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Machaconamente el Ministro de Economía y los defensores de la reducción de derechos de los jóvenes afirman que el nuevo régimen laboral juvenil otorga derechos a quienes no tienen nada y no los reduce a los que ya están contratados. La evidencia empírica dice lo contrario. El nuevo régimen laboral juvenil tiene un 14.4 de costo adicional al salario (4.2 por vacaciones, 9 por Essalud y 1.2 SCTR), en tanto el régimen de microempresa, donde está la informalidad, sólo de 5 (4.2 por vacaciones y 0.8 por seguro de salud). Por tanto, si de formalizar por reducción de costos se trata, la norma no está dirigida al sector donde está la informalidad (90%), sino a reducirles el costo a las medianas y grandes empresas, con lo que el objetivo no es el anunciado sino trasladar recursos de salario a excedente empresarial.

Las consecuencias de esta situación son diversas. Para comenzar, se crea una segmentación de trabajadores de primera y segunda clase en las empresas. En segundo lugar, se afecta a los jóvenes de 25 a 29, que ahora resultan mucho menos atractivos. El economista Jorge Gonzales Izquierdo indicaba que eso era desvestir un santo para vestir otro y por eso estaba de contra de la nueva ley.

En tercer lugar, y muy importante: tengamos en cuenta que casi un tercio (30,8%) del empleo formal privado (a septiembre de 2014) está integrado por trabajadores de entre 18 y 29 años: de los cuales 436 527 trabajadores tienen 18 y 24 años; y 552 253 tienen entre 25 y 29 años (Fuente: Planilla Electrónica del MTPE). De los 436 527 trabajadores entre 18 y 24 años registrados en planilla (formales), el 80,3% está contratado bajo alguna modalidad temporal (350,615), lo cual va a conducir a que sean fácilmente sustituidos por trabajadores bajo el régimen laboral juvenil  al finalizar su contrato.

Finalmente, la evidencia empírica nos demuestra que en todos los regímenes en los que se han disminuido derechos labores indicando que ello serviría para financiación de planes de formación y capacitación laboral, no ha sucedido así. Y aquí tenemos un tremendo talón de Aquiles general: mientras el Estado y los empleadores no ingresen con fuerza en el terreno seguiremos tratando de paliar la falta de productividad de nuestros trabajadores con reducciones de los derechos laborales. A como van las cosas, tengo la impresión que esas políticas no las verán mis ojos.

Con toda esta evidencia empírica en las manos nos queda claro que el propósito del nuevo régimen laboral juvenil no es el señalado por el oficialismo y la reducción localizada de estándares laborales de manera paulatina pero rápida. Y como las organizaciones de empleadores siguen señalando que la norma es insuficiente, se trataría de un primer paso que a modo de globo de ensayo les deja ver la reacción de la gente. Ojalá que la contestación de la norma no amaine sino que crezca para que la política laboral deje de manejarse en base a interesados cuentos chinos.

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