dicho agregado conceptual puede evitar problemas en lo relacionado al reparto de regalías, en tanto pueden no ser considerados del mismo modo que a los otros coautores en la distribución.

  1. Reflexiones finales

A lo largo del texto hemos podido establecer distintos acercamientos en lo referido a las películas interactivas y aquel elemento de interactividad que la caracteriza. A su vez se han establecido distintas posibilidades o soluciones entorno a la interactividad como elemento a considerar en la regulación de las obras audiovisuales en el Perú, las cuales pueden presentar la interactividad como un aspecto sustancial y esencial en dicha obra.

Cabe rescatar que, lo señalado en las presentes líneas no supone una solución definitiva para la consideración de dicho elemento en la definición; y es que, como se ha afirmado antes, puede incluso tomarse en cuenta a nivel meramente teórico, sin necesidad de acudir a una modificación legislativa que nos llevaría a un esfuerzo innecesario. De todos modos, no podemos negar que las películas interactivas son un ejemplo del avance de las nuevas tecnologías, las cuales brindan la posibilidad a autores y cineastas peruanos de incluir la interactividad en sus obras, interactividad que es una forma de expresión del autor que necesitará del amparo de los derechos de autor desarrollados en nuestro país.

*Estudiante de octavo ciclo de Derecho en la PUCP, miembro de la asociación Ius et Veritas y ex director de la comisión de Publicaciones de la revista de dicha asociación.


Imagen obtenida de http://bit.ly/2r5yhoF

[1]   Pelzel, Federica. 2009. “El cine interactivo. La evolución del cine hacia un nuevo medio de comunicación”. Trabajo Final de Grado de la Universidad de Palermo, Facultad de Diseño y Comunicación, p. 6. Link: https://fido.palermo.edu/servicios_dyc/proyectograduacion/archivos/2053.pdf

[2]   Herrero, Miguel. 2016. “Cine interactivo”. En Miguel Hernandez Communication Journal, número 7, p. 361-371. Link: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5794587. Entre otros ejemplos, el autor cita a la película “App” de Bobby Boermans, la cual requiere del uso de un celular encendido y descargarse una aplicación para completar y conocer más acerca de la trama. En este sentido, la interacción se encontraría en elementos que complementan la trama o son accesorios para una mayor inmersión en la película.

[3]   Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), 2016. Principios básicos del derecho de autor y derechos conexos, p. 5. Link: https://www.wipo.int/edocs/pubdocs/es/wipo_pub_909_2016.pdf

[4]     Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi). 2012. Guía informativa: Derecho de autor.

[5]     OMPI, 2016, p. 8.

[6]   Borjas, Sydney. 2013. Los derechos de autor en la obra audiovisual. Barcelona: UOC, p. 22.

[7]   Sumarriva, Victor, 2014. “El Derecho de Autor en la obra cinematográfica”. Lumen, Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Femenina de Sagrado Corazón, número 10, pp. 99-104. Link: http://revistas.unife.edu.pe/index.php/lumen/article/view/534/449

[8]   Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, Oficina Europea de Patentes y Oficina Española de Patentes y Marcas, 2006. “Tendencias recientes de la jurisprudencia costarricense en materia de Propiedad Intelectual”. En Quinto seminario regional sobre Propiedad Intelectual para jueces y fiscales de América Latina. OMPI-OEPM-OEP/PI/JU/CTG/06/8, 24 de noviembre, p. 11.

[9]   De lo investigado, se han presentado ligeras diferencias entre la Ley de Derecho de Autor y la Decisión 351. Una de ellas es que la LDA agrega a los “bocetos” en su definición de obras plásticas, de modo que estas por su cuenta son también propiedad del autor.

[10]  Herrero, Miguel. 2016. “Cine interactivo”, en Miguel Hernández Communication Journal, número 7, p. 368. Link: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5794587

[11]  Iriarte, Erick y Medina, Ruddy. 2013. Guía de Derecho de autor para creadores y productores de videojuegos. Lima: Indecopi, p. 7. Para mayor información sobre la regulación del videojuego en el Perú, revisar el siguiente link: https://www.indecopi.gob.pe/documents/20787/320184/CARTILLAS_videojuegos.pdf/fb614fc3-71e2-c2a9-eea7-ee3b464544e0

[12]  Nicoud, Paul. 2011. “Los videojuegos como obras multimedia”. Citado en Iriarte, Erick y Medina, Ruddy. 2013. p. 7-8.

[13] Artículo 66 de la Ley de Derecho de Autor.

[14] Como hemos podido observar en los ejemplos brindados en la segunda sección del artículo, la interactividad en una película puede incluirse mediante utilizando de un software interno en la película misma, estableciendo un sistema de votación presencial, colocando botones en los asientos de la audiencia, entre otras posibilidades. Esta manifestación de la interactividad es también una forma de expresión del autor, la cual podría también depender del género o temática de la obra.

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