El estereotipo de la “víctima propiciatoria”

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En estos días, dos nuevos casos de feminicidio dieron la vuelta al mundo y coparon las redes sociales: Marina Coni y Maria José Menegazzo, dos muchachas argentinas, desaparecieron mientras hacían turismo en Ecuador y sus cadáveres aparecieron en los alrededores de la playa Montañitas. Según los presuntos asesinos, ambas fueron voluntariamente a la casa de uno de ellos porque se habían quedado sin dinero, y allí fueron violadas y asesinadas. Los familiares, sin embargo, no creen en esa versión y piensan que detrás de la muerte de las muchachas hay involucrada una red de trata.

Ahora bien, además del estupor ante estos hechos, en redes sociales se dieron una serie de comentarios que responsabilizaban a las muchachas por su falta de precaución al haber estado viajando “solas”, iniciándose un debate intenso sobre la violencia de género y los estereotipos que subyacen en este tipo de críticas. Se habló incluso de que las muchachas eran “víctimas propiciatorias”, entendidas como aquellas que asumen “un alto riesgo y de alguna manera forman parte de lo que moviliza el crimen”[1]. Ante las críticas hacia esta noción, se quiso precisar que la idea a la base de esa denominación era una intención de prevenir futuros crímenes y “que las mujeres tengan el debido cuidado antes de arriesgarse a situaciones que las coloquen en una situación de difícil defensa”.

Sin duda, este es un mundo riesgoso para hombres y mujeres y por supuesto que hay que tomar medidas para prevenir esas situaciones de riesgo. Sin embargo, centrar el debate en una presunta falta de precaución de las víctimas es sumamente grave, ya que a la larga disminuye la responsabilidad del agresor, libera al Estado de cumplir sus obligaciones y fortalece la idea de que una mujer debe vivir y desenvolverse siempre bajo la protección y la tutela de un hombre.

Esto sucedió hace poco, por ejemplo, cuando la Policía Nacional capturó en Lima a un falso taxista, responsable de varios robos y violaciones sexuales. Además de difundir la noticia, los medios dieron varias recomendaciones sugeridas por la Policía para que las mujeres evitaran  las violaciones sexuales: desde no sentarse en el asiento del copiloto hasta no aceptar caramelos o gaseosas que el conductor les brinde. Y si bien es necesario andar con precaución siempre, el problema es que siempre se centra la atención en el nivel de precaución que tuvo la víctima sin entender que la violencia de género es lo que debe combatirse. Esto recuerda las declaraciones de Ana Jara quien, cuando era Ministra de Trabajo, afirmó que si la autoridad era “muy lenta en sus reacciones, entonces a portar en la cartera tijeras, clavos y agujas, hay que defendernos como podamos”[2].

La violencia de género, que incluye el acoso sexual y la violencia sexual, es una realidad innegable en nuestros países. La pregunta es por qué no se da una respuesta acorde a esta realidad. No basta con incrementar penas ni modificar leyes penales. Se trata del desarrollo de políticas públicas que abarquen temas de seguridad ciudadana, educación, salud, participación política, entre otros aspectos, que permita comprender que si se sigue actuando en reacción a los hechos consumados sin una preocupación seria por la prevención de la violencia, vamos a seguir sumando cifras de feminicidios, violaciones y otras agresiones de género sin una solución real. El asunto es realmente grave porque lo que se busca es una transformación social que implique identificar los estereotipos y combatirlos.

La conocida profesora Rebecca Cook en su libro “Estereotipos de Género: Perspectivas Legales Trasnacionales”[3], propone una metodología interesante para identificar y categorizar los estereotipos. Entre ellos, Cook distingue los estereotipos prescriptivos, que disponen en las leyes, las políticas públicas y las prácticas sociales lo que las mujeres deben ser. Por ejemplo, no es solo describir a las mujeres que son amas de casa, sino prescribir que todas las mujeres deben serlo. Cook también resalta la existencia de los estereotipos falsos, que asignan características falsas a las mujeres y que se han usado para difamarlas, por ejemplo, en los casos de violencia sexual donde se afirma que la promiscuidad de las mujeres motivó los hechos.

Los prejuicios y estereotipos de género están a la orden del día y lo cierto es que actividades tan simples y cotidianas como caminar por la calle, decidir qué ropa usar, elegir el transporte público que se tomará, determinar los horarios de salida, todo pasa por una estrategia de sobrevivencia que responde a los estereotipos de género en que vivimos. Las víctimas no son “propiciatorias” de esas agresiones y empezar a identificar estos estereotipos, nombrarlos y buscar soluciones concretas puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de las mujeres quienes, además de cargar con el costo de la violencia de género no pueden  llevar encima la responsabilidad y la culpa por estos hechos.


FUENTE DE IMAGEN: http://testingserver.com.ar/

[1] http://www.bigbangnews.com/actualidad/Victimas-propiciatorias-la-polemica-Marina-y-Maria-Jose-asumieron-riesgos-20160301-0038.html

[2] http://elcomercio.pe/lima/seguridad/ana-jara-insiste-mujer-agredida-puede-defenderse-noticia-1735330

[3]http://www.revistadematematicas.uchile.cl/index.php/ADH/article/view/31712

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